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SAN ANTONIO (De un enviado especial).– La escena fue insólita. Sucedió en uno de los pasillos del SBC Center. Gregg Popovich, técnico de los Spurs, fue al encuentro de Larry Brown, su colega de los Pistons, lo saludó afectuosamente, le puso una mano en el hombro y lo introdujo en su propio vestuario. No debe haber sucedido antes en una final que los entrenadores rivales compartan un vestuario.
Claro, esta historia tiene su porqué: son amigos desde hace muchísimo tiempo. El coach de Detroit dirigió a su ahora colega cuando éste jugaba en el nivel universitario y luego, cuando Popovich se dedicó a ser entrenador, en una pequeña universidad norteamericana (Pomona Pitzer), Brown le ofreció ser su asistente. Por ese entonces, Larry Brown acababa de asumir la dirección técnica de los Spurs, donde trabajó entre 1988 y 1992.
Es decir que los lazos que unen a ambos técnicos finalistas son muy fuertes. Tanto que Popovich, cuando ganó su primer título con los Spurs, en 1999, en la recordada final contra los Knicks, le regaló su anillo de oro a Brown. Un gesto de agradecimiento y amistad que hoy el adiestrador de los Pistons no deja de destacar ante la prensa. "Con gusto le regalaría el mío si ganamos el título", dijo el conductor de los Pistons. Aquí se habla del choque entre el maestro y su discípulo.
La estrecha relación también motivó que cada vez que Brown fue designado como principal responsable de los Dream Teams (Preolímpico de 2003 en Puerto Rico y los Juegos Olímpicos de Atenas 2004) eligió como ladero y ayudante al coach de los Spurs.
Además del afecto, los une el gusto por una filosofía de juego. Ambos priorizan la defensa como generadora de los triunfos y tratan de que sus jugadores no improvisen en las ofensivas, que respeten siempre un libreto táctico. Sus personalidades, incluso, son parecidas. Los dos buscan, por sobre todo, el respeto del jugador a todas sus decisiones y no se guardan reproches ni retos cuando la situación lo amerita.
Brown y Popovich, confesos admiradores del estilo de juego del seleccionado argentino, se conocen demasiado, obviamente. Por eso se supone que en estas finales no habrá margen para sorpresas estratégicas ni cambios de estilos. Todos piensan que la creatividad de los jugadores y el talento natural serán las claves de los éxitos de esta final que juegan desde el banco dos íntimos amigos.


