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HAMBURGO.- Sólo faltaban minutos para el debut de la selección en el Mundial de 2002. Las planillas con las formaciones de la Argentina y de Nigeria ya habían sido repartidas por los voluntarios japoneses. De repente, en el tablero electrónico del estadio de Ibaraki apareció una leyenda que decía Ayala out, Placente in. La incredulidad se apoderó del ambiente. En la entrada en calor el Ratón se había desgarrado y esa fatídica tarde del 2 de junio se le grabaría entre los peores días de su vida. "Nunca había llegado mejor preparado a una competencia; estaba fuerte, rápido, me sobraba confianza", confesaría tiempo después. Como para hundir el cuchillo en esa herida que parecía que ya nunca lo dejaría en paz.
La mañana del 12 de junio, es decir sólo 10 días después, en un campo de deportes de Miyagi, Ayala corrió, giró, picó y simuló todos los movimientos de un partido bajo la atenta mirada del profesor Luis Bonini. No estaba perfecto, desde ya, pero si la Argentina esa tarde superaba a Suecia, para los octavos de final seguro que volvía. Su entereza ponía la firma. Iba a compensar la deuda de ritmo, la carencia de potencia atlética, con abundancia de coraje. Pero ya todos saben que ocurriría horas más tardes. Y para Ayala, el Mundial terminó sin comenzar. Saltó del banco con el último pitazo del árbitro Alí Bujsaim y se dedicó a consolar a sus compañeros; uno a uno los fue levantado de esa congoja que los mantenía clavados en el césped.
El desquite se demoró cuatro años. Una eternidad para la ansiedad de cualquier persona. ¿Sobrevolaron los fantasmas? "Y lo pensé, lo pensé. Se te cruza de todo por la cabeza. Yo traté de calentar bien, je, je. Pero antes ya me sentía bien, me había cuidado bastante en la semana , y advertía que mi cuerpo estaba bien. La verdad, me siento con fuerza", describió Fabián en la zona mixta. Sí, Fabián, porque sus afectos y todos los íntimos lo llaman así. Por ejemplo, sí el escribe un mail, lo firma así. ¿Y Roberto? Entre los Ayala, Roberto es el padre.
Alguna vez los Ayala defendieron juntos la camiseta de San José (con los colores de Boca), por la Liga Diamantina, cerca de su Paraná natal. Fabián tenía 16 años y su compañero de zaga era Roberto Camilo , su padre, que ayer estuvo en el estadio de Hamburgo. Toda una escuela de centrales. "La tarea defensiva fue buena porque en todo momento nos comunicamos. No tratamos de seguir tanto al hombre ni de cambiar de posiciones, un detalle que a veces trae bastantes problemas. Me voy contento. Empezamos bien, que era importante, pero creo que se puede mejorar aún más".
Se quedó con las ganas de festejar un gol. Hubiese sido perfecto, pero el árbitro no convalidó ese cabezazo que había cruzado la línea. Igual, su satisfacción se apoyaba en el rendimiento colectivo. "La actuación fue positiva porque se ganó, lo más importante. Había bastante ansiedad , estaban todos los ojos puestos en saber cómo iba a reaccionar el equipo. En el segundo tiempo nos faltó buscar más el arco. Tal vez tuvimos buena posesión de pelota, pero en lugares donde no trascendía el juego. Nos faltó encarar más e ir a buscar algunas situaciones que nos dieran respiro, pero no las tuvimos y entonces el equipo se fue tirando cada vez más atrás".
Experimentado en momentos amargos, Ayala nunca se va a jactar de una felicidad que vaya a saber cuánto durará. "En el otro Mundial también ganamos el primer partido y ya sabemos cómo terminó todo. Ahora debemos pensar en recuperarnos bien y después pesaremos en lo que viene. Seguramente veremos videos de Serbia, charlaremos y anotaremos las cosas que debemos ir mejorando Hoy la cancha en un momento nos quedó un poco grande, teníamos muy alejadas las líneas y esas son cosas que debemos mejorar", puntualizó, bien lejos de triunfalismos.
No le faltaron contratiempos a Fabián en el ciclo que encerraron los Mundiales de 2002 y 2006. La suerte, novia fugaz como pocas, casi nunca coqueteó con Ayala. Tal vez, apenas se haya acordado de él durante un mes, el de agosto de 2004, cuando se abrazó a la dorada gloria de los Juegos Olímpicos de Atenas. Aunque aquella final con Paraguay le pasó una costosa factura: cuando regresó a Valencia lo tuvieron que operar por la rotura del cuerno posterior del menisco de la rodilla derecha. Fueron cinco meses de inactividad. Volvió en febrero de 2005 y sufrió una fisura en la novena costilla del lado izquierda que lo mantuvo inactivo casi otro mes y medio. Y el 16 de diciembre de 2005 padeció la rotura del menisco externo de la rodilla derecha. Otra operación. "¿Por qué? ¿Por qué? No sé qué enseñanza puede haber detrás de todo esto", se preguntaba en la intimidad a través de largas charlas telefónicas del otro lado del Atlántico.
Todo le ha costado a Ayala. Hay imágenes muy puntuales en su carrera. El cruce tardío en el gol de Bergkamp que eliminó a la selección del Mundial de Francia. La muy poca continuidad que disfrutó en Milan. La participación en maniobras que le escurrieron a la Argentina dos títulos que parecían seguros: el gol de Amunike en la final de los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, ante Nigeria, y el de Adriano en el cotejo decisivo de la Copa América de Perú, en 2004, contra Brasil. La lesión que lo obligó a dejar la cancha en el encuentro entre Valencia y Bayern Munich, justo antes de la definición por penales que consagraría a los alemanes en la Liga de Campeones de 2001. O los insultos y las acusaciones de "pesetero" que debió digerir cuando lo acusaron de querer abandonar el club de Mestalla y cambiarlo por Real Madrid.
Igual, Ayala siempre se repuso. Y quizá allí se escondía el legado para tantos abatimientos: que el sufrimiento fuese la antesala hacia un mensaje de paciencia, esfuerzo y superación. Ahí estaba la respuesta a su pregunta: "¿Por qué? ¿Por qué? No sé que enseñanza puede haber detrás de todo esto? La enseñanza es él.
101 son los cotejos de Ayala en la selección; quedó a uno de Javier Zanetti y a cinco de Diego Simeone, el que más jugó
6 son los partidos que Ayala jugó en los mundiales; cinco fueron en Francia 98; en Corea-Japón 2002 estuvo lesionado
6 son los goles que marcó para la Argentina; ayer debió haber registrado el 7°, pero el árbitro no convalidó un tanto legítimo
1 sola vez fue expulsado; sucedió en el encuentro ante Perú, el 17 de julio de 2004, por la Copa América



