
Secretos y mentiras de una familia muy normal
El joven escritor español Marcos Giralt Torrente, nieto de Gonzalo Torrente Ballester, habla en esta entrevista de su novela París (Anagrama), por la que ganó el premio Herralde 1999, y de los ocultamientos y tabúes que marcan las relaciones entre padres e hijos.
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ES la historia de un desengaño. Un hombre joven se remonta a su infancia en busca de las claves que expliquen la singularidad de su vida. Así, del vínculo excluyente que lo une a su madre, tejido de silencio y secretos, y la figura siempre ausente del padre, estafador y mentiroso compulsivo, va surgiendo la trama de su desdicha. Hasta que una verdad revelada altera para siempre su idea del pasado y lo enfrenta con una paternidad más incómoda por inesperada: la de sus propios fracasos.
"Cuando las cosas no nos van bien o tenemos motivos de queja en contra de la vida tendemos a atribuir nuestros problemas a aquellas características que nos hacen diferentes", explica el escritor español Marcos Giralt Torrente, recientemente de visita por Buenos Aires para presentar París (Anagrama) su primera novela, con la que el año último ganó el premio Herralde de literatura.
" Quien tiene un padre alcohólico -continúa-, a él le echará la culpa de sus desgracias; el que era rico y se arruinó, a que era rico y se arruinó. En esta novela, el personaje lo mira todo a través de su condición de hijo único, y es cierto que las personas que carecen de hermanos reúnen características específicas, pero todas las vidas son singulares y únicas. Si uno lo piensa un poco, y puestos a buscar, siempre encontraremos motivos para achacar nuestros fracasos a esa singularidad. En España algunos lectores pensaron que la novela era autobiográfica; lo único que tiene de autobiográfico es que yo, como el protagonista, también soy hijo único. Por eso, a la hora de escribir me fue más fácil recurrir a mi propia experiencia".
El padrinazgo del abuelo
Giralt Torrente nació en Madrid, en 1968, y desde pequeño estuvo rodeado de libros. "Creo que el mayor problema que debe de enfrentar la gente que quiere dedicarse a algo tan incierto como la literatura es no ser comprendida cuando manifiesta esta voluntad a su familia, y tener que luchar por su vocación. Felizmente eso no me ocurrió. En mi casa el trato con gente de la cultura era algo habitual, de modo que para mis padres fue perfectamente natural que su hijo se dedicara a un oficio artístico."
Y también lo fue para su abuelo, el escritor y académico español Gonzalo Torrente Ballester, autor entre obras, de la trilogía Los gozos y las sombras , y fallecido en enero del año último.
"Mi abuelo no influyó directamente en mi vocación porque somos escritores muy distintos. Pero ciertamente él ha ayudado a modelar mucho mi gusto literario, ahorrándome lecturas a lo mejor inútiles y haciéndome ir hacia lo esencial. Teníamos una relación muy estrecha y desde que yo era muy pequeño guió mis lecturas.
"Como a Borges, a mi abuelo le gustaba la literatura inglesa. Lo que ocurrió fue que en ese momento en que la vocación del escritor se determina, cuando uno empieza a leer vorazmente y a querer imitar a los autores que le gustan, pues yo era un nieto bastante rebelde, muy influido por la política, un republicano tremendo, y él, durante la Guerra Civil Española estuvo en el bando de los vencedores. Por ese motivo yo despreciaba un poco la figura de mi abuelo. Luego descubrí su obra y más tarde descubrí su persona y cómo se justificaba su postura en la guerra civil.
"Mi abuelo me quería mucho, tenía predilección por mí y lo enorgullecía que yo hubiera querido ser escritor, porque fui el único de sus nietos que se dedicó a la literatura; los demás podrían haber sido profesores o periodistas, pero eligieron caminos muy alejados de las letras. Por eso cuando leyó Entiéndame , mi primer libro, fue demasiado generoso con sus elogios."
Los cuentos de Entiéndame (un libro que Giralt Torrente publicó a los 26 años) son, en cierta forma, el boceto de París . En ellos se encuentran, apenas insinuados, temas que la novela desarrolla con mayor profundidad: la memoria, las enfermedades mentales, las relaciones difíciles entre padres e hijos y la soledad del hijo único librado al arbitrio de sus propios recuerdos para reconstruir el pasado.
"Cuando somos pequeños nos pintan un mundo mucho más bonito de lo que en realidad es. Nos hacen creer en los Reyes Magos, nos convencen de que la vida es fácil, un paseo, y luego, sin que te des cuenta, resulta que ni Reyes Magos ni paseo, sino más bien todo lo contrario. Eso de lo que no te han hablado es en realidad la vida. Yo me he sentido estafado continuamente por ese tipo de enseñanzas paternas. No con los Reyes Magos en particular, que no me dolió nada descubrir que no existían (ni siquiera me acuerdo de la fecha en la que me enteré, a diferencia de otras personas) pero sí en aspectos mucho más importantes."
