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BAHIA BLANCA.- "Dejo la pelota por un volante. No hay dudas de eso". Así, tajante, Leonel Pernía muestra su pasión por el automovilismo. La misma que desbordaba su padre, aunque la compartía con los estadios. Por supuesto todo lo que hace se lo vincula con Vicente, "El Tano", aquel férreo defensor del Boca de Juan Carlos Lorenzo que también supo ser protagonista del Turismo Carretera, hasta alcanzar el subcampeonato en 1997.
Pero Leonel se aferra a los autos. "El fútbol me gusta, por supuesto. Pero en realidad lo practiqué por una cuestión económica, porque no podía preparar un auto de competición. No me quejo, porque llegué a jugar en la reserva de Boca, y luego me gané la vida en los Estados Unidos, con el fútbol rápido. Pero amo la velocidad y la competición", confesó Leonel, de 31 años, tras su gran actuación en la última carrera que desarrolló el Turismo Competición 2000 en el autódromo bahiense.
Con un Honda Civic del equipo de Oscar Fineschi, Pernía logró el tercer puesto en la carrera clasificatoria y el sexto en la final. Demostró sus cualidades y el múltiple campeón Guillermo Ortelli (Renault) tardó 29 vueltas en superarlo. A tal punto que ni bien cruzaron la bandera a cuadros, Ortelli lo aplaudió. "Me sirvió muchísimo como experiencia. El gesto de Guillermo lo valoro muchísimo", reconoció.
En los boxes comparte cada detalle con su padre, que observa y piensa con detenimiento antes de cada paso. Pero Vicente se muestra reacio a hablar con la prensa de su hijo. "Todo esto es mérito de él, yo no tengo nada que ver", repite.
-Gracias a Víctor Rosso (máximo responsable de la estructura Honda en la categoría), que me cambió la vida y me dio la gran oportunidad, al igual que Fineschi. También me dio una gran mano Bruno Marioni -el delantero xeneize-, mi cuñado, que es fanático del automovilismo.
-Sí... Nos pegamos en el TC Pista, en Río Cuarto. El era mi acompañante. Pero siempre está al día con el automovilismo.
-¿A qué se debe que los futbolistas se sientan atraídos por el automovilismo?
-La adrenalina de una cancha llena te la da una carrera de autos. Y el público es muy apasionado en ambos casos.
-Pero el ambiente del automovilismo es mucho más tranquilo que el del fútbol.
-Seguro. Ojalá algún día el fútbol pueda vivirse como el automovilismo. Con mi papá vemos mucho fútbol por televisión y nos encanta ver a Estudiantes por su gente. Vemos que llenan las canchas, pero están las familias. Es como en los autódromos.
-Se habla mucho de la ida de Barros Schelotto a Estados Unidos. ¿Cómo es jugar allá?
-Los equipos norteamericanos son muy profesionales. Muchísimo. Pero el ambiente es totalmente distendido. Creo que para Guillermo será muy bueno. El es un emblema de Boca y dio todo por la camiseta. En mi caso, yo me fui en 2001, tras la debacle económica, junto con mi esposa, Denise. Allá nació mi hijo, Thiago. Jugué en Dallas, Chicago y Florida. Después volví y corrí durante tres años en el Turismo Nacional. Pasé por el TC Pista y ahora estoy acá, en el TC2000. Mi hija, Brianna, nació acá, hace cuatro meses.
-Estuve en 1997, con el Bambino Veira. Jugaba como marcador derecho. Mis compañeros en esa época eran Riquelme, Battaglia, Samuel, Rosada, Abbondanzieri y el otro mellizo, Gustavo.
-No lo vi jugar nunca a mi papá. Pero siempre lo acompañábamos a los autódromos. Lo vi correr. De todas maneras, él es el ejemplo a seguir, por la conducta, la perseverancia, el culto por el trabajo.
-¿Qué sentiste al ver a tu hermano Mariano jugar para la selección española, en el Mundial de Alemania?
-Un gran orgullo. Más allá de defender otra camiseta que no es la de la Argentina, fue impresionante verlo jugar en un Mundial. El día que España debutó fue de locos. Yo había viajado a Italia, luego volé a República Checa y me fui en auto a Alemania. Llegué al estadio y salían los equipos. Pero estuvo muy bien, a mi hermano, España le dio todo deportivamente. Y yo hinchaba por él.



