
Una visión infrecuente del arte de los años 70
Una muestra de antología se exhibe en el Espacio Telefónica
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En el Espacio Telefónica, organizada por la Fundación arteBA, se exhibe desde ayer una antológica muestra que reflexiona sobre dos vertientes del arte argentino de los últimos treinta años.
La exposición "Entre el silencio y la violencia" revisa con una lúcida mirada el arte de los años setenta, determinado de manera explícita o implícita por la realidad social y política que vivió la Argentina en una década traumática.
Con la curaduría de Mercedes Casanegra y el montaje de Gustavo Vázquez Ocampo, la muestra marca un punto de inflexión en la colaboración entre dos instituciones que tienen un objetivo común: la difusión del arte argentino en la escena local y en el terreno internacional.
"De eso se trata", expresó Carmen Grillo, número uno de la Fundación Telefónica, al presentar la muestra, en un espacio renovado para exhibir muestras de arte, frente a la Plaza Vicente López.
Cuando le tocó hablar, el presidente de la Fundación arteBA, Mauro Herlitzka, recordó que la primera versión de esta muestra, exhibida el año último en la sala de Sotheby´s, en Nueva York, fue una visión más acotada de la que el público argentino verá ahora por primera vez.
Aquel paso raudo de una visión poco conocida del arte argentino causó viva impresión entre curadores y directores de museos, razón por la cual los organizadores doblaron la apuesta y sumaron nuevas obras y artistas , sin perder el eje de la muestra, que es resumir el período que va del tumultuoso regreso de Perón hasta las postrimerías de los años noventa, y el siglo XXI que despertó con el fin de la ilusión convertible y la certeza de una deuda que todavía nos agobia.
Agobiantes como las figuras retorcidas de Alberto Heredia replegadas sobre sí mismas, forzadas en la tensión hasta el extremo de lo posible, o el cuerpo exangüe, abandonado en la entrega final que Distéfano plasma en un pedazo de mármol.
Signos del silencio
En el otro extremo, la precisión conceptual de los aparatos creados por Luis Benedit, las rigurosas cajas de Grippo, y su pieza Analogía IV, resultan un discurso punzante por lo que calla; el silencio de esos mecanismos perfectos es su mayor elocuencia.
No está en la muestra, una lástima, la gran obra premonitoria de León Ferrari, el avión descendiendo en una cruz. Estas piezas forman parte de la gran retrospectiva de Ferrari, que inaugurará la semana próxima en el Centro Cultural Recoleta.
La visión de los años 70 se complementa con un correlato actual que encuentra en las obras de los artistas Graciela Sacco, Cristina Piffer y Jorge Macchi la afinidad de la mirada crítica, explícita en las obras de Sacco y Piffer, con sus estetizantes vísceras, fundidas en una trampa de acrílico, y los frágiles rascacielos construidos por Jorge Macchi, con recortes de las secciones necrológicas de los diarios. Macchi fue invitado ayer a participar en la próxima Bienal de Venecia.
La muestra se complementa con un catálogo-libro de calidad notable, que incluye un texto crítico de la curadora Mercedes Casanegra, el análisis de los años 70 desde una visión política por Oscar Terán y, desde la literatura, por Daniel Link.
Acorde con la calidad de las producciones de la Fundación Espigas, creada por Mauro Herlitzka, se ve en este trabajo la mano del nuevo presidente de la Fundación arteBA.
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