Rienda suelta a la fantasía
Récord: con sus tres libros "La novena revelación" la "Guía espiritual" y "La décima revelación" el norteamericano James Redfield logró vender más de 6.000.000 de ejemplares en todo el mundo.
Quienes vieron llegar a la New Age casi como la amenaza de una nube tóxica dicen que su gran poder de seducción -aquello que le permite competir con las religiones en el ofrecimiento de esperanzas y con la medicina en el terreno de la sanación- es que no exige grandes sacrificios.
Tal vez siguiendo esa línea después de explorar los caminos de la autoayuda y los programas para "cambiar su vida" de la mano del ensayo -Louis Hay con su "Usted puede sanar su vida" o Wayne Dyer con "Tus zonas mágicas" son algunos de los exitosísimos precursores del género- en los últimos tiempos la New Age (nueva era) encontró en el lenguaje más accesible y tentador de la ficción una fórmula renovada para seducir hasta a los más perezosos y para fortalecer su presencia en el mercado del libro.
"Los ensayos son aburridos y más difíciles de leer." Toda una teoría literaria con la que el norteamericano James Redfield autor de los superéxitos "La novena revelación" "Guía vivencial para la novena revelación" y "La décima revelación" explicó su opción por la novela. Si bien con sus 9.000.000 de ejemplares vendidos fue el brasileño Paulo Coelho autor de la novela "El alquimista" una de las cabezas más visibles de este fenómeno en nuestro país el verdadero dueño del rubro sigue siendo Redfield cuya saga de revelaciones desde su aparición a fines de 1994 no abandonó ni una sola vez la lista de best-sellers vernáculos .
Una nueva vida
Redfield estructuró la revelación de la verdad en torno de un relato de aventuras. Si se quiere aventuras en una doble línea: por un lado las peripecias del héroe en su búsqueda del manuscrito precolombino dueño de las revelaciones que transformarán a la humanidad; por otro lado las peripecias que le esperan a cada lector en la medida en que decida beber de la fuente que propone esta nueva espiritualidad.
El fenómeno excede ampliamente la órbita del libro. Aunque en las recomendaciones de la "Guía vivencial" Redfield se encarga de apuntar a la cabeza de quienes intentan convertirse en divulgadores "especializados" de su obra -"No hay ninguna escuela de la revelación para formadores acreditados" precisó- el éxito en las librerías tuvo un reflejo inmediato en la abundante oferta del conocimiento interior.
En las calles de Buenos Aires todavía hoy pueden verse carteles que invitan a reflexionar en grupo sobre esta propuesta y revistas como Uno mismo y otras no identificadas con el tema como La Maga por ejemplo publican en sus páginas avisos en los que se promocionan talleres y encuentros clases y guías para vivenciar las enseñanzas reveladas por Redfield. Algo que ya se había vivido en los Estados Unidos cuando apareció el libro ampliando la oferta en la siempre generosa comunidad de las terapias alternativas.
Los heraldos de esta nueva conciencia finisecular frente a un mundo al que juzgan perdido en su afán de poder y de dinero y atrapado en los límites de la razón (la New Age opone la intuición al conocimiento científico) confían en el surgimiento de una nueva sociedad a la luz de un camino de autoamor y de autoconocimiento.
De vuelta de las utopías colectivas -aunque esta nueva conciencia es sobre todo individual muchos de sus cultores han confesado alguna vez su anterior apego a los ideales sociales de los setenta- estos mensajeros de la nueva espiritualidad se plantean ahora metas todavía más ambiciosas como pretender -con libros de autoayuda meditación ejercicios de relajación visualizaciones aromaterapias saumerios y lecturas demasiado rápidas de filosofías orientales dicen sus detractores- la gran transformación espiritual que le devolverá su real sentido a la existencia.




