Arqueólogos hallan un fragmento de la Ilíada de Homero enterrado con una momia egipcia
Tiene 2000 años de antigüedad y los especialistas la encontraron con restos del papiro; para los difuntos del Egipto de la época romana, la literatura griega puede haber ofrecido una clave para una vida en el más allá
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Un grupo de arqueólogos que trabajan en Egipto acaban de confirmar el hallazgo de una notable combinación de épica homérica y ritual funerario egipcio: una momia de 2000 años de antigüedad con un fragmento de papiro de la Ilíada sellado en una bolsa de arcilla y por fuera de sus vendas.
Es la primera vez que se encuentra una obra literaria desempeñando un rol funcional y espiritual en el proceso de momificación, lo que sugiere que para un egipcio de la época romana, la Ilíada —específicamente algunos versos del “Catálogo de naves” del Libro 2— quizás eran tan importantes como un conjuro mágico para navegar a salvo hasta el más allá.
“Es un hallazgo increíblemente significativo, en especial por el descubrimiento de un papiro con texto literario griego en su contexto original, en un lugar del que nunca fue movido”, dice Foy Scalf, egiptólogo de la Universidad de Chicago. “Tenemos evidencias de que esos textos literarios griegos podían usarse como amuletos mágicos y que Homero era citado con frecuencia, tanto en esos amuletos como en los extensos manuales hoy conocidos como ‘Papiros mágicos greco-egipcios’. Y este nuevo hallazgo respalda de manera directa eso que sabíamos de manera indirecta”.

Se trata de la momia de un varón no perteneciente a la realeza y fue desenterrada por la Misión Arqueológica de la Universidad de Barcelona en un yacimiento funerario conocido como Oxirrinco, en el marco de un proyecto dirigido por Ignasi-Xavier Adiego, del Instituto de Estudios del Antiguo Cercano Oriente de dicha universidad. Leah Mascia, especialista en cultura escrita y material del Egipto grecorromano y de la Antigüedad tardía en la Universidad Libre de Berlín, coordinó los trabajos de colaboración que finalmente permitieron extraer un fragmento de texto que se encontraba muy dañado.
Consciente de que el papiro, muy deteriorado, requería un análisis minucioso, Mascia trabajó con la restauradora arqueológica Margalida Munar para estabilizar la pieza y con Adiego, experto en el idioma cario, para estudiar el texto. Esa experiencia combinada en conservación y lingüística antigua les permitió leer e identificar el documento.
Tras seis años de minuciosa reconstrucción de los fragmentos hallados en la tumba, Mascia sacó a la superficie un singular ejemplo de la alquimia cultural de aquella época: el Egipto romano, donde se fusionaban costumbres locales y extranjeras. El análisis de Mascia, que en el envoltorio del papiro identificó sellos de embalsamadores y patrones de plegado, sugiere que las epopeyas griegas clásicas no solo se leían, sino que se les daba un nuevo uso material concreto.
Tradicionalmente, los cuerpos momificados se enterraban con textos sepulcrales como el Libro de los Muertos y el Libro de la Respiración, manuales formulísticos destinados a proteger y guiar al difunto en su recorrido por el inframundo. Sin embargo, a principios del período romano, se produjo un cambio importante: sobre los muertos empezaron a colocarse envoltorios sellados con papiros.
Esos papiros contenían una sorprendente mezcla de textos, incluyendo magia greco-egipcia, registros documentales, y hasta obras literarias como la Iliada, lo que habla una práctica funeraria alternativa y más personalizada.
De entre la basura
La necrópolis de Oxirrinco, situada cerca de la localidad actual de El-Bahnasa, a unos 190 kilómetros al sur de la ciudad de El Cairo, no es solo un cementerio, sino una “veta madre” arqueológica. Situada a orillas del canal Bahr Yussef, la zona está salpicada de vertederos de basura de la Antigüedad, que lograron conservar desde invitaciones de boda y registros fiscales hasta horóscopos y copias tempranas de los evangelios cristianos.
Las ruinas de Oxirrinco fueron documentadas inicialmente por Vivant Denon, un erudito francés que acompañó a Napoleón durante su campaña egipcia de 1798. Sin embargo, Oxxirrinco guardaba un secreto que siguió escondido durante un siglo más, hasta 1896, cuando de esos antiguos basureros los arqueólogos británicos desenterraron más de 400.000 fragmentos de papiros. Entre los descubrimientos se encontraban obras maestras perdidas de poetas y dramaturgos como Safo y Eurípides, transformando desechos milenarios en piezas claves de la literatura clásica.
En la década de 1990, la Misión Arqueológica de la Universidad de Barcelona y la Universidad de El Cairo iniciaron un proyecto conjunto financiado en gran parte por el Ministerio de Cultura español y el Ministerio de Turismo y Antigüedades egipcio. La misión sigue en curso, dirigida por Maite Mascort i Roca y Esther Pons Mellado, con un equipo de arqueólogos, epigrafistas y papirólogos, y está enfocada en varios sectores de la necrópolis, incluido el sector n.° 22, donde los expertos están tratando de reconstruir cómo era la compleja vida social y religiosa de los habitantes durante la transición de la época ptolemaica a la romana.
Los investigadores que exploran este yacimiento funerario de múltiples cámaras ya han exhumado tesoros extraordinarios, desde momias adornadas con lenguas de oro —láminas de oro colocadas sobre la boca— y al menos una con cobre, rituales nuevos para la época y que podrían tener la función de asegurar que los difuntos se acercaran con confianza a Osiris, el dios de la muerte y la resurrección, antes de ser juzgados.
En el sector 42, una zona distinta de la necrópolis, se encontraron grandes vasijas con restos humanos cremados. Una de ellas contenía los huesos de un adulto, un bebé y un felino, junto con fragmentos de tela. Si bien es muy probable que esos individuos pertenezcan a un período ligeramente diferente al de la momia portadora de la Ilíada, la inmensa complejidad de estos ritos nos habla de una clase adinerada y preocupada por su estatus y abre una nueva perspectiva sobre las inquietudes espirituales de la comunidad egipcia de la era romana.
Un pasaporte cultural
Recuperado en diciembre de la “Tumba 65”, el fragmento de papiro contiene un pasaje de la Ilíada, el poema homérico de 2800 años de antigüedad, que funciona como un inventario detallado de la fuerza naval y los orígenes regionales del ejército aqueo, y describe las fuerzas desplegadas contra Troya para rescatar a Helena. El texto menciona comandantes específicos, como Guneo, que llegó “desde Cifo con veintidós naves”, y Lepolemo, “hijo de Hércules”, que trajo nueve naves desde Rodas.
Los hallazgos de Mascia revelan un acto deliberado e íntimo: un documento preparado en un taller de momificación y colocado directamente sobre el cuerpo del difunto. “Estos papiros sellados pueden haber sido considerados parte de un procedimiento funerario alternativo”, apunta la arqueóloga, y agrega que para comprobar esta hipótesis hacen falta estudios complementarios.
Esa especie de “botiquín de primeros auxilios espirituales” tenía una larga tradición. Scalf señala que “los papiros mágicos greco-egipcios incluso sugieren que la Ilíada también funcionaba como un botiquín de primeros auxilios. Para un paciente postrado en cama, consumido por la malaria, la receta era sencilla: apoyar la cabeza contra un rollo de papiro del ”Libro 4″ para bajar la fiebre.
Para los habitantes que se movían por ese complejo y vibrante cruce de caminos que era el Egipto romano, los papiros literarios griegos podrían haber funcionado como un crucial “pasaporte cultural”, señala Anna Dolganov, historiadora del Instituto Arqueológico de Austria. En Egipto, ser helénico connotaba un estatus social exclusivo y privilegios económicos, y esa pertenencia debía documentarse puntillosamente con genealogías que se remontaran a varios siglos atrás.
Enterrada con los muertos, la Ilíada tal vez servía de atajo hacia una vida más cómoda después de la muerte. Dolganov se pregunta si llevarse consigo el poema épico al más allá era una estrategia deliberada para asegurarse el acceso al inframundo griego, esquivando así las escabrosas pruebas de las que hablaba la mitología egipcia. Para aquellos habitantes del Egipto romano, entonces, la identidad helénica no era solo importante en este mundo, sino una “mejora perpetua” que les abría un camino menos pedregoso al otro mundo y un estatus superior en el más allá.
Traducción de Jaime Arrambide
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