Si Mao viviera, ¿podría creerlo?
El interés por los artistas chinos y su cotización en alza fue la noticia de 2007
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El retrato de Mao pintado por Warhol y rematado por Christie s el último noviembre con un estimado de 12 millones de dólares adquiere al cierre de este año de cotizaciones siderales para el arte chino un carácter premonitorio.
Esa máquina imparable de facturar que se llamó Andy Warhol vio en el líder comunista un ícono de la sociedad de consumo y la idea, peregrina en 1972 cuando pintó la tela, comienza a ser pura lógica en el siglo XXI, al ritmo de los pasos firmes que el imperio del sol naciente da en la dirección de la economía de mercado. El retrato de Mao pertenecía a la colección Daros con base en Zurich, Suiza, una de las más prestigiosas del circuito por su incomparable poder legitimador, ahora orientado al arte latinoamericano.
Como un Midas contemporáneo, lo que Daros compra se convierte en oro. Warhol pintó la cara de Mao en 1971. Ese año Estados Unidos y China reanudaron sus relaciones y el líder comunista alcanzó una popularidad inmensa: en China se distribuyeron 2000 millones de copias de su fotografia, mientras en Occidente se imponía como el último grito fashion su chaqueta de cuello sin corbata.
Warhol consideraba que el comunismo caería tarde o temprano y que ese inevitable destino convertiría a su cuadro en un fetiche histórico, cosa que efectivamente ocurrió. La historia reciente es todavía más curiosa porque, en 2001, Xue Song, artista chino nacido en 1965, pintó un retrato de Marilyn encapsulada en una estrella de brillantina. Una remake pop en técnica mixta subastado el 17 de noviembre en Londres con una base de 6000 libras esterlinas. El gran protagonista de esa venta fue Zhang Xiaogang, nacido en 1958, mimado de los coleccionistas cuyo cuadro Gran Familia serie n° 16 tenía un estimado de 1,2 millón de dólares.
La popularidad del arte chino en el mundo globalizado ha crecido por impulso del PBI y de las bienales asiáticas: solamente en octubre se realizaron cuatro en forma simultánea en las ciudades de Shangai, Singapur, Busan y Gwangju, en esta última ciudad, en 1980, el régimen militar aplastó una manifestación de cientos de miles de personas que dejó como saldo 2000 muertos.
La Bienal de Gwangju en su sexta edición convocó a los artistas bajo el lema Fever variations remapping global cities de gran repercusión occidental. Pero lo mejor está por venir. La cumbre para el arte chino será la 52° Bienal de Venecia que inaugura el 10 de junio de 2007 con la curaduría de Robert Storr. China es el último país que consiguió un espacio propio de exhibición en Venecia. Tendrá su propio pabellón en los Giardini del Castello, un vecindario concurrido por los países centrales, donde la Argentina no tiene lugar.



