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Restaban 5 minutos para el final del sexto partido con Phoenix por los cuartos de final del Oeste. San Antonio, que se imponía por un punto (72 a 71), buscaba, como visitante, el triunfo que le diese el pase a las semifinales donde, ya se sabía, esperaban Los Angeles Lakers, tricampeón defensor del título, que terminaba de eliminar a Minnesota (4 a 2) con una victoria por 101 a 85.
Emanuel Ginóbili quedó solo en un rincón y no dudó: ¡triple! San Antonio 75- Phoenix 71. Enseguida, 31 segundos más tarde, el argentino recibió otra vez la pelota, ahora con un rival encima. Tampoco dudó: ¡triple, otra vez! Todas las manos de sus compañeros chocaron con las del bahiense. Los Spurs empezaban a definir la historia y a superar un escollo durísimo como el de los Suns, que con una defensa zonal muy ágil lo complicó siempre y hasta puso en riesgo su continuidad en los playoffs de la NBA.
Pero fue triunfo de San Antonio en Arizona, por 87 a 85, y significó el paso a las semifinales del Oeste.
"En ese momento no sentí nada particular, sólo tenía ganas de recibir la pelota otra vez y meter el tercero seguido", contó Manu –en una charla telefónica con La Nación– desde su domicilio en San Antonio, tras regresar a las 3 de la mañana de ayer de Phoenix y dormir algunas horas.
Fue otra buena actuación: 12 puntos (0 de 3 en dobles, 4 de 7 en triples), 2 asistencias y un robo, en 29 minutos.
–¿Fue una serie más dura de lo previsto?
–Sabíamos que iba a ser un rival difícil, por talento, estatura y movilidad en defensa, y que no lo íbamos a ganar por 4 a 0, pero la resolvimos bien. Por ahí puede parecer que fue más complicado, pero hay que recordar que ellos ganaron un partido de milagro, de esos que se dan uno en cincuenta, con dos triples terribles y por tablero, y el segundo lo perdimos nosotros.
–¿Quedaste conforme con el rendimiento del equipo?
–Jugamos como siempre. Nosotros nunca ganamos fácil. Siempre fuimos un equipo laburador, que no le sobra talento,que tiene que matarse defendiendo y depende mucho de Tim Duncan en la ofensiva. Phoenix nos complicó porque dobló la marca sobre Tim y se agrupó abajo del aro para impedir las penetraciones y tomar rebotes. Además, en la NBA no hay tantas diferencia como en Europa o la Argentina entre el N° 1 y el N° 8. Inclusive, Stephon Marbury y Shawn Marrion estuvieron tremendos, metieron de todo. Igual considero que fue una serie muy positiva, que nos dio mucha experiencia y confianza. Era la primera vez que estábamos todos juntos en un playoffs.
–¿Por qué San Antonio no corre, no contraataca para solucionar esos problemas en las ofensivas estacionadas?
–Realmente, no sé. Es ilógico. Tenemos jugadores para hacerlo, Parker, Jackson y yo, pero no sale. Popovich (el técnico) nos pide que salgamos más rápido, que tiremos la bola a los corredores, pero nos cuesta. Es como que estamos acostumbrados a otro ritmo. Tenemos que cambiar la mentalidad. Por ahí esa falta de velocidad nos condiciona mucho a Jackson y a mí.
–Manu, ¿será por eso que San Antonio parece un equipo amargo, aburrido, que no termina de gustar?
–Puede ser. No somos un equipo vistoso y no lo fue antes. No nos armamos para lucir, para hacer un show. Pero si siendo amargos y aburridos me garantizan que vamos a ganar todos los años la temporada regular, lo firmo ya. Lo importante es que en los momentos decisivos hacemos nuestro juego eficiente. Lo de aburrido es entre comillas, porque nos da resultados.
–¿Como considerás tu actuación?
–Me parece que fue buena. Salvo el cuarto y quinto partidos, que no se me dieron las oportunidades Pero lo hablé con Popovich. Le dije que lanzando tres tiros por partido nunca iba a tomar confianza. Obviamente, en ese quinto juego perdí algo de fe. No se me dio el juego, evidentemente. También en momentos tan importantes es lógico que todos le den la pelota a la figura y no a uno nuevo.
–¿Qué te dijo Popovich?
–Nada, que siguiera igual, que eran partidos y partidos. Bueno, en el último tomé diez tiros y me fue bien.
–Tus estadísticas dentro del equipo igual son muy buenas.
–Yo siempre pienso que los números sólo dicen una parte de la verdad. Porque un triple en el último segundo no es lo mismo que uno en la mitad del partido. O un rebote que te cae en las manos con uno de saltas sobre tres tipos