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Visita al mundo de Ian McEwan y su versión intrauterina de Hamlet

El autor británico descarga la impotencia ante el Brexit en Cáscara de nuez, su provocadora reescritura del drama shakesperiano; "el aire huele mal", dice
Matías Néspolo
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11 de marzo de 2017  

BARCELONA -. A primera vista, de aquel muchacho rebelde e imprevisible que publicó su primera colección de relatos Primer amor, últimos ritos (1975) con sólo 21 años queda muy poco en el respetable escritor de incipiente calvicie y largas canas, con una larga ristra de premios y adaptaciones cinematográficas a cuestas y uno de los más leídos en el Reino Unido, que juega con su celular ante la prensa. Sin embargo, en la mirada maliciosa y en la perenne mueca irónica que cuelga de la comisura se reconoce al mismo escritor, quizá el más provocador de aquella camada de narradores británicos que lanzó la revista Granta en los 80 entre los que despuntaron Barnes, Amis, Ishiguro, Rushdie... A los dos primeros los sigue viendo, son viejos amigos con los que suele comer a menudo, pero para intercambiar chismes, dice, y "nunca hablar de nuestra obra ni de lo que estamos escribiendo" porque jamás "hubo conciencia de grupo ni de generación". "No compartimos la misma estética literaria, y los británicos somos contrarios proclives a escuelas, corrientes y manifiestos".

La nueva novela de McEwan está narrada por un feto muy bien informado por la BBC que escucha su madre
La nueva novela de McEwan está narrada por un feto muy bien informado por la BBC que escucha su madre Crédito: Gentileza Anagrama

Se trata de Ian McEwan, el otro gran consagrado de la camada, que a los 68 años sigue siendo el mismo provocador, quizá adicto a la sorpresa, porque nunca se sabe por dónde va a salir. Su última travesura se titula Cáscara de nuez, de la que habló el pasado miércoles ante 500 personas en el Centro de Contemporánea de Barcelona, y al día siguiente con la prensa. Provocación o travesura que es todo un desafío a la incredulidad del lector y un t our de force narrativo porque quien narra es un lúcido feto desde el útero materno, perfectamente informado a través de la BBC y los podcasts radiales que escucha la embarazada. Y no cualquier nonato, sino de una suerte de Príncipe Hamlet contemporáneo -de un verso de la tragedia de Shakespeare viene el título- que intenta abortar la conspiración homicida de madre adúltera y tío inescrupuloso dispuestos a dejarlo huérfano antes de nacer para quedarse con la herencia del gordo y depresivo editor de poesía que lo concibió.

Todo comenzó con la primera frase de la novela que se le ocurrió al escritor mientras asistía a una aburrida conferencia: "Así que aquí estoy, cabeza abajo dentro de una mujer". "Me cayó del cielo como un regalo", dice McEwan, "una frase de la que no sabía nada, ni quien la decía ni porqué". El resto vino de la relectura de Hamlet y de su singular poética narrativa. "Escribir siempre es un viaje exploratorio, tengas un mapa de terreno o no, y uno de los mayores placeres de la escritura es la sorpresa". La pirueta narrativa tiene tanto de humor como de thriller y de novela policial, pero eso no es lo central dice el británico, "porque todos sabemos cómo acaba Hamlet", sino su vuelta de tuerca del drama shakesperiano y la actualización del conflicto del príncipe de Dinamarca.

"Descubrí que mi narrador intrauterino me permitía condensar todos los temas que he trabajado en mi carrera: la violencia, la crueldad, el amor, la esperanza y mi pasión por la poesía y por Shakespeare", explica McEwan. En la tragedia del bardo isabelino "lo que queda después de la muerte es el silencio", dice el escritor que procuró en su versión "un mayor grado de luz y de optimismo que no tiene Hamlet". "Mi personaje es consciente de que lo único que puede hacer para interrumpir o influir el curso de los acontecimientos es nacer. Y lo que queda después de nacer es la búsqueda del sentido de la vida. La misma búsqueda a la que se entrega el artista", señala. La duda que aún le queda sin resolver al autor es si su feto es Hamlet o Shakespeare antes de nacer.

Sin embargo, para McEwan el conflicto del príncipe de Dinamarca y el de su feto narrador es en el fondo idéntico y tiene una inquietante lectura en clave de actualidad: "La sensación generalizada de impotencia porque no podemos influir en los acontecimientos que observamos", dice, desde nuestra individualidad. Un concepto, el del yo, que "es la piedra angular de la modernidad" y que surge justamente de la mano de la tragedia de Shakespeare "como texto fundador".

El británico se refiere a la impotencia de los individuos frente "a los grandes desafíos, por no decir ataques directos a las sociedades democráticas" que son el pan de cada día desde el 11-S hasta el presente. Y dentro de ese capítulo, McEwan menciona tanto la crisis de los refugiados -"de la que la extrema derecha está sacando el máximo provecho", dice, y de la que le reprocha a la UE una gestión "nada ejemplar"- como el Brexit que ha partido en dos a la sociedad británica.

La impotencia en este caso del escritor es la de los 16 millones de ciudadanos (un millón menos de los que votaron a favor) que preferían quedarse en la Unión. "Desde un punto de vista cultural, social y económico el Brexit ha sido un auténtico desastre", declara McEwan. Y peor juicio le merece desde la perspectiva política "porque las decisiones apresuradas a golpe de plebiscito me recuerdan al III Reich", fustiga.

Y el problema en todo caso, asegura, no es sólo la frustración de casi media sociedad británica a la que ya no representan ni los laboristas ni los conservadores; sino "la agresividad y la violencia de los políticos impacientes y opacos que han tomado las riendas del proceso y atacan cualquier manifestación u opinión contraria". Incluso la de algunos jueces que han puesto obstáculos legales a la salida acelerada de la Unión y han sido víctimas de ataques a su vida privada por parte una prensa sensacionalista, advierte McEwan, al servicio de la intransigente casta política que dirige el Brexit. Una persecución que el británico identifica a "la época del Terror de la Revolución Francesa", dice sin ahorrarse imágenes fuertes. "El aire está muy cargado en el Reino Unido y da mal olor", concluye el autor que trabaja en la actualidad la adaptación cinematográfica de dos de sus novelas a la vez: Chesil Beach y La ley del menor, mientras escribe también una nueva que promete "estará a un millón de años luz" de las anteriores. Y no parece una observación trivial porque algo también olía a podrido en Dinamarca.

Cáscara de nuez

Autor: Ian McEwan

Editorial: Anagrama

Páginas: 224

Opiniones de un escéptico

  • "Desde un punto de vista cultural, social y económico el Brexit ha sido un auténtico desastre; las decisiones a golpe de plebiscito me recuerdan al III Reich"
  • "Mi personaje es consciente de que lo único que puede hacer para interrumpir o influir en el curso de los acontecimientos es nacer"
  • "Escribir siempre es un viaje exploratorio, tengas un mapa de terreno o no, y uno de los placeres de la escritura es la sorpresa"

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