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SAN ANTONIO (De un enviado especial).- El impresionante show dentro del SBC Center fue el mismo de siempre. Luces, música, una brillante organización, la belleza y armonía de las porristas, los entretenimientos proyectados por el enorme tablero indicador que cuelga en el centro del estadio. Todo igual, como cada noche. Sin embargo, algo faltó. Quizá magia, humor, o la seducción que irradiaba en cada jornada uno de los personajes más amados por los Spurs: El Coyote. O el "Entertainus Carnivorous", tal el simpático nombre artístico o científico de la mascota que se hizo famosa en la NBA mucho antes de que el equipo de San Antonio cobrara renombre o alcanzara algún éxito importante.
Seguramente en la Argentina pocos lo conocen, pues la televisión emite sus comerciales cuando llegan las interrupciones de los partidos y comienzan las actuaciones de El Coyote. Pero no tenga dudas de que es -o fue- una de las mascotas de mayor aptitud histriónica y humorística que hayamos visto en la NBA. Para morirse de risa, realmente. Que los técnicos pidieran minuto era un placer en San Antonio.
En realidad, la mascota sigue siendo la misma en su aspecto exterior, en las simpáticas piruetas y pavadas que derrocha durante todo el partido y, especialmente, en los tiempos de descanso de los jugadores. Pero su corazón es otro, su esencia cambió. Quien ahora encarna a El Coyote ya no es Tim Dereck, un desconocido y gris hombre de esta ciudad que durante más de 20 años escondió su oficio y conservó en el anonimato al verdadero artista que vivía adentro de ese muñeco. El hombre que las demás mascotas de los Estados Unidos trataron de copiar y que consideran el padrino de este negocio de entretener a la gente disfrazado de algún animal autóctono de la zona.
El 13 de febrero último, Tim Dereck, con 47 años, ingresó en el Centro Médico de Brooke, de esta ciudad, víctima de un derrame cerebral. Cinco días después, tras dejar el sanatorio en silla de ruedas por una parálisis que afectó sus piernas, los familiares decidieron revelar el secreto que guardó por 22 años.
La ciudad se conmovió. La mayoría de sus habitantes creció admirándolo, queriéndolo, pero sin haber conocido nunca su verdadero nombre. El Coyote no sólo actuaba en los partidos de los Spurs: llegó a hacer 500 presentaciones en un año, cubriendo festivales infantiles, concurriendo a clínicas y escuelas, participando en cuanto acontecimiento deportivo hubiera en la zona, y hasta animó fiestas de cumpleaños y despedidas. Fue siempre una personalidad dentro de esta pequeña comunidad muy tradicionalista. "El Coyote es más conocido que el alcalde", dicen aquí. Más que Duncan o el Almirante Robinson, dicen también.
Y generó mil anécdotas. Un día, le pidió a Dick Bavetta, uno de los árbitros más reconocidos de la NBA, que le diera un golpe en la cara. Era parte del número que iba a ensayar. Bavetta apuntó al mentón y le dio un puñetazo. Pero no sabía que Tim miraba por la boca de su máscara y le quebró la nariz. Pese a eso, a luxaciones, fisuras de costillas, problemas de meniscos y otras lesiones, El Coyote jamás faltó a un partido de los Spurs. "El show debe continuar", repetía Tim.
Hoy hay otros Coyotes. El se dedica a adiestrarlos, a enseñarles algunos secretos, mientras trata de recuperar lo mejor que tenía, sus piernas. Una oclusión provocada por una vértebra causó el problema. Y él no acepta que haya sido por soportar el peso de la cabezota de su disfraz durante 22 años, todos los días.
Cuando algún niño le pregunta "¿Es cierto que usted era El Coyote?", él responde "Solía serlo". Aún en el SBC Center algún hincha levanta la pancarta "¡Fuerza, Tim!" o "El Coyote sigue vivo", pero nunca tantas como en el partido siguiente a que se conociera la verdadera identidad del ser más amado de San Antonio.

