
Villa Ocampo vive de nuevo
A Victoria Ocampo le hubiera encantado que la reapertura de los salones de su casa de San Isidro se hiciera con una velada musical, en la que un pianista griego de talento y genio como Dimitri Vassilakis interpretara a Poulenc y a Stravinsky en el mismo piano que había tocado el compositor en su paso por Villa Ocampo.
En la noche helada y estrellada del miércoles último, los más audaces se animaron a recorrer el jardín con sus espléndidos ejemplares de ginkgo biloba, robles, sauces y el eucalipto que fue regalo de Sarmiento y donde alguna vez se dejó fotografiar Jorge Luis Borges. La pérgola, la fuente, el mirador iluminados de manera escenográfica, al igual que la fachada de la villa con su recuperada pátina color entre carne de melón y siena, fueron el mejor homenaje al legado de Victoria, que ahora sí podrá cumplir su destino de foro de culturas y centro de investigación.
La briosa voz de la francesa Sylvie Robert contribuyó a crear el clima propio de un salón finisecular, a tono con la arquitectura de la casa construida por Manuel Ocampo en 1890, el año en que nacía Ramona Victoria Epifanía Rufina, en la casa de Viamonte al 400.
Le tocó a Pedro Güiraldes, presidente de la Asociación de Amigos, anticipar los alcances del proyecto y el futuro de Villa Ocampo, su apertura a la comunidad y el rol que cumplirá en San Isidro.
Después de un cuarto de siglo de conflictos, marchas y contramarchas, la villa de los Ocampo encontró su destino gracias a la férrea conducción del timonel que supo llevar el barco a buen puerto. Experto en informática y miembro de una familia en la que el arte, las antigüedades y el coleccionismo forman parte de la vida cotidiana, Nicolás Helft acercó los objetivos a los fondos y fijó metas posibles. La planta baja está lista y puede ser visitada con cita previa y en compañía de una guía especialmente entrenada. Buena oportunidad, vacaciones de invierno mediante, para disfrutar en familia y con los chicos de esta visita que se interna en la vida de una gran mujer que supo abrir las puertas al mundo y su mente a las ideas innovadoras.
El acierto de Helft ha sido rodearse de un equipo de lujo, que alguna vez calificamos aquí de dream team: Esmeralda Almonacid, ahijada de Victoria; Miriam De Ridder y los arquitectos Fabio Grementieri y Marcelo Nougués.
A Villa Ocampo le pasó de todo: se incendió, la robaron, estuvo abandonada más de veinte años. Bien vale una segunda oportunidad como la que comenzó a vivirse ahora. Sólo una casa bien hecha pudo resistir tanta adversidad y tantos malentendidos. Manuel Silvio, el padre de Victoria, se nutrió de los estilos en boga, pero cuidó al máximo los detalles constructivos. Y tiene lógica. Ocampo no era arquitecto, era ingeniero hidráulico.
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