Cómo una neoyorquina llenó de poesía el Underground de Londres
Hace 40 años, Judith Chernaik tuvo la idea de incluir versos en los vagones de la red de subterráneos y transformó los viajes matutinos de millones de personas cuando van al trabajo
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Una noche, hace unos 40 años, Judith Chernaik participaba en una lectura de As you like cuando tuvo un destello de inspiración que mejoraría la vida de millones de viajeros atareados. En la comedia de Shakespeare, el enamorado Orlando cuelga odas a una mujer llamada Rosalinda en los árboles del bosque de Arden. Sus versos son deliberadamente malos. “Del este al oeste de la India / Ninguna joya es como Rosalinda”, empieza uno. Aun así, esa escena dio que pensar a Chernaik: ¿Por qué no poner poemas en el Underground, la concurrida red de metro de Londres?
Chernaik, neoyorquina expatriada, dijo en una entrevista reciente que no podía explicar completamente su idea. El metro de Londres, después de todo, “es tan diferente de una escena pastoral”. Sin embargo, celebra ahora el aniversario 40 de Poems on the Underground, el programa que puso en marcha con dos amigos en 1986 y que no solo llenó de poesía los vagones del metro de Londres, sino que inspiró a otras redes de transporte, como la Autoridad Metropolitana de Transporte de Nueva York con su serie Poesía en Movimiento.
Ann Gavaghan, de Transport for London, la organización que gestiona el metro de la ciudad, manifestó que antes de la ocurrencia de Chernaik, los sistemas de tránsito habían encargado a artistas carteles o murales, pero Chernaik impulsó el uso de las palabras, esas que “pueden sacarte por completo de la experiencia del viajar al trabajo”.
A sus 91 años, Chernaik insistió en que no había impactado en la vida de nadie. Si algo lo había hecho, dijo en una entrevista en su casa del norte de Londres, llena de libros, era la poesía.

Poems on the Underground es una operación sencilla. Tres veces al año, Chernaik almuerza con los poetas George Szirtes e Imtiaz Dharker y el trío elige cinco o seis obras para que Transport for London las coloque en 2000 espacios dentro de los vagones del metro. Permanecen expuestas durante al menos cuatro semanas.
En Londres, esa intuición adquirió una persistencia excepcional. El mes pasado se colocó la última tanda de poemas, que incluía un haiku de Kobayashi Issa (“La nieve se derrite / y el pueblo se inunda / de niños”) y “Narciso”, un verso corto de Blake Morrison, poeta británico galardonado:
Pensando que la caldera se había estropeado por falta de combustible
trepé por el tanque oxidado para asomarme a la escotilla
y allí estaba yo, con el rostro luminoso y joven otra vez,
en el viscoso estanque negro del fondo.
A Chernaik, oriunda de Brooklyn, residente en Londres desde hace más de cuatro décadas y una escritora aclamada, le resultó sorprendentemente fácil hacer realidad su idea de un programa de poesía. Bastó con una carta en la que esbozaba el concepto; sin saber a quién dirigirla, la envió por correo a “Managing director, the Underground”.

La propuesta resonó entre el equipo de publicidad del metro, que dijo que seguiría adelante con el proyecto si Chernaik conseguía reunir unas 2000 libras —unos 8600 dólares actuales— para ayudar a pagarlo.
Chernaik solicitó financiación al Consejo de las Artes, que apoya proyectos culturales en Gran Bretaña. Y fue entonces cuando se encontró con el único obstáculo del proyecto: Philip Larkin, uno de los poetas británicos más queridos.
Un empleado del Consejo de las Artes dijo a Chernaik que a Larkin le “preocupaba un poco” que el programa “pudiera ser un ejercicio de propaganda de izquierda”, y que Chernaik inundara el sistema de tránsito con versos radicales.
Afortunadamente, después de que ella escribiera a Larkin detallando su plan, él lo respaldó plenamente, y respondió diciendo que esperaba estar vivo para ver los poemas él mismo. Larkin murió apenas unos meses después, aunque su carta se conserva en la Biblioteca de la Universidad de Cambridge, que alberga el archivo de Poems on the Underground.
Chernaik dijo que ella y sus coeditores iniciales, los poetas Gerard Benson y Cicely Herbert, tenían pocos criterios a la hora de elegir. Los poemas simplemente tenían que ser breves, para caber en el espacio que normalmente se utiliza para la publicidad, y capaces de llegar a personas que normalmente podrían considerar la poesía como elitista. No era un lugar para los versos intimidantes de T.S. Eliot, dijo Chernaik.

También acordaron utilizar únicamente poemas ya publicados para evitar verse inundados de versos de aficionados.
Para presentar el programa de Londres, el trío seleccionó un poema de Robert Burns que podría resonar entre los cansados viajeros (“Levantarme por la mañana no es lo mío”); un clásico de Percy Bysshe Shelley; y un poema de William Carlos Williams de 1938 escrito desde la perspectiva de un hombre que acababa de comerse las ciruelas del desayuno de su pareja (“Perdóname / Estaban deliciosas / tan dulces / y tan frías”).
Comprometidos a dar cabida al menos a dos poetas vivos en la mezcla, también incluyeron poemas de Grace Nichols y Seamus Heaney, antes de que recibiera el Premio Nobel.

Poems on the Underground fue un éxito instantáneo tanto entre los poetas como entre los viajeros. Durante los últimos 40 años, en los que han aparecido unos 700 poemas en el metro, el programa apenas ha suscitado críticas.
No está claro cuánto tiempo más participará Chernaik directamente en la selección de poemas. “Debería jubilarme”, dijo. Sin embargo, durante la entrevista, quedó claro que su pasión por la poesía y por conseguir que los londinenses leyeran nuevas obras no había disminuido.
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