Conmovedora (a veces patética) la madre del protagonista de París se esfuerza por abrigar con un soplo de normalidad ese frágil núcleo de dos que compone con su hijo y que no alcanza a ser una familia. Así, se aferra a un cúmulo de obligaciones diarias (los horarios de las comidas, los preparativos para la escuela, los veraneos siempre en La Coruña, en casa de su hermana) como si la última brizna de cordura estuviera sujeta por esas pequeñas rutinas domésticas.
"Me interesaba mostrar esos intentos de los adultos por dar una base sólida a sus hijos, prescindiendo de lo caótica o inestable que pueda ser su vida. En la novela ese intento conlleva un engaño: la madre le hace creer al hijo que lo rodea un entorno sólido, pero nada es en realidad lo que parece".
A diferencia del personaje de la madre, el del padre vive en su propio mundo, donde la mujer y el niño son ya un obstáculo, ya un recuerdo cargado de culpa. Este seductor profesional, dedicado a negocios dudosos cuando no ilegales, cuyo atractivo físico se va ajando con los años a medida que su encanto gana un matiz de escepticismo y derrota, es la réplica exacta del protagonista de uno de los cuentos de Entiéndame .
"Los dos están basados en el mismo modelo real, por eso se parecen. Ese pícaro es un hermano de mi madre. Mi familia es un poco extraña y consideraba completamente natural la existencia de este personaje, al que nunca se le ha recriminado absolutamente nada. Era mucho más exagerado que la versión que aparece en la novela y por eso mismo llevaba una vida dura, porque probablemente hace sesenta años todavía era posible vivir del cuento , pero ya no.
"De pequeño yo lo admiraba extraordinariamente, como ocurría con casi todos los niños (no sé qué pasa ahora con las nuevas generaciones) que cuando jugaban a policías y ladrones preferían ser ladrones. Entonces, la seducción del malo romántico, del Robin Hood, era mayor que la del defensor del orden. De todos modos, mi tío no me contaba sus aventuras, porque este tipo de personas basan su vida en representar lo que no son, luego, jamás se revelan. Como todos esos pícaros, mi tío mantenía la apariencia de ser una persona normal y solvente. Nada era cierto. El no ignoraba que todos sabíamos que había tenido problemas con la ley y que no tenía dinero, pero jamás se lo confesaba a los demás porque eso hubiera sido como confesárselo a sí mismo y para esta gente la única manera de poder llevar adelante esa vida tan azarosa e incómoda es no pararse a reflexionar nunca sobre lo que es su vida, porque si no, se desmoronarían."
El silencio sobre aquello que todos intuyen pero de lo que nadie habla es, tal vez, el protagonista principal, de París . En una de las escenas de mayor tensión, la madre y la hermana confrontan con aspereza sus respectivas versiones del pasado compartido, delante del chico y en el límite de la intimidad que conviene preservar. El protagonista, en diálogo silencioso con el lector, ruega que las mujeres se detengan, que no cometan el impudor de exhibir la verdad desnuda. No por la pacatería de no querer escuchar, sino por compasión hacia ellas.
"Creo que he construido una novela en torno del silencio porque tal vez sea lo que me ha faltado. En mi casa siempre se ha hablado probablemente demasiado de las cosas, incluso de aquellas de las que no hacía falta hablar y hubiera sido mejor que cada uno se guardase para sí. En la novela, el personaje ya sabe (porque lo intuye) lo que cree que tiene que averiguar. Esa búsqueda un poco obsesiva y paranoica en la que se embarca no tiene sentido, porque en el fondo él no ignora lo que ocurrió durante los meses que su madre lo abandonó para instalarse en París. Por otra parte, en la realidad, todas las relaciones se organizan en torno a un secreto o a varios. La sinceridad absoluta y constante nos llevaría a un aislamiento total. Yo creo que en el callar no hay engaño; lo delicado es saber a partir de qué momento comienzas a engañar al otro si callas."
Cuando París apareció en España la crítica la saludó en forma casi unánime como el estimulante debut novelístico de un joven escritor destinado a consagrarse. Fríos en apariencia, solitarios y marcados por la melancolía, los personajes de la novela actúan como lo harían los de un cuadro de Edward Hopper si cobraran vida. En esa prosa cerebral algunos críticos creyeron ver al sucesor de Javier Marías.
"No me molesta que me comparen con él porque ciertamente es uno de los escritores españoles que más me gustan pero me parece que, más allá del tono reflexivo y de la predilección de ambos por la literatura inglesa, el parecido no es tanto."
De eso no se habla
Hay en París datos que el lector ignora durante la mayor parte de la novela y que no conviene adelantar pero que, una vez descubiertos, echan nueva luz sobre el significado simbólico que reviste la enfermedad de la madre cuando, ya mayor, ha perdido por completo la memoria y no reconoce a su hijo. "Creo que, finalmente, todos los personajes de París quedan disculpados. Ese narrador que echa la culpa de sus insatisfacciones a sus padres por haberlo hecho hijo único termina comprendiendo que su madre pudo haber pasado por algo parecido, que en la infancia de cualquiera se ven frustraciones similares. Que lo que hay es la vida, y que hay que vivirla como nos la han dado y procurar salir adelante."



