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Se astilló el sueño del handball; duró sólo una semana; ahora, los vamos a extrañar a los muchachos que en el Mundial de Portugal nos atraparon con un deporte que, por aquí, pasa inadvertido, que de pronto -TV de por medio- se metió en el corazón deportivo de todos, vaya uno a saber por qué. Por lo tanto, hago la primera advertencia: no habrá que derrumbarse anímicamente por quedarse con las ganas de seguir en otra etapa del Mundial; yo diría todo lo contrario: hemos aprendido muchas cosas aquellos que miramos de reojo el handball; y creo que no soy el único.
Diré que en la primera aproximación -y de muchos que me siguieron en mi curiosidad- era saber si en el equipo estaba Martiniano Molina, un joven que, desde su rol de cocinero en el programa "Mariana de Casa", todos los mediodías por Canal 13, mediatizó -como dicen ahora- al alicaído y sufrido handball vernáculo como integrante de la selección que se consagró en el Panamericano realizado en Villa Ballester el año último. Sin el simpático cocinero en la cancha -no fue a Portugal- nos encontramos con otros personajes. Y uno que no se olvidará asi nomás: el arquero Canzoniero; cómo sufrió ese muchacho cuando era fusilado -pelota en mano- por los rivales; se enojaba con él, con los compañeros, con el mundo. No es una crítica; ni siquiera es la idea. En todo caso, el tono es de admiración para un puesto condenado -por los vericuetos del juego- a los goles más dolorosos.
Por ahí descubrimos a Gull, desgarbado e imparable en sus ataques goleadores; a un morocho cubano, Cruz Guerra, que se puso la celeste y blanca y la defendió con alma y vida. Como si fuese poco, hubo momentos que daban ganas de darle apoyo -aun a la distancia- al pasional DT Mauricio Torres, que se desvivió a la vera de las canchas por la suerte de la selección. Aquí freno mi derrotero revisionista por un razón: se termina el espacio y no quiero aburrirlos con mis observaciones elementales; pero ya está, no tengo retorno. Mi próximo desafío será refrescarme algunas cosas: el handball se juega en dos tiempos de 30 minutos, con siete jugadores en la cancha por equipos; las expulsiones tienen otro nombre: descalificaciones, y por el que dejó la cancha puede entrar otro después de dos minutos. Me olvidaba: en un penal puede entrar un arquero suplente e irse otra vez después del remate; sí, definitivamente los vamos a extrañar a los muchachos del handball, y tiene un gran valor: ni siquiera pasaron a la segunda etapa del Mundial.




