Murió Jan Timman, el titán occidental que desafió al poderío soviético en el ajedrez
Producto de una nación rica en este juego, el nueve veces campeón neerlandés fue un jugador completo y un teórico de primer nivel
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Países Bajos, o como antes lo llamábamos, Holanda, es de primera importancia si hablamos de ajedrez. Por muchos motivos. Todos los jugadores coinciden en que allí se desarrollan los mejores torneos. Los mejores en cuanto a comodidad, premios, condiciones generales. Y eso es así desde hace muchos años, a lo largo de casi todo el siglo XX, se podría decir. Exponentes de ello son campeonatos clásicos, como Wijk ann Zee y Tilburg.
Cuando la Unión Soviética imperaba en el ajedrez, Holanda era el país principal de Occidente entre los que le hacían frente. No sólo organizando los mejores torneos, sino también editando revistas y publicaciones ajedrecísticas de primer nivel, y, por supuesto, estaban además los jugadores neerlandeses. El del Mar del Norte es uno de los pocos países que han tenido un campeón mundial: Max Euwe fue el monarca entre 1935 y 1937. También fue presidente de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE), eminente teórico, y ajedrecista intachable en su conducta. Pero aquél a quien quiero recordar ahora es Jan Timman, que falleció hace pocos días a la edad de 74 años.
En los setentas, automarginado Bobby Fischer de la práctica del ajedrez, surgió en Países Bajos el sobresaliente gran maestro Timman, el único jugador occidental que por entonces, y durante un par de décadas, planteó una oposición seria y digna al dominio soviético. Jugó muchas veces con Mikhail Tal, con Boris Spassky, con Anatoli Karpov, con Garry Kasparov y otros campeones, y consiguió numerosos triunfos contra ellos.
Entre altibajos propios de un jugador de élite, sus logros deportivos son notables. Ganó nueve veces el Campeonato de Países Bajos. En trece ocasiones defendió los colores de su nación en las Olimpíadas de Ajedrez, la mayoría de las veces, como primer tablero, y su mejor desempeño en ellas fue el de Haifa 1976, cuando hizo 8½ puntos sobre 11 posibles y llevó a su equipo al subcampeonato. En Argentina obtuvo uno de los mayores éxitos de su carrera al ganar el torneo magistral Clarín en Mar del Plata en 1982, con un punto y medio de ventaja sobre el segundo clasificado, el húngaro Lajos Portisch, y dos sobre el entonces campeón mundial, Karpov, que empató en el tercer puesto con otros jugadores; Timman derrotó a ambos en sus enfrentamientos. Llegó a jugar con Karpov un match por el título de campeón mundial en 1993, en el que fue vencido al sumar 2 triunfos, 6 derrotas y 13 tablas.
Además de gran jugador, Timman fue un teórico de primer nivel, que publicó varios libros técnicos y análisis de alta calidad. Una vez que se retiró del juego activo, se dedicó a componer finales artísticos, una rama del ajedrez en la que también se destacó muchísimo y ganó muchos concursos.
Un aspecto de la singularidad de Timman era su aspecto personal. En una época en que los ajedrecistas eran personajes serios y graves, Jan lucía cabellos largos y vestimenta extravagante. Ese hippismo vino a ensanchar el perfil humano de los cultores del ajedrez, abriéndolo a más amplios sectores de la sociedad. De sus muchos libros, el que más me gustó fue Titans, en el que habla de su experiencia con los campeones del mundo. Cuenta sus relaciones personales con ellos, relata anécdotas y comenta algunas de las partidas que jugó con ellos mezclando triunfos y derrotas. También relata su único encuentro con Bobby Fischer, que era su ídolo, y con quien no llegó a jugar partida alguna. Dice que Fischer lo elogió como finalista, lo cual, aunque el neerlandés no lo revela, tiene que haber sido un motivo de orgullo para él.
Timman fue un ajedrecista completo. Otros campeones, cuando dejan de jugar, se dedican a otra cosa. Él, no. Estudió a fondo todas las fases del juego, y aun cuando dejó de competir siguió obsesionado con el ajedrez hasta el final, creando y produciendo obras inolvidables. El lugar que le cupo fue importante, porque Jan Timman ofició de puente entre dos mundos: el ajedrez grave y señorial de antaño, y el ajedrez libre e integrado de hoy.
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