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Basta con ir a un kartódromo. Pero siendo amateur, ¿eh? Se alquila un par de karts con amigos y se comparte la pista con desconocidos. Uno corre limpiamente, pero es posible que los ignotos jueguen a un vale todo, chocando al resto, con fruición y hasta cierta cuota de sadismo.
El automovilismo profesional se nutre del amateur, pero, en el local, eso de gozar el mal ajeno escasea; los pilotos se tratan por el nombre de pila y los recelos no suelen superar el enojo de ocasión. Pero la búsqueda de ventajas indebidas sí es una constante en TC, TC 2000, Turismo Nacional (sobre todo), Top Race...
Muestras sobran, como el último domingo en Río Hondo. En Fórmula Renault abundaron encerrones y topetazos; hasta un auto quedó vertical al ser embestido de frente. Otro terminó montado en un tercero, con una goma a decímetros del casco de un piloto. Rafael Morgenstern empujó a Leonel Pernía y éste, entre trompos, rompió en mil esquirlas un cartel publicitario. No le fue en zaga la final de TC 2000: entre otros incidentes, el propio Pernía le tiró el auto a Christian Ledesma a más de 200 km/h.
Las consecuencias de estas conductas afectan en tres planos.
1) El deportivo: se apela a una incorrección para obtener un bien en injusto desmedro del rival. Como en una toma de camiseta o un foul táctico en fútbol. Hay que ponerse en el lugar del perjudicado: enfada hacer méritos y que el oponente, con malas artes, impida el premio. En definitiva, recurrir a la innobleza es el modo más torpe de admitir la inferioridad deportiva.
2) El económico: en el profesionalismo, resultados e ingresos van de la mano. Y el progreso monetario de un atleta no debe estar sujeto a si a sus competidores les viene en gana o no el espíritu deportivo.
3) El vital: los choques a propósito son condenables, y más si se dan a alta velocidad. El cuerpo, y hasta la vida, quedan en jaque. En Río Hondo, Facundo Ardusso ganó en Fórmula Renault 94 días después de pasar cuatro dormido por un accidente en TN. Pernía, víctima y victimario, pudo resultar seriamente dañado y dañar seriamente. ¿Y el cargo de conciencia?
El automovilismo nacional es típicamente argentino: pasional y competitivo, caótico y ventajero. "En mi beneficio todo vale" es una idea implícita. Y es el justificativo para robar en otros ámbitos (y a veces se roba hasta la vida). No es casual: robar y trampear son parientes íntimos.
Dirigentes: no permitan esto, aunque los choques den rating.
Pilotos: los autitos chocadores son para los parques de diversiones. Ni siquiera para los kartódromos.

