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Ayer al mediodía se produjo el deceso de Jesús Ricardo "Kelo" Risatti, víctima de una larga enfermedad, en Laboulaye, Córdoba. Hijo del famoso Ricardo -el más fantástico "disparador de los años de oro", como lo calificaba Fangio-, "Kelo", nacido en Vicuña Mackena el 28 de noviembre de 1930, en cuanto podía hacerlo se presentaba a correr TC llevando el mismo número -85- con el que su padre ganó el GP de 1938.
Todo un formidable carácter, nunca dejó de ser protagonista. Y en el empeño, arriesgaba permanentemente, aún cuando la muerte fuera siempre una odiosa compañera de sus afanes. Salvaba la vida en el tremendo vuelco de la cuesta de Huaco, corriendo el GP de 1957, rescatado por Navone y Garavaglia. Iría ganando experiencia y dosificando su afán. En 1961, después de tres segundos puestos consecutivos en Carlos Paz, Olavarría y Santa Fe, se afirmaba en la punta del campeonato. Era tercero en Arrecifes y ganaba la Vuelta de Córdoba y en Hughes, en ambas seguido por Oscar Gálvez, nada menos.
El 27 de agosto, en la Vuelta de Rojas, a diez años y dos días de la desaparición de su padre, volcaba en una curva amplia por rotura de la transmisión. Alzaga lo socorría; su estado era muy grave y la temporada de 1961, la más formidable ejecutada por "Kelo", estallaba como un cristal. Decidía no seguir para no continuar angustiando a su familia.
Su hijo Ricardo estaba haciendo camino en el monoposto. Otro hijo, Gerardo, había perdido la vida en un accidente de ruta. Su nieto mayor acababa de volver de España, donde está buscando abrirse paso.
"Kelo" había disputado, aún dolorido, el último GP histórico y no quería rendirse. Ayer murió al filo del mediodía; es una forma de explicar que no está físicamente. Risatti es decir automovilismo. "Kelo" dejó dos generaciones caminando su mismo camino. Pese a la muerte.



