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DONETSK, Ucrania.- Muchas veces el deporte, esa actividad humana tan maravillosa plena de emociones y logros, ofrece historias como ésta. Que parecen guionadas, pero que minimizan a esas películas que las fuerzan. Porque a hechos iguales, la realidad siempre es mejor que la ficción.
Y lo que hizo ayer Renaud Lavillenie es totalmente real, en un contexto de ensueño. Fue a hacer lo suyo, lo que mejor le sale: saltar con una garrocha. Justo en Donetsk, donde se había establecido el último récord mundial, hacía casi 21 años. Y frente a nada menos que el hombre-leyenda de la pértiga, ese titán del atletismo que ha sido Sergei Bubka, dueño de 35 plusmarcas (17 al aire libre y 18 en pista cubierta). Primero dejó atrás fáciles 5,91 metros, sin fallar. Luego tuvo dificultades en 6,01; necesitó tres tentativas. Y entonces pidió 6,16 metros, un centímetro más que lo superado por Bubka en el mejor brinco de la historia.
Es que desde hacía tiempo Lavillenie se sentía capaz de quebrar semejante cifra. Era casi una obsesión. Presión no le faltaba: detrás de él estaba la escuela francesa de garrochismo, dueña de seis récords mundiales en los años ochenta. Pero el campeón olímpico de Londres 2012 tenía con qué: en el primer intento pasó 6,16 metros, y sin siquiera rozar la vara. Su cara de felicidad en la bajada, su mirada a la barra para certificar que no había caído, la ovación quedarán de por vida en su memoria. Renaud Lavillenie, ya dueño de medallas olímpicas y mundiales, se aseguraba un lugar en las estadísticas de todos los tiempos con un récord universal.
Y para que la historia fuera perfecta, se sumaron el aplauso y las felicitaciones del propio Bubka, y la aclamación de un público tan ucranio como el héroe recién batido en su tierra. Hidalguía absoluta. "Es un gran día, es una gran actuación. Esto es bueno para el atletismo. Se abre otra era en este deporte. Esperábamos que esto pasara y estamos contentos de que haya ocurrido aquí", celebró Sergei. "Estoy muy contento y orgulloso por Renaud, un gran atleta y un ejemplo por seguir. Es un campeón olímpico, ha logrado muchos éxitos. Es mi sucesor ideal", halagó el ex crack al nuevo crack. Y habló del futuro: "Este muchacho me suscita mucha simpatía. Estoy seguro de que no es su último logro; conseguirá otros éxitos brillantes", auguró quien aseguró no estar triste por haber sido desbancado. De hecho, recordó que pensaba que su récord sería superado antes.
¿Y qué dijo el fenómeno francés? "¡Esto es totalmente increíble! Sentía que podía hacer algo, tal vez no con esta facilidad. Pedí 6,16 porque es el mejor lugar para batir el récord de Sergei Bubka, 21 años después. Y superarlo en el primer brinco, sin tocar la barra... No hay nada más que decir. Es un momento para disfrutar", sostuvo, mientras se debatía entre creer y no creer lo alcanzado. "Tenía dificultades para darme cuenta de lo que ocurría. Me costará tiempo volver a poner los pies en la Tierra", afirmó, aún incrédulo... y confundido: "Me doy cuenta de que he pasado a otra dimensión. Quebrar un récord tan mítico implica pura felicidad", agregó.
Hasta el presidente de su país lo congratuló. "Es un logro excepcional, histórico. Renaud Lavillenie demostró una vez más su inmenso talento", manifestó François Hollande en un comunicado. El atleta agradeció a su familia, a su entrenador y a su equipo médico. "Sin todos ellos no estaría aquí", los reconoció. Y así aludió a su abuelo, Jean, que entrenó a su padre, Gilles. Además, Renaud aconseja a su hermano menor, Valentin, también destacado garrochista.
El mejor de todos nació hace el 18 de septiembre de 1986 en Barbezieux-Saint-Hilaire. No es alto: mide 1,77m. Y es liviano: 69 kilos. No corre muy rápido (11,04 segundos los 100 metros), pero sí encara a gran velocidad (casi 36 km/h) los últimos metros antes de la batida. Con su técnica, que hace honor a la talentosa y pulida escuela francesa de garrochismo, Lavillenie se proyecta alto. Le gustan otras cosas, como el parapentismo, las pruebas combinadas y el motociclismo (ha participado en 24 Horas de Le Mans), pero lo suyo es la pértiga. Y, aún pendiente un título mundial, quiere más.
Por eso buscó aumentar a 6,21 el récord ayer mismo, alentado por la generosa concurrencia. Falló. Pero tiene 27 años, y Bubka marcó los suyos definitivos a los 29 y los 30. Le queda tiempo para obtener todo lo que pretende. Pero ya es un astro fulgurante en el cielo del atletismo. Un cielo que hoy es un poco más azul. Azul Francia.


