Yente, la gran mujer detrás de Del Prete

Celina Chatruc
Celina Chatruc LA NACION
Composición en azul y verde, Yente, 1950
Composición en azul y verde, Yente, 1950 Crédito: Gentileza Roldán
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18 de agosto de 2019  

"Entre. Es algo que encoge el pecho, por su fuerza", le dijo Ignacio Pirovano al salir de la porteña Asociación Amigos del Arte, impresionado por la muestra que acababa de ver. Eugenia Crenovich, apodada Yente por su familia judía, siguió el consejo del reconocido abogado, pintor y coleccionista. Aunque no entendió qué le había atraído de esos dibujos clavados con chinches sobre madera por Juan Del Prete, a quien divisó rodeado de mujeres.

"Estos sí me gustan", comentaría meses más tarde en otra exposición del mismo artista, de origen italiano, que esta vez se acercó a saludarla. Era el año 1935 y se inició así un vínculo que no solo cambiaría su vida, sino también la historia del arte abstracto en la Argentina.

Del Prete había integrado en París un grupo de grandes referentes del "arte no figurativo" que incluía a Wassily Kandinsky, Piet Mondrian y Alexander Calder. Después de conocerlo, ella se convirtió en la primera mujer en el país en adherir a esta corriente. Ambos formaron una pareja imbatible, que sobrellevó con dignidad un largo período de indiferencia y burlas a su producción.

En los comienzos de su carrera, Yente debió lidiar, incluso, con el rechazo del hombre que intentaba conquistarla. "Son amanerados. Y, a pesar de las muchas rayas, vacíos", dijo él al ver los dibujos con los que ella había ganado premios en Chile. "Aunque Del Prete temiera que su brusca sinceridad hiciera tambalear nuestra comenzada relación, fue todo lo contrario", confiesa Yente en el libro sobre el artista que acaba de publicar la editorial rosarina Iván Rosado. Y agrega que, con la intención de abrir "un nuevo camino", juntos destruyeron aquellas primeras obras que le habían demandado tres años de trabajo.

En 1938, la joven graduada de Filosofía y Letras en la UBA comenzó a hacer collages con lo que tenía a mano: desde envoltorios de golosinas hasta los fósforos que Del Prete usaba para encender su pipa. Muchas de esas obras fueron creadas durante los viajes a Europa que realizó para apoyar la carrera de su marido, en un formato acotado por el magro lugar de producción: su espacio de trabajo se limitaba a una mesa de luz.

Así lo relata la curadora Adriana Lauria en el catálogo de una muestra dedicada a Yente el año pasado en Roldán. La artista había protagonizado otra con Lidy Prati en 2009 en el Malba, que tiene obras suyas en su colección, igual que el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Ironías del destino: "En los últimos años el interés se invirtió y Del Prete quedó relegado", asegura Liliana Crenovich, impulsora de la obra de ambos.

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