Se agrandó Cobra
A la microesquina de Aranguren 150 en Caballito, convertida hace tres años en galería, espacio de encuentro y librería, Cobra acaba de sumar el inmenso sótano de Peña 2268, en Recoleta. Desde 2008, en la primera sede expusieron pinturas, objetos y fotografías, entre otros, Sixto Caldano, Carolina Fusilier y Ana Arméndariz; hubo lecturas de poesía, con músicos y cantantes invitados. Se proyectaron films de autor y conciertos en la vereda hicieron más amable la caída del sol durante los veranos porteños. Homenaje a la genial novela homónima de Severo Sarduy así como al movimiento artístico europeo, Cobra funciona además como una librería de alquiler que recibe donaciones de libros y organiza talleres de encuadernación, edición y armado. Cuesta definir el objetivo de Cobra: la pluralidad de intereses y acciones opera en simultáneo dentro y fuera de las instituciones artísticas. Mejor así.
Hasta el 10 de agosto, en la sede de Peña, los fotógrafos Gustavo Di Mario y Guillermo Ueno presentaron la muestra conjunta Envida
Afilada, en la que reunieron más de cien fotografías, negativos y copias. En la exposición, montada con la mayoría de las imágenes sin enmarcar adheridas a las paredes de la sala, en un aparente torbellino que formaba nubes de sentido, se distinguían sin embargo los recorridos profesionales de cada uno. Nocturnos, la muestra colectiva inaugurada el viernes 12, reúne obras que fueron encargadas a los artistas para ser exhibidas con luz muy baja, una instalación de agua y sonido ambiental.




