
Un hombre llamado Billy Wilder
Inmortalizó a Marilyn, reunió a la dupla Lemmon-Matthau y se peleó con Bogart. A diez años de su muerte, nadie hace comedias como él, aunque su talento también brilló en otros géneros, en los que supo pintar las debilidades del ser humano
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Agudo, corrosivo, desfachatado, genial. Los adjetivos no alcanzan para definir a Billy Wilder, uno de los directores más versátiles y, también, uno de los guionistas más prodigiosos deHollywood. Quizá quien mejor lo definió fue William Holden, uno de sus actores fetiche, cuando dijo: "Es un hombre cuyo cerebro está lleno de cuchillas de afeitar".
Acaban de cumplirse diez años de la muerte de este realizador, que transitó a sus anchas por la comedia, el drama y hasta el cine negro, y dejó cintas inolvidables, provistas de una visión agridulce y diálogos brillantes, como Una Eva y dos Adanes (1959), El apartamento (1960), El ocaso de una vida (1950), Días sin huella (1945) y Pacto de sangre (1944).
Nacido como Samuel Wilder, en 1906, en una familia judía de Sucha, una aldea próxima a Viena, que entonces pertenecía al Imperio Austro-Húngaro y actualmente es parte de Polonia, "Billy" recibió su apodo de una madre estricta que lo llamaba así, porque había vivido en los Estados Unidos y estaba fascinada con el legendario vaquero Billy, the Kid. Su padre, quien regentaba una cadena de restoranes, quería que fuera abogado, pero Wilder decidió ser periodista.
En la Viena de los años 20, escribió notas deportivas y reseñas de teatro para publicaciones amarillistas, en las que imprimió su estilo directo y su particular sarcasmo. (En un artículo sobre Génova, por ejemplo, se refirió a las ventanas de la ciudad portuaria como el lugar "donde hace unos 400 años se secaban los pañales de Cristóbal Colón").
Alentado por un amigo jazzista, Wilderse mudó a Berlín en 1926. Entonces continuó con su carrera como cronista (que incluyó una frustrada entrevista a Freud), mientras, paralelamente, se ganaba la vida como "bailarín", en un club nocturno. Gracias a ello se codeó con el ambiente artístico, y pasó de los tabloides a los guiones de películas. Su primer trabajo lo hizo para un semidocumental: People on Sunday (1930). Pero con la llegada de los nazis al poder, en 1933, Wilder debió mudarse a París, donde debutó sin entusiasmo como codirector del film Curvas peligrosas .
A Hollywood arribó al año siguiente, con unos pocos dólares en los bolsillos y un inglés mísero. Había tratado de entrar a los Estados Unidos vía México varias veces, hasta que, por fin, un agente de migraciones le preguntó: "¿A qué se dedica usted?". Wilder le respondió: "A hacer películas". El oficial le estampó la visa de entrada con un "Más vale que sean buenas".
Lubitsch y otros colaboradores
Con la ayuda de su amigo Peter Lorre ( Casablanca , M ), Wilder ingresó a Paramount, estudio que encabezaba el alemán Ernst Lubitsch, otro de los talentos que se había visto obligado a dejar su país por la amenaza nazi, y quien se convertiría en su ídolo y mentor. La devoción de Wilder se volvió tal que, como es sabido, en su oficina había enmarcado un cartel que decía: "¿Cómo lo haría Lubitsch?".
Wilder exploró temas controvertidos de su época: adulterio ( Piso de soltero ), alcoholismo ( Días sin huella , ganadora de cuatro Oscar), prostitución ( Irma la dulce , 1963), nazismo ( Death Mills , 1945, y Escándalo internacional , con Marlene Dietrich, en 1948). Este último le atañía personalmente, ya que su madre y otros familiares murieron en los campos de concentración alemanes. Otros aspectos que abordó en sus films fueron la ambición, en El gran carnaval (1951), y la falta de escrúpulos en Por dinero, casi todo (1966) y Primera plana (1974).
A pesar de que su inglés mejoró con los años, Wilder acostumbraba a trabajar con un compañero, para capturar la manera en que hablaban los estadounidenses comunes y corrientes. Con Charles Brackett, su primer coguionista, al que, según dijo, únicamente lo unía su amor por la escritura, Wilder escribió los guiones de películas como Ninotchka (1939), de Lubitsch, y Bola de fuego (1941), de Howard Hawks. Luego debutó como director de Hollywood con El mayor y la menor (1942), que protagonizaba Ginger Rogers. Su segundo partner fue I. A. L. Diamond, junto al que permaneció por 25 años. La dupla dejó líneas formidables del cine: "Calla y reparte" ( Piso de soltero ) y "Nadie es perfecto" ( Una Eva y dos Adanes ). Esta última, considerada la mejor frase final de una película en la historia de Hollywood.
