

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
Tapa del diario madrileño As, martes 23 de marzo. El yugoslavo Predrag Mijatovic y el croata Davor Suker, de Real Madrid, comparten la imagen. Hay una paloma entre ellos y una entrecomillado por el que ambos rezan:"Paz".
Jueves 25, después del infierno y con las bombas que aún surcan el espacio yugoslavo. Mijatovic parece cambiar de opinión y apoya sin peros a su presidente, Slobodan Milosevic. No quiere que firme ningún alto el fuego. Y no está solo Pedja. Su compatriota Sinisa Mihajlovic, de Lazio, clama sin eufemismos:"Muchos morirán. Todos rezamos por que no sea nadie de nuestra familia". Mihajlovic también apoya al presidente yugoslavo:"Estamos orgullosos de él. Kosovo siempre perteneció a Serbia y no es justo el chantaje de la OTAN. Aunque bombardeen mi país, Milosevic no firmará".
// // //
Aunque bombardeen mi país, dijo Mihajlovic. Y nadie le recriminó la fiereza de sus palabras. Incluso Miroslav Djukic, de Valencia, agregó un poco de dolor a la idea de su compatriota:"Quizá sea mejor morir de repente y con orgullo antes que poco a poco".
Costaría entender semejante compromiso con la muerte de no ser porque, alguna vez, ellos explicaron personalmente, con mucho orgullo y con demasiada pasión, la carga nacionalista que les había quedado tras la guerra en los Balcanes. Como los croatas, durante el último Mundial ellos defendieron más que una camiseta de fútbol. Jugaron con todo el profesionalismo, pero más que un lugar en la clasificación final, ellos buscaron el honor de su país.
Mijatovic, que desperdició un penal ante Holanda, por los octavos de final, seguramente habrá sufrido más por la gente de Yugoslavia que por su equipo de fútbol.
Y por ese amor a la bandera es que ahora ellos, como personas públicas, toman la voz y defienden a su presidente. No hay opinión en este concepto. No viene al caso saber si tienen razón o no en apoyar a Milosevic. No reside allí el quid de la cuestión. Ellos sienten que nada puede justificar la acción de la OTAN. Y la fama les permite difundirlo.
No se esconden. Les preguntan por la guerra, por las bombas, y ellos contestan. Los consultan por aquellos familiares que no pudieron salir de Yugoslavia. Y ellos también responden. Hay dolor y se palpa que no quieren hablar, pero ellos igual se enfrentan con los micrófonos. Algunos lo harán por adoración a los flashes. La mayoría, en cambio, porque sabe que no pueden desperdiciar la repercusión mundial de sus inquietudes.
Se entiende. Nadie tuvo que contarles a ellos cómo suena la explosión de una bomba. Tampoco se enteraron por terceros cómo se sufre cuando sus familias quedan presas de un ataque aéreo. Y menos debieron recurrir a cuentos de amigos para saber qué se siente cuando hay que manejar a 200 kilómetros por hora para llegar a tiempo a la frontera y así escaparse del infierno antes de que las autoridades nacionales clausuren cualquier salida.
// // //
La guerra es una verguenza. Kosovo es para Yugoslavia como Asturias para España", pretendió graficar Marko Perovic, de Sporting, de Gijón. Ya es otro tema, aunque resulte ni más ni menos que el disparador del horror. De ese horror del que hablaron Mijatovic, Mihajlovic y el resto. De ese horror al que también se refirió Dejan Stankovic, de Lazio:"Puede que me haya quedado sin amigos. Una cosa así te destruye la vida.Estoy desesperado".
De ese horror que lastima...



