Un taller para chicos inspirado en los colores del arte medieval
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En pleno mundial de fútbol, mientras en Rusia se enfrentaban Alemania y Suecia, un grupo ajeno a la fiebre mundialista disfrutó una tarde de arte en la Asociación de Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes con un taller, una charla y una merienda compartida. Mientras los chicos descubrían y exploraban los colores característicos del arte medieval, los grandes seguían con atención la clase de dos historiadoras de arte que en julio dictarán un seminario sobre la Edad Media y el color.

Manchas, risas y dibujos en una sala; reproducciones de obras, paisajes y retratos en la otra. ¿El denominador común? La sorpresa de la audiencia infantil y la adulta ante el estallido de tonos y colores en el arte de la época. Alrededor de quince chicos de entre 5 y 10 años participaron del taller de producción plástica coordinado por Sol Abango y Carolina Delgado, que también están a cargo de los talleres anuales de la Asociación y de las actividades especiales para chicos en vacaciones de invierno. Las docentes comenzaron el taller con un fragmento del libro Historia de arte. Relatos para chicos, de Michael Bird, que recorre las corrientes artísticas de la mano de los grandes maestros.

Después de contar a los chicos algunas cuestiones básicas del arte medieval (y de formular preguntas para ver qué sabían de antemano sobre el tema), las profes propusieron una actividad, en tres pasos: contar y dibujar una historia con tres escenas, pegar las hojas en un soporte con forma de retablo y crear una bandera de colores sobre una base calada que permite el paso de luz, como los vitrales. Los chicos trabajaron muy concentrados y de tanto en tanto se escuchaban frases desopilantes: hablaron de películas y personajes, de series y de zombies, de historietas y superhéroes y hasta se coló el fútbol con los astros Messi y Ronaldo.

Algunos inventaron historias protagonizadas por animales; otros por personajes delirantes. Y no faltó uno que dibujó dos tumbas y una especie de esqueleto y luego explicó que era un cuento de terror que le contaba un hermano a otro. El gran cierre de la jornada fue una merienda compartida con los padres donde reinaron el color y los sabores del jugo de naranja y la chocotorta,
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