Una leyenda está de regreso

El segundo de los tres Torino de las recordadas "84 horas de Nurburgring", que fue recuperado después de 38 años, se exhibió al público en el Automóvil Club Argentino entre emoción y mucha nostalgia; ahora, sólo resta ubicar al último de los célebres autos de la gesta de 1969
Daniel Meissner
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29 de octubre de 2007  

La historia tiene estas cosas. A veces, el desapego por ella hace que a la postre, una conquista cobre mayor relevancia. Un coche abandonado a su suerte permitió que su recuperación fuera celebrada en grande por todos los que, de una u otra manera, aman al automovilismo deportivo argentino y sus hazañas. Es que no se trataba de un coche cualquiera. El que se recuperó fue uno de los célebres Torino de las mal llamadas "84 horas de Nurburgring", aquella carrera denominada oficialmente "Maratón de la ruta", realizada en 1969 en el intrincadísimo trazado alemán de las 172 curvas y en la que los tres coches argentinos, conducidos por nueve avezados pilotos, respaldados técnicamente por Oreste Berta y con Juan Manuel Fangio factótum de la misión, asombraron al Viejo Mundo.

Al regreso de esa competencia -que nuestras máquinas lideraron durante buena parte, mostrándoles a los europeos que aquí también se sabía operar con eficiencia-, un recibimiento multitudinario abrazó a aquella gente. Pero los otros artífices de la gesta (los coches) empezaron a perder protagonismo y a caer en el olvido. ¿Dónde estarían aquellas máquinas andando el tiempo? Uno de esos míticos autos apareció pronto, tal vez por haber sido el único que vio la bandera a cuadros. Era el N° 3, el que condujeron Oscar Mauricio Franco, Eduardo Copello y Alberto Rodríguez Larreta, que terminó en el cuarto lugar la exigencia y que hoy reposa en el Museo Fangio, de Balcarce.

De los otros dos coches, el N° 1 y el N° 2, el tiempo borró las huellas. Probables cambios de dueños, supuestos viajes al interior, confusiones con máquinas similares y el desgaste propio del interés y la curiosidad por ellos tejieron destinos desconocidos para esos dos poderosos 380 W.

No obstante, en silencio, había gente detrás de esas máquinas. Coleccionistas, fanáticos o simplemente buscadores de ítems diferentes. Rastreándolas por los más insólitos lugares del país y -por qué no- de naciones limítrofes. Tanta búsqueda dio sus frutos cuando el empresario Daniel van Lierde finalmente halló lo que tanto había deseado: el Torino N° 1, del que por varios años una réplica anduvo dando vueltas en exhibiciones de todo tipo y hasta ayudó a confundir a los desprevenidos.

Originalmente, como sus "hermanos de combate", el Toro N° 1 era blanco, con la bandera argentina, el número dentro de un círculo, los nombres de sus tripulantes en amplia letra negra y, refrendando su simple decoración delantera, una corona color naranja que circundaba a los faros. Lamentablemente, no fue así como lo halló van Lierde. Seis años de pistas inciertas terminaron con el encuentro de un coche deteriorado, oxidado en gran parte del chasis y a simple vista irreconocible, que un gestor de IKA se llevó a San Luis como parte de pago y luego fue adquirido por un camionero, para terminar abandonado durante 20 años a la intemperie en un descampado de Moreno.

Después de una escala en la Fortaleza de Berta, de varias aseveraciones de mecánicos de la misión argentina que constataron retoques y soldaduras, de charlas y discusiones, la autenticidad del mismo quedó sellada a fuego. El coche que llevaba el número más bajo (y que manejaron Luis Di Palma, Carmelo Galbato y Oscar Cacho Fangio) empezó a cobrar vida pública nuevamente. Aún sin saber si lo restaurará o lo dejará tal cual su estado actual para enseñarlo como la reliquia que es a generaciones que ni sabían de esa leyenda, van Lierde decidió llevarlo al Automóvil Club Argentino para presentarlo en sociedad. Como hace casi 40 años, cuando se embarcaba hacia Alemania para asombrar en el terrible "anillo" germano.

Restaurado o no, el auto N° 1 continuará sus días, seguramente, en un museo o en una colección privada que le dará su merecido abrigo. Como debió ser siempre. Después, comenzará un exhaustivo rastrillaje para dar con el hermano faltante, el N° 2, que condujeron Jorge Cupeiro, Gastón Perkins y Eduardo Rodríguez Canedo. Ese será un tema más complejo. Se dice que terminó volcado e incendiado en una competencia zonal, después de participar en alguna carrera de TC. Conjeturas que deberán ser confirmadas o anuladas, pero que no harán más que alimentar la búsqueda de los inconformistas de siempre. Los que con su tesón y avidez de reivindicar la historia, no hacen más que desempolvar las páginas de oro del deporte nacional. Y así, hacer justicia con ellas.

1 Torino de los tres que largaron la carrera llegó al final, el 23 de agosto de 1969; fue el N° 3, que terminó cuarto en la general y ganó su clase (autos de más de 3000cc).

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