Tradiciones, labores, paisajes: la primera Bienal de Arte Indígena abrió en la UCA de Puerto Madero
Participan con cerámicas, pinturas, tallas y textiles 46 artistas del norte del país, Perú, Paraguay, Brasil y Chile; se puede visitar hasta el 12 de abril
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Cerámicas, pinturas, tallas en madera, textiles, cestería y esculturas de 46 artistas indígenas de la Argentina, el Perú, Paraguay, Brasil y Chile que se exhiben en la Primera Bienal de Arte Indígena, en el Pabellón de las Artes de la Universidad Católica Argentina (UCA), permiten acercarse a las tradiciones, las labores, la vida cotidiana, los paisajes, costumbres y rituales de comunidades de pueblos originarios del norte argentino, el Chaco paraguayo y la selva amazónica peruana y brasileña. Pobladas de figuras humanas y de animales, de seres imaginarios, árboles, plantas, flores, ríos, signos y tramas, las obras tienden puentes entre los espectadores y distintas cosmovisiones donde la naturaleza es protagonista.
Esta mañana se inauguró Voces indígenas contemporáneas: Una mirada desde el corazón de las comunidades, organizada por la Fundación Redes Solidarias, a cargo Mercedes Avellaneda de Bocca, y Cecilia Cavanagh, directora del espacio expositivo de la UCA. La Bienal, uno de los acontecimientos culturales de 2026, contó con el apoyo de Mecenazgo, las embajadas del Perú, Paraguay, Brasil y Chile, y fundaciones y entes provinciales de Salta y del Chaco. No participan de la convocatoria artistas de comunidades de la Patagonia.

“El arte indígena, con su frescura, viene a renovar el arte contemporáneo; es un arte genuino; ninguno de los artistas ha ido a una academia ni ha pintado para el mercado del arte, han empezado por pintar a sus amigos, a sus familias y a su entorno”, dijo De Bocca en la presentación.

Se trabajó más de un año para organizar el evento, que busca dar visibilidad y reconocimiento a los artistas indígenas, considerados “artesanos” por mucho tiempo. En las fichas de las obras expuestas se consignan las direcciones de correo electrónico de cada uno con el objetivo de que puedan comercializarlas; en promedio, cuestan entre cuatrocientos y dos mil dólares. Como dijeron las organizadoras, la Bienal pretende ser también una “gran vidriera”. Se la puede visitar hasta el 12 de abril, de lunes a jueves, de 11 a 19 en Alicia Moreau de Justo 1300.

El jurado integrado por la antropóloga e investigadora Ana María Llamazares, la artista Teresa Pereda y el crítico de arte y curador Julio Sánchez entregó tres premios y tres menciones. Emocionada, Pereda agradeció a los artistas “por hacer perdurar la sabiduría de los ancestros, interpelar el presente de la humanidad, indagar un futuro posible y regenerar el ritual como espacio vital, porque cada acto en sus vidas es sagrado”.
“Es un regalo el que nos están haciendo”, agregó y sostuvo que la Bienal era “un espacio legitimador de la pluriculturalidad”. Acto seguido, artistas, jurados y responsables del evento posaron para una foto grupal.

Félix Peralta, artista nivaclé de la localidad de Pedro P. Peña en Paraguay, obtuvo el primer premio ($ 1.500.000) por la talla en palosanto de un pescador. “El pescador posee un conocimiento profundo del río y es el portavoz de una tradición ancestral”, dijo a LA NACION. El segundo premio, de $ 1.200.000, lo ganó Denis Ramírez-Ininsoi, de la etnia shipibo konibó del Perú, por la gran pintura de un río amazónico desbordado de peces y con una boa gigantesca que dibuja un círculo. Y el tercer premio, de $ 800.000, lo ganó Reinaldo Prado, wichi del Chaco argentino, por Mundo Wichi, que representa en un tondo (o pintura esférica) la vida de la comunidad en el monte.

Se entregaron menciones de $ 400.000, $ 300.000 y $ 200.000 a María Antonia Carema, de la etnia nivaclé; a Olga Mori, de la comunidad shipibo konibó (por un tapiz que recrea las visiones de un ritual chamánico en que se bebe ayahuasca), y a la artista wichi Candela Mendoza. Y menciones honoríficas a la artista guaraní Analía Gallardo (por un hermoso nido de pájaros) y a la wichi Sara Díaz, por la escultura de un águila.
En la bienal se exhiben otras pinturas de Prado, de su esposa, Sara Díaz, y de una de sus hijas, Emilia Ferreyra, que con ánimo etnográfico y a la vez naíf retratan a paisanos, pájaros y criaturas mitológicas. Ambos contaron que en el monte chaqueño debían afrontar con problemas económicos, educativos y ambientales.

Durante la Bienal, se ofrecerá un programa público de visitas guiadas, conferencias y ciclos de proyecciones a cargo de especialistas locales y extranjeros. El circuito se ampliará con tres exposiciones en paralelo. Una también tendrá lugar en el ámbito de la UCA: en el Edificio San José se exhibe La Virgen de Guadalupe y la Tonantzin. Sincretismo y textiles de la cultura americana, al cuidado de Elena Bortagaray, con una colección de textiles mayas y de imágenes de la Virgen de Guadalupe en nueve vitrinas. En el Mercado de Artesanías Argentinas de la planta baja del Palacio Libertad (Sarmiento 151), Sueños y visiones, con trabajos de artistas salteños, formoseños y santiagueños, y en el Espacio Vitrol (Perón 1253), Desde el Corazón del Gran Chaco. Arte y Cultura de la Región, con artistas de la Misión Chaqueña, que iba a exhibirse en la Sala 606 del Palacio Libertad y que el área de Cultura decidió “desprogramar”.
Consultadas por LA NACION, De Bocca y Cavanagh reafirmaron que la Secretaría de Cultura de la Nación había cancelado la muestra prevista desde mediados de 2025, horas antes del montaje de las obras. Desde el organismo a cargo de Leonardo Cifelli informaron que se debía a “cuestiones de programación” y no a un acto de censura.
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