Vicente Massot: “Ni en 1810 ni en 1816 existía la Argentina”
En su nuevo ensayo, “Guerra, política y diplomacia”, revisa los juegos de poderes del proceso independentista nacional en las primeras décadas del siglo XIX
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“Salta a la vista la diferencia entre una clase dirigente con claridad de miras y unidad y otra llena de contradicciones y conflictos”, dice el profesor y politólogo Vicente Massot sobre los procesos independentistas en Estados Unidos y en la Argentina. Este jueves, a las 19, en Cudes Instituto de Cultura (Vicente López 1950), junto con el historiador Luis Alberto Romero y el historiador y politólogo Natalio Botana, ampliará su enfoque al presentar Guerra, política y diplomacia. La Independencia reconsiderada (Claridad, $ 27.000), que llegará a las librerías a finales de mes. Con entrada libre y gratuita, hay que inscribirse previamente en este enlace.
Durante una década, Massot fue director del diario La Nueva Provincia, de Bahía Blanca, fundada por su bisabuelo en agosto de 1898. Es autor, entre otros ensayos, de Spengler, pensador de la decadencia (en colaboración con Horacio Cagni), Max Weber y su sombra, La polémica sobre la religión y el capitalismo, El Poder de lo fáctico, Los dilemas de la Independencia y Bismarck y la Realpolitik. En su nuevo ensayo, plantea la revisión del proceso independentista que tuvo lugar en lo que hoy llamamos la Argentina entre 1808 y 1825.

“El tema me interesó siempre y, de hecho, hace diez años, en consonancia con el Bicentenario de la Declaración de la Independencia, publiqué un ensayo que podría considerarse el prólogo de este libro -señala-. En cuanto a qué fue lo que me movió a reconsiderar el proceso independentista creo que la mejor respuesta es la definición que sobre la historia ha dado el historiador Pieter Geyl: ‘Es un argumento sin final’”.
“La clase dirigente que guio la Independencia nunca tuvo un norte claro, lo que dio lugar a múltiples contradicciones -sostiene-. La principal diferencia de lo que sucedió entre nosotros respecto del resto de la América española es que las Provincias Unidas del Río de la Plata no fueron reconquistadas por Fernando VII cuando regresó al trono en 1814″.
–¿Qué quiere decir con que no hubo un norte claro?
–Sucede que entre 1810 y 1816 los principales protagonistas de los acontecimientos que tuvieron lugar en estas playas abrazaron proyectos muy diferentes entre sí. Saavedra no pensaba igual que Moreno. Entre San Martín y Alvear las diferencias fueron evidentes. Pueyrredón y Artigas no podían tener pareceres más encontrados. Lo que sucedió fue que hubo monárquicos y republicanos, partidarios de organizar las Provincias unidas con base en un modelo confederal mientras que, en la vereda de enfrente, se hallaban los centralistas. Hubo quienes creyeron conveniente acercarse a Gran Bretaña y otros que consideraron conveniente tejer una relación estratégica con el Brasil.
–¿Qué costo se pagó por los conflictos internos entre revolucionarios?
–El costo fue enorme si tomamos en cuenta este dato: lo que llamamos proceso independentista estuvo jalonado por guerras ininterrumpidas entre 1808 y 1825. Si se comparan estos diecisiete años con los que les llevó a los seguidores de George Washington independizarse de la Gran Bretaña, salta a la vista la diferencia entre una clase dirigente con claridad de miras y unidad y otra llena de contradicciones y conflictos.
–¿En qué medida influyeron los acontecimientos en Europa?
–Soy de los que creen que el hecho que gatilla el proceso que luego vamos a llamar independentista fue la llamada “farsa de Bayona”, en mayo de 1808. El dato fundamental resultó la vacatio regis, o sea la súbita desaparición del rey y la consiguiente crisis de legitimidad que golpeó por igual a las dos Españas, la europea y la americana.
–En su opinión, ¿cuáles son las ideas erradas que tenemos sobre la Independencia?
–A mi juicio, dos básicamente. Por un lado, la creencia de que hay una relación directa entre mayo de 1810 y julio de 1816. La segunda es la idea de que la Argentina nació como producto de la Revolución de Mayo y que se independizó luego de la declaración hecha en Tucumán. Ni en 1810 ni en 1816 existía la Argentina.
–¿Se puede decir que la “grieta” proviene del siglo XIX?
–El principal problema o vicio en el que pueden incurrir los políticos y los malos historiadores es el anacronismo. La grieta que hoy nos divide no proviene del siglo XIX que, en todo caso, si se acepta la palabra, arrastró en su trajinar otras grietas de distinta naturaleza.
Luis Alberto Romero sobre Guerra, política y diplomacia
La primera década revolucionaria (1810-1820) es sin duda el período más conocido y más estudiado de nuestro pasado. Sucesivas escuelas históricas han dejado la huella de su paso, de Bartolomé Mitre a Tulio Halperin Donghi o los recientes estudiosos del republicanismo.
En ese superpoblado universo, Vicente Massot logra en su nuevo libro construir un campo y un problema propios: la política pura, la lucha de poder entre grupos y facciones que quieren heredar la herencia vacante dejada por la monarquía hispana.
En su complejo cuadro también aparecen los gobiernos hispanos, los portugueses de Brasil y, sobre todo, Gran Bretaña, con muchos intereses ligados con la cuenca del Plata.
Con una mirada realista de la política, Massot maneja este complejo juego de poderes en el que, además de la disputa política interna, se jugó el destino de la campaña libertadora de San Martín.
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