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SAN ANTONIO.– La historia de Emanuel Ginóbili y Fabricio Oberto es un milagro si observamos lo que pasaba hace 15 o 20 años, no sólo desde el punto de vista deportivo, sino por la amistad que los une; uno es bahiense y el otro, cordobés.
Es que en los 80 y buena parte de los 90, Atenas, de Córdoba, dominaba en la Liga Nacional y Bahía Blanca seguía siendo la capital del básquetbol. El enfrentamiento entre dos ciudades muy fuertes para este deporte llegó a la selección.
Guillermo Vecchio, entrenador del seleccionado entre 1992 y 1996, contó una anécdota sobre este distanciamiento: "Un día decidí terminar con esa historia. Fue en 1993, estábamos concentrados en una ciudad del interior de Cuba, preparándonos para una serie de torneos importantes. Dispuse que cada habitación doble fuese ocupada por un cordobés y un bahiense. Así que empecé: Hernán Montenegro y Marcelo Milanesio a una; a otra, Pichi Campana y otro bahiense... Pasó la noche y al otro día apareció Milanesio y me pidió por favor que lo cambiara. No se llevaban mal, pero eran muy distintos".
Es un recuerdo no tan grato, que marcó una época sin logros relevantes en la selección. No se trata de desenterrar viejas desavenencias o de ventilar intimidades negativas, sino de destacar los avances de hoy. En la cima de la nueva buena onda, sin regionalismo ni discriminaciones por procedencia, se encuentran Manu y Fabricio: un bahiense y un cordobés.
Se conocieron en 1996 (ver "Una sociedad que..."). Fueron al Mundial de Grecia, en 1998, y ambos partieron rumbo a Europa después de ese torneo. En el Viejo Continente, los contactos eran permanentes. Mail, chat, teléfono. Oberto y Ginóbili vivían conectados como amigos.
Respecto de la rivalidad entre sus ciudades, el tricampeón de la NBA dijo: "Yo no jugaba en aquella época; era chico, pero sé lo que pasaba. Creo que tuvo mucho que ver la competencia que surgía de los campeonatos argentinos –nunca jugué ninguno–, donde Córdoba y la provincia de Buenos Aires peleaban siempre por el título. Después siguió con Atenas, al que todos le querían ganar. Y quiero aclarar: es cierto que yo tuve una oferta de Atenas, pero en esa época quería seguir mi carrera en Europa y por eso no acepté". Y sostuvo, finalmente: "En la selección, nosotros nunca sentimos esa rivalidad".
Oberto le quitó importancia: "Yo nunca viví esa rivalidad, pero sé que había pica. Ahora sólo sirve para gastarnos algunas bromas porque año tras año nuestra amistad se fue fortaleciendo".
Frente a frente tuvieron grandes batallas. Primero, en la Liga Nacional. Tres veces se cruzaron en los playoffs, y luego en la recordada final de la Euroliga 2001. Manu, con Kinder, Oberto con Tau.
Ahora, cuando ya celebran el primer anillo de la NBA en sociedad, Oberto recuerda: "En la Liga le gané siempre. Creo que a nosotros (se refiere a Atenas), Estudiantes, de Bahía Blanca, nunca nos ganó un playoff. Me acuerdo que aquellos partidos terminaban 130 a 120; eran terribles. Nosotros queríamos mantener siempre un score bajo, de 80 puntos, pero contra Estudiantes era imposible. La agarraba Manu y no lo podías parar. Muchas veces nos acordamos con Manu de esos partidos y de su estilo. Tenías que atarlo; no lo podíamos agarrar. En Europa no nos encontramos tanto; que recuerde, sólo en la final de la Euroliga 2001, que fue muy pareja, hasta que ellos nos sacaron 10 puntos en el quinto partido y nosotros nunca pudimos equilibrar. Manu la rompió ese día".
Ginóbili cuenta lo suyo: "De esos partidos con Estudiantes me acuerdo de los golpes; todavía debo de tener hasta cicatrices de esos choques. Jugaban Fabricio, el Mili (Luis Villar), Diego (Osella). Los dos años que nos enfrentamos con Atenas quedé zapatero; creo que no le ganamos ni un playoff. Pero me desquité con Kinder. Ese Tau también era bravísimo, como Atenas: estaba Luisito (Scola), el lituano (Mindaugas) Timinskas, el Chapu (Andrés Nocioni). Lo recuerdo muy bien porque fue mi primer título grande".
El altruista pivote se cansó de ponerle cortinas a su compañero en la selección para liberarlo de marcas pegajosas y permitirle anotar muchos puntos en torneos internacionales. Y, a su vez, Manu lo recomendó para que San Antonio lo contratara y después colaboró en la adaptación como si fuese su hermano. Lo ayudó a establecerse, a buscar un buen lugar dónde vivir, le presentó sus amistades y lo guió dentro del equipo. "Lo tengo cansado; a cada rato le pregunto algo: cómo conseguir tal o cual cosa", contaba el cordobés durante sus primeros días en San Antonio. "¿Lo más insólito que me pidió desde que llegó a San Antonio? ¡Huy, tantas cosas! Una vez tuve que acompañarlo a comprar una guitarra", contó Ginóbili.
En esas salidas junto al bahiense, Oberto advirtió: "Es Dios; la gente lo ama y le abre todas las puertas. Es impresionante lo que lo quieren".
¡Quién lo diría! Un bahiense y un cordobés. Una dupla exitosa. Pero por sobre todas las cosas, una enorme enseñanza para el básquetbol argentino.


