Un viaje de ida
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Hay dos mundos paralelos. Uno es el del relato. El otro es el concreto, el que tiene costos y donde todo es siempre más complicado de lo que se cree. Uno de esos mundos se relata. El otro se sufre, se batalla, se investiga y se resuelve, lenta y dificultosamente. Ejemplo: Marte. Mientras el inefable Elon Musk se propone ir y colonizarlo, la NASA tiene un pequeño problema que puede poner en perspectiva las ambiciones del intenso empresario sudafricano-canadiense-estadounidense. Como se sabe, la agencia ha enviado varias misiones en el planeta rojo, con sondas, rovers e incluso el Ingenuity, un helicóptero que completó 72 vuelos en la tenue atmósfera marciana, antes de dañar una de sus aspas.
Pues bien, ahora que esas misiones han recolectado suficiente material del cuarto planeta de nuestro sistema solar, es hora de traer las muestras a casa para estudiarlas. Y ahí tuvieron que pisar el freno, porque el costo de ese delivery se disparó a 11.000 millones de dólares y la fecha de llegada se retrasó una década, a 2040. ¿El principal problema? La NASA nunca despegó desde otro planeta (la Luna no es un planeta). Así que si traer unas muestras de vuelta a casa es tan complicado, ¿cuál es exactamente el plan para cuando enviemos personas?
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