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El mate, el termo, un compacto comprado hace algunos minutos. Las manos no le alcanzan al flaco alto, con el cuello de la chomba levantado que casi le tapa las orejas, para abrazarse a sus preciados objetos mientras camina por la calle Suipacha rumbo al hotel Regente, donde se concentra el plantel de San Lorenzo.
El personaje es el uruguayo Sebastián Washington Abreu Gallo, de 20 años, o el Loco, como le dicen sus compañeros. Después de convertir un golazo en el clásico con Huracán y bailar break dance con el brasileño Paulo Silas, comenzó a convertirse en uno de los ídolos de la hinchada azulgrana.
No hay tiempo para descanso, mucho menos para festejos, el goleador ya espera el partido de hoy, frente a Deportivo Español, en esta interminable serie que ofrece el Clausura. "Hace siete meses que estoy acá y no pienso en ser la figura, así que no me presiona ese tema. Yo nada más tengo que seguir haciendo goles. Además esto es un juego y lo tomo como tal. El jugador siempre debe divertirse dentro de la cancha para que, a la vez, se entretenga el espectador."
En la cancha es inconfundible. El detalle del cuello de su remera, que además está siempre afuera del pantalon, las medias bajas que apenas le sostienen las canilleras. Abreu está viviendo en un departamento en Caballito. Este fue su debut en el clásico y casi ingenuamente reconoció: "Es la primera oportunidad que tengo para jugar ante Huracán y no lo viví como algo especial. Para mí fue un partido más. Entiendo a la gente que lo siente de otra forma, pero yo todavía no estoy metido en esa rivalidad barrial." Debajo de la camiseta de San Lorenzo o de la celeste, utiliza una que le regaló su padre, del seleccionado de Minas.
Aunque en Uruguay sólo jugó en Defensor Sporting, es fanático de Nacional de Montevideo (la bombilla de su mate está adornada con el escudo y el inconfundible Soy Bolso): "Desde muy chico soñé con jugar en Nacional. Mi padre me hablaba mucho de un argentino que fue goleador en el tricolor: Juan Carlos Mameli. También admiraba el juego de Waldemar Victorino (el autor del gol de la final Europeo-Sudamericana en Tokio, en 1980, frente a Nottingham Forest, de Inglaterra, cuando Abreu sólo tenía cuatro años), que es mi ídolo."
Cuenta el dirigente de Defensor, Franz Openheimer, que lo llevó a su club a los 16 años, cuando además jugaba al basquet con el ahora defensor de Juventus, Paolo Montero, en el Club Trouville, de su Minas natal, que "en uno de sus últimos partidos, que le ganamos 4 a 2 a Nacional, nadie entendía porque no gritaba el gol. Después nos enteramos de su fanatismo."
"El loquito fue goleador en todas la divisiones -explicó Openheimer-. Pero además era un delantero que, a su edad, entraba a la cancha con un desparpajo increíble. Un día le hicieron un penal y el encargado de patearlo habitualmente era el capitán, Jorge Da Silva (el hermano del Polillita, que jugó en River). El agarró la pelota, la puso bajo el brazo y le dijo: lo pateo yo . El Polilla no tuvo más que mirar como convirtió el gol con una pegada tremenda".
Seis goles en seis partidos (en cuatro de ellos ingresó como suplente) en la última Copa Libertadores, sirvieron como referentes para que los dirigentes de San Lorenzo confiaran en él. La trayectoria en su país no fue muy amplia. Jugó 28 partidos y marcó 8 goles en tres torneos.
Dicen que desde su llegada al seleccionado uruguayo el ambiente en los entrenamientos cambió. Francescoli está loco de la vida con su presencia. Ahora hay un clima más distendido, y pese a la difícil situación en la que se encuentra el fútbol uruguayo, gracias a él se permiten algunas diversiones.
Cuando viaja a Montevideo para jugar por las eliminatorias siempre se aloja en lo de su amigo Alvaro Recoba, que lo lleva a los entrenamientos porque no tiene auto allí.
Consultado sobre el porqué de su incorporación, el entrenador Juan Auntchain, que también lo hizo debutar en el campeonato uruguayo el 4 de junio del ´95, en la última fecha del torneo Apertura, frente a Liverpool, simplemente comentó: "Todos los equipos tienen que tener un loco." Su primer pedido fue que le permitieran usar su número de la suerte: el 13. Aquí en la Argentina, no se puede dar el gusto porque los titulares utilizan del 1 al 11.
Abreu contó porqué no pateó el penal anteayer: "Lo hablamos con Pipo . Me dijo que lo quería tirar él, que se tenía mucha fe. Contra Banfield, el que se lo pidió fui yo. Pero no vamos a tener problemas." También habló de su racha goleadora: "es posible que el gol a Gutiérrez haya sido el mejor de mi carrera, pero no me gusta prestarle atención a eso. Por más lindo que sea, o si le pego de un puntazo, valen uno. Y ganar vale tres puntos."


