Vanguardia rusa
En el Centro Recoleta, una muestra rinde tributo al aporte que, en las primeras décadas del siglo XX, hicieron artistas como Malevich, Kandinsky, Ródchenko y Popova
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Los museos regionales y provinciales de la Federación de Rusia exhiben en Buenos Aires una valiosa parte de su acervo. El acontecimiento difunde una porción del aporte que ese país hizo al cubismo, al futurismo, a la pintura abstracta y a un amplio abanico de "ismos" que influyeron en las artes visuales, en la arquitectura, el diseño gráfico o la música. Varios de quienes se formaron antes de la revolución se inspiraron en el arte popular campesino con entusiasmo nacionalista. Pero es necesario nombrar, también, a quienes se rebelaron contra el "nacionalismo provinciano", como Serge Diaghilev, el primer empresario y director de escena que llevó el arte ruso a Europa occidental y animó el ballet y la música de su país. Nijinski y la Paulova formaron parte de su compañía, pero sus emprendimientos alcanzaron hasta al mismísimo Picasso.
Los posimpresionistas, los nabis y los fauves se manifestaron en parte por repercusión de las grandes colecciones privadas importadas a Rusia desde París. Eso inspiró a precursores como Mijail Lariónov, que sentó los pilares del arte abstracto y fue invitado por Diaguilev a exponer en el Salón de Otoño del Gran Palais parisino. En su entorno reunió a pintores con los que organizó exposiciones importantes. Sus comienzos tuvieron fases impresionistas y simbolistas, pero (después de pasar por Londres, donde lo conmovió Turner) se interesó por lo francés. De ahí, su proximidad con Gauguin (de quien había visto una retrospectiva) en los óleos Bañistas aldeanas y Una transeúnte, ambos de 1909, y con Van Gogh, en Pelea en la taberna , de 1911, aunque éste era de origen holandés. Lo cierto es que captó las ideas francesas y las sintetizó sin perder de vista lo popular y lo nacional.
Formó parte de la avanzada rusa entre 1911 y 1917, e influido por el teórico italiano Marinetti, un ideólogo futurista cuya llegada a Rusia resistió con agresividad, sintetizó los primeros pasos del rayonismo o radialismo junto a su esposa, Natalia Goncharova, representada con un heterogéneo grupo de cuadros.
Siguiendo la simultaneidad futurista reclamaban una cuarta dimensión, la luz. Para eso, descompusieron los objetos en diagramas radiales cuya energía los liberaba de la determinación de tiempo y espacio impuestos por la mecánica. Ambos practicaron su teoría de los haces de luz móviles reflejándolos en el Teatro de París. Finalmente, herido de gravedad en la frente fue declarado inútil. Diaguilev (entonces en Lausania) invitó a la pareja a encontrarse con él. Ya no volverían a Rusia. Se instalaron en París, donde Lariónov se dedicó a decorar obras teatrales como El bufón, de Prokofiev, y Zorro, de Stravinski.
Sobrevivió a su compañera y murió en 1964, dos años después que aquélla. Conviene mencionar acá el emblemático y extraño Desnudo, de 1910, de autor desconocido, que se expone en estos días, a medio camino entre la escultura primitiva y las construcciones cubofuturistas; un rústico ensamblaje de madera, metal y óleo que esboza los que serían los postulados combinatorios entre lo viejo y lo nuevo, la tradición y la modernidad. Deslumbra también Kazimir Malévich, en un principio interesado en los impresionistas; pero después, influido por Lariónov, partícipe de un estilo primitivista de inspiración campesina. Posteriormente fundó el primer sistema de composición abstracto basado en figuras geométricas, el suprematismo. Su obra más famosa de ese carácter fue un cuadrado negro sobre fondo blanco en el que trató de representar la quintaesencia de lo que llamó la "an objetualidad". De él se exponen Suprematismo , de 1915-16, una de sus obras totalmente abstractas, y los óleos figurativos Segador, de 1912, y Cabeza de campesino, de 1930, una pieza enigmática que marca el año en el que finalmente se dedicó a pintar las gentes de campo y rechazó el cubufuturismo y el suprematismo.
Otra figura paradigmática fue Vladimir Tatlin, el mecanicista cuya celebérrima composición tridimensional "no objetiva", planeada como monumento a la Tercera Internacional (se expone una reconstrucción), inspiró el constructivismo local. Los dos participaron de La cola del asno, una de las primeras exposiciones que organizó Lariónov.
Artistas menos renombrados, pero también excepcionales, como por ejemplo, Alexandr Ródchenko (que le respondió a Malévich con Negro sobre negro ), mostraron el desarrollo de una pintura cercana a la que dieron las vanguardias de otros lugares. Tal el caso también, de Piotr Konchalovsky, de quien se exhiben tres óleos de influencia francesa, o de Alexandr Kuprìn, pintor de paisajes rusos y naturalezas muertas. Ambos provenían del grupo "Sota de Diamantes", coordinado por Lariónov.
Tal vez la figura más famosa fuera de Rusia sea la de Vasili Kandinsky, quien estuvo varias veces en Francia. Allí expuso, en principio influido por el art nouveau de Munich; pero después asimiló de modo original el cromatismo de los franceses, sobre todo de los fauves, y del expresionismo alemán de Dresde. Se le atribuye la primera manifestación del arte abstracto ya en 1908 o 1909, aunque todavía fueron necesarios algunos años para que se desprendiese por completo de la figuración. Primeramente, aminoró la apariencia de las imágenes con la viveza del color; después, terminó por reemplazarlas con ritmos que exaltaban el lirismo musical de su sensibilidad. Muchas de sus obras de entonces llevan por título Improvisación , como el espléndido óleo de 1909, que abre la exposición junto con dos pequeños y encantadores paisajes, Río en verano y Otoño , ambos de 1900. Pero sus primeros cuadros realmente abstractos son desde 1910 a 1914.
Hubo en Rusia, desde el amanecer del siglo XX, notables núcleos renovadores que la exposición refleja con algunos nombres ilustres, aunque el contacto con ellos sólo aporte la visión sobresaliente de un cuerpo sumergido cuya complejidad puede atisbarse en las obras de la treintena de figuras que los acompañan. Es cuestión de tiempo que muchas de ellas alcancen la nombradía internacional de sus congéneres.
En suma, una muestra interesantísima, de inestimable valor artístico e histórico, que vale la pena conocer. Daguestan, Primorie, Tula, Perm, Kazán, Tobolsk son algunos de los lugares de los que vienen las piezas que Buenos Aires tiene la oportunidad de visitar; quince museos intervinieron en la preparación del conjunto. El montaje algo apretado concentra la visión y un buen catálogo complementa la exposición.
(En el Centro Cultural Recoleta, Junín 1930. Hasta el 29 de abril.)




