Sal y siesta
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Deben ser épicas las siestas en la República de Cabo Verde, nación insular a 560 kilómetros al oeste de África que estuvo deshabitada hasta el siglo XV, cuando el archipiélago empezó a ser ocupado por pescadores y marinos portugueses. Más de 560 años después, las islas más pobladas son cinco. Entre ellas, la Isla de Sal –porque la sal brota allí naturalmente por evaporación–, que, como el resto de este país, una de las democracias más estables de África, es un destino típicamente turístico. A falta de recursos naturales, los caboverdianos disfrutan de una heliofanía envidiable: 350 días de sol al año. Así que han de ser épicas las siestas allí, y las fotos de perros durmiendo plácidamente abundan en los sitios sobre Cabo Verde, aunque en este caso el pichicho prefirió el crepúsculo. La advertencia de no tocar la bocina, aquí, lejos de todo, es un lujo que solo un gran fotógrafo puede darse.





