Simulacros y colosos
Dino Bruzzone exhibe fotografías de catástrofes urbanas; Hernán Marina presenta incansables gimnastas
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Las grandes fotografías que Dino Bruzzone expone en la galería Dabbah Torrejón parecen mostrar un desastre físico y radical. En una de ellas, un edificio que se inclina de manera peligrosa está captado por la cámara en el momento crucial, antes que suceda lo inevitable. De igual modo fueron fotografiados el estadio de Roland Garros, conmovido en toda su extensión como si fuera de algún material blando y maleable; también altos edificios de departamentos y un gran hospital tiemblan sacudidos hasta sus cimientos. Algunas imágenes pueden recordar las películas-catástrofes que muestran con efectos especiales el fantasma del derrumbe.
No puede ser ajena a esta lectura la referencia al atentado a las Torres Gemelas de Nueva York, que fueron destruidas dejando al descubierto la indefensión de la arquitectura urbana contemporánea. Lo que parecía indestructible era vulnerable.
Sin embargo, las notables y sugestivas imágenes de Bruzzone, contempladas de manera atenta, muestran otros rasgos, sutiles y de más problemática interpretación (aunque todo parece explícito y sencillo). ¿Qué edificaciones fotografió para esta serie titulada Arquitectura escéptica? ¿Qué trucos utilizó? En realidad todo está a la vista. Los edificios fueron construidos por el artista como maquetas en pequeña escala. Las fotografías son directas; están realizadas en el estudio con cuidada iluminación. El efecto "catástrofe" está logrado con un sencillo medio que perturba la estabilidad de los edificios en miniatura frente al objetivo inmóvil de la cámara.
Para el contemplador sin información previa es difícil reconocer qué ocurrió en la realidad y le perturban las dudas sobre lo representado. Las imágenes poseen una innegable fuerza persuasiva, sin dejar de plantear interrogantes sobre la verdad y la mentira (en esta circunstancia reside parte de su cualidad artística). No parece ajena a esta propuesta la reflexión en torno del simulacro desarrollada por Jean Baudrillard.
También en series fotográficas anteriores Bruzzone se ocupó de temas urbanos. En 1997, con maquetas que elaboró sobre la base de fotografías que había tomado en París, mostró fragmentos de esa ciudad afectados por un proceso radical de desvío de la apariencia natural.
En 2001 en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, y un año más tarde en la galería Luis Fernando Pradilla de Madrid, expuso un conjunto de fotografías con el título Parque de diversiones. En esta ocasión, por primera vez Bruzzone puso al descubierto el truco de sus fotografías directas, al exhibir los modelos en escala reducida que había utilizado. Sin embargo, nada del encanto y misterio de las escenas se desvaneció. El tema era el Italpark, que funcionó en Buenos Aires entre 1960 y 1990. De allí tomó el mundo aparentemente excéntrico de fantásticos carruseles, altísimas montañas rusas, tazas voladoras, autos chocadores, un gigantesco pulpo y el Samba.
Dino Bruzzone nació en Paraná, provincia de Entre Ríos, en 1963. Arquitecto graduado en la Universidad de Buenos Aires, participó en el taller coordinado por Guillermo Kuitca y obtuvo el Premio Braque, con cuya beca estudió en París entre 1996 y 1997. Fue invitado a las bienales de Venecia, San Pablo y del Mercosur (Porto Alegre, Brasil).
(En Dabbah Torrejón, Sánchez de Bustamante 1187, hasta el 23 de octubre)
Silencio
En la galería Zavaleta Lab, Hernán Marina (Buenos Aires, 1967) presenta una muestra con el título Silencio. En todas las paredes de la sala, coloreadas de rojo, se exhibe una serie de siluetas de cuerpos humanos de madera, pintadas de blanco. Los personajes son hombres que, ajenos a todo lo que sucede en su entorno, realizan esforzados ejercicios físicos. Una y otra vez hacen los mismos movimientos (arriba-abajo, arriba-abajo, etcétera), como condenados a la eterna repetición.
El sentido de la obra ?presentada como una narración visual de secuencias más o menos similares? es evidente, y está concentrado en la construcción de una alegoría de la sociedad contemporánea. Las siluetas de los gimnastas, vacías de contenido interior (la silueta es una representación del contorno), pero de buena contextura corporal, parecen sujetos preocupados por las apariencias, quizá están volcados hacia el hedonismo y lo artificioso.
En el Museo de Arte Latinoamericano. Colección Costantini (Malba), Marina expone otra obra, con el título Coloso. La instalación integra el programa Intervención, dedicado a proyectos que los invitados realizan de manera especial para el espacio asignado. En esta ocasión, el trabajo es una enorme silueta de gimnasta realizada en metal, de 5,60 por 10 metros.
El gigante, con su título y sus dimensiones, remite al coloso de Rodas, una de las siete maravillas del mundo antiguo. La estatua de bronce de treinta metros de altura, que según la tradición estaba erigida como puerta de entrada a la bahía, obligaba a las embarcaciones a pasar entre sus piernas. También el Coloso de Marina, por su ubicación, obliga a los visitantes del Malba a pasar debajo de su cuerpo recostado en una posición de tensión y esfuerzo atlético. Pero no es un dios, como el de Rodas; la interpretación de su sentido (es bueno que así sea) queda a cargo de los espectadores.
(En Zavaleta Lab, Arroyo 872, hasta el 2 de octubre y en Museo de Arte Latinoamericano, Malba, avenida Figueroa Alcorta 3415, hasta enero de 2005)


