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Todo cambió en la vida del santafecino Carlos Baldomir desde el 7 de enero último, cuando se convirtió en campeón mundial semimediano y en el boxeador más “perseguido” por los distribuidores de millones de dólares en el gran negocio pugilístico. La historia de Baldomir, como cenicienta del boxeo ya se agotó. Fueron suficientes casi dos meses de recuerdos de su gran victoria sobre el norteamericano Zab Judah, como para dejar atrás filosofías deportivas sobre sorpresas e imprevistos.
El santafecino es ahora el eje central de la categoría semimediano (CMB) y por él pasan las gestiones boxísticas más impactantes del momento, asociándolo a futuras peleas con los boxeadores más populares. Baldomir nos recibió en el gimnasio de Miguel Angel Castellini, en el barrio de Congreso, en un paso fugaz por Buenos Aires, y habló de su futuro:
“La próxima semana viajo a Los Angeles para firmar el contrato de mi próxima pelea. Aún no hay nada seguro, pero pienso que lo más factible es pelear el 22 de julio con el canadiense Arturo Gatti, en Estados Unidos. Es una pelea que puedo ganar y me cotizará muy bien, sobre el millón de dólares. Sin embargo, Amílcar Brusa me anticipó una nueva posiblidad: pelear con el veterano Vincent Phillips, ex campeón mundial, de 42 años, a fines de mayo por una cifra semejante.
“Mi director técnico, José Lemos, y yo estamos convencidos de que Gatti es el hombre ideal. Pero vamos a escuchar todas las propuestas.”
–¿Cómo vive esta etapa de campeón y de millones a corto plazo?
–El boxeo siempre fue para mí un deporte. Y así lo vi desde los 5 años, desde que miraba las peleas de Monzón por televisión. Sentí lo mismo cuando empecé a boxear a los 15 años, pero en los últimos tiempos me di cuenta de que el boxeo es el mejor negocio de mi vida y lo aplico como tal. Les doy un ejemplo: cuando a veces me quedo solo en casa y nadie me mira, agarro el cinturón de campeón del mundo y le digo: “Te quiero mucho, no sabes cuánto valés...”
–Y ahora que maneja otro dinero y otros valores, ¿cómo es su vida?
–Gracias a Dios, mis cosas cambiaron, pero a la próxima bolsa, la que puede ser millonaria, todavía no la gané, así que espero llegar rápido al día que pueda cobrarla, tocarla y tenerla. Por ahora, le digo a mi mujer Graciela, con la que tengo cuatro hijos, que gaste más plata y que viva de otra manera, pero ella quiere ir por un terreno seguro y mantenemos nuestro tranquilo nivel de vida.
–Usted trabajó desde chico vendiendo plumeros y sufrió bastante en su infancia. ¿Eso lo ayuda a meditar mejor sobre este momento de éxito?
–Sí, puede ser. El tema de los plumeros –sonríe– me lo preguntan todos los días... Mi gran negocio como vendedor ambulante era ir por los pueblos y no ser pesado con los clientes, sino humilde y educado. Así hacía mis negocios. Siempre trabajé duro y nunca faltó comida o ropa en casa. A veces le pregunto a mi viejo por qué, si él trabajo tanto y en tantas cosas, a nosotros la niñez nos fue tan dura... Y nadie encuentra respuestas.
–¿A qué boxeador le tiene realmente ganas?
–Le tengo ganas a Floyd Mayweather. El es muy chiquito y sus golpes no dañan. Y yo de a poco aprendí a pegar y a hacer sentir mis golpes. Por eso, me gustaría pelearlo. Es más veloz que yo, pero menos fuerte. Además, creo que Judah le ganará cuando se enfrenten dentro de muy poco.
–¿Que pasó con su destitución como campeón, versión de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB)?
–Nada. Es muy simple: yo peleé por el título del Consejo Mundial de Boxeo, que es el principal organismo. Agregar el reconocimiento de la Asociación Mundial me costaba un buen dinero de mi bolsa con Judah y me costaría 75.000 dólares de aranceles en mi próxima defensa. Y eso no es negocio para mí. Pago por ser campeón del Consejo y eso es suficiente. Hoy, los desafiantes me buscan por lo que valgo y por lo que significo a la hora de ganar dólares.
Los ex campeones mundiales Miguel Angel Castellini (1976-1977) y Gustavo Ballas (1980) se encontraron con Carlos Baldomir en el gimnasio que el primero tiene en Congreso, conversaron sobre las primeras sensaciones de un flamante campeón y a modo de consejo le dejaron las siguientes advertencias:
Gustavo Ballas: “Tenés una gran ventaja, que está dada en que ganaste el título a los 34 años, maduro en el boxeo y en la vida. Eso seguramente te dará equilibrio para no desbandarte. Eso no me pasó a mí, que gané la corona a los 23 años y cometí un error imperdonable: no me puse el cinturón de campeón en la cintura... Me lo puse en la cabeza, y así me fue”.
Miguel Castellini: “Como campeón de la vieja guardia, me fue muy grato sorprenderme con una victoria de este nivel y ante un supercampeón como Zab Judah. Debe mantenerse firme en sus principios y notará algo fundamental en su próxima pelea: el crecimiento interior que le significará subir al ring como campeón mundial y no como un boxeador más”.