Muy diferente fue la colaboración de Wilder con un maestro de la novela negra: Raymond Chandler. Se reunieron para la adaptación de Pacto de sangre , de James M. Cain (autor de El cartero llama dos veces ). Las jornadas estuvieron repletas de fricciones. "Lo que hacíamos tenía mucha electricidad. Él era un escritor muy, muy bueno, pero no de guiones", le dijo Wilder al director Cameron Crowe ( Vanilla Sky , 2001), en su imprescindible libro Conversaciones con Billy Wilder , publicado en 1998. Chandler, que bebía como cosaco, se quejó por escrito de que su compañero (entonces, en plena separación de su primera mujer) era prepotente y maleducado, tomaba cócteles a mediodía y recibía llamadas femeninas a cada instante. De la amarga experiencia quedó un clásico del género y siete nominaciones a los Oscar, incluido mejor guión.
Amor y odio: de Marilyn a Bogart
Los años 50 comenzaron con El ocaso de una vida ( Sunset Boulevard ), la historia de una diva del cine mudo en decadencia (Gloria Swanson) y un guionista mediocre (William Holden), una sátira de Hollywood que cosechó éxitos (Oscar al mejor guión) e indignación. En la función privada, el poderoso Louis B. Mayer vociferó que a Wilder había que echarlo del país, si mordía la mano que le daba de comer. El director se marchó apenas comenzó la recepción de los invitados. Con esa película también terminaron sus 12 años de colaboración con Brackett.
El gran carnaval (1951), Stalag 17 (1953), Sabrina (1954) y La comezón del séptimo año (1955) precedieron el éxito de la comedia Una Eva y dos Adanes (1959). En ésta, Marilyn Monroe, Tony Curtis y Jack Lemmon encarnan un atípico trío. Monroe es la adorable Sugar Cane, una cantante que sueña con casarse con un millonario, y ellos, dos músicos que se unen a la banda que ella integra, disfrazados de mujeres, para eludir a la mafia, luego de haber presenciado una masacre.
Con Marilyn, Wilder mantuvo una relación de amor y odio, que comenzó con La comezón del séptimo año donde, de paso, la inmortalizó en la "vaporosa" escena sobre la ventilación del subte de Nueva York. Marilyn podía hacerlo esperar horas y hasta días, y repetir una toma hasta 60 veces. A pesar de todo, el realizador terminaba por tragarse su orgullo, porque cuando el rodaje finalizaba, sabía que lo que había conseguido era algo único. La consideraba, en realidad, "una genio como actriz cómica", la mejor, aunque nunca se lo dijo.
En el caso de Humphrey Bogart, la odiosidad fue mutua. "Bogie", habituado a hacer de tipo duro, no se sentía cómodo con el papel de un hombre que se dejaba conquistar por una muchachita cursi (Audrey Hepburn), en Sabrina . No le gustaba la película. Tampoco el director. Y lo demostraba abiertamente. "Fue complicado trabajar con él? En las escenas de amor, siempre escupía un poco al hablar. Había que ajustar la cámara para disimularlo... Parecía que le llovía desde dentro de la boca", contó el realizador (que siempre escribía para Cary Grant, aunque nunca consiguió filmar con él), en el documental Billy Wilder Speaks (2006), de Volker Schlöndorff.
Gracias, Mr. Wilder
Así como despertaba antipatías, Wildertambién era capaz de sacar lo mejor de artistas gigantes como Jack Lemmon,a quien perpetuó junto con Walter Matthau en una de las duplas más entrañables del cine. Su trabajo también inspiró a generaciones posteriores. De hecho, Michel Hazanavicius, el director de El artista (2011), le dedicó tres veces su Oscar a mejor película, en la reciente entrega de las estatuillas de la Academia. En 1994, el español Fernando Trueba hizo lo propio, cuando recibió el galardón (a mejor película extranjera) por Belle Époque y dijo: "Me gustaría creer en Dios, para agradecerle, pero sólo creo en Billy Wilder, así que gracias, Mr. Wilder".
Quizá porque el realizador consideraba Piso de soltero (1960) su mejor trabajo, posteriormente no alcanzó el resplandor con que brilló hasta entonces. Por esa cinta, que protagonizaron Lemmony Shirley MacLaine, Wilder ganó su segundo Oscar a la mejor película. La historia de un funcionario que alquila su departamento a sus jefes para que se encuentren con sus amantes y al mismo tiempo está detrás de la "querida" del patrón era una crítica de Wilder a la sociedad estadounidense de su época. "Un cuento de hadas sucio sobre un tipo que se trepa a una cama aún tibia por el calor que han dejado dos amantes", la describió.
Después de Piso de soltero , se atrevió con proyectos como La vida privada de Sherlock Holmes (1970), donde sugirió, en tono divertido, una relación homosexual entre Sherlock Holmes y Watson.Pero las productoras comenzaron a cortarle las alas y las compañías de seguros ya no querían asegurar sus películas, debido a su edad. En 1981, con el estreno de Buddy Buddy, anunció su retiro del cine, si bien continuó yendo a su oficina de Beverly Hills, cada mañana, hasta su muerte (de una neumonía), el 27 de marzo de 2002. Antes, dejó instrucciones para su epitafio, grabado sobre una lápida que dice: "Soy escritor, pero...nadie es perfecto'".
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