Temeridad
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En enero se encendió una luz roja en el tablero climático. La temperatura de los océanos rompió récords históricos. Pero el dato, de nuevo, pasó inadvertido. Cansados de oír los anticipos apocalípticos, y como el aumento era de solo unas pocas décimas de grado, lo dejamos pasar. No se nos ocurrió pensar que para calentar unas décimas de grados una masa de agua tan colosal como la de los océanos se necesita una cantidad de energía inconcebible: cien veces la electricidad que produce la civilización por año. Ahora, una nueva luz roja, solo que peor. Esta vez los científicos del clima dicen estar alarmados, porque entre el 1° y el 24 de abril la temperatura de los océanos en el nivel global tuvo dos picos, uno de 21,1 y otro de 21 grados, muy pronunciados. Además, es la primera vez desde 1981 que se alcanza este calor.
El aumento de la temperatura de los océanos es destructivo para la vida marina, reduce su capacidad para captar dióxido de carbono y, por supuesto, contribuye al aumento en el nivel del mar y a los fenómenos meteorológicos extremos. Pero tal vez por la lentitud de estos procesos seguimos viéndolo como algo que podemos postergar. Pero está ocurriendo, y no solo actuamos con temeridad, sino también con egoísmo, al dejarles la bomba, lista para detonar, a nuestros propios hijos y nietos.
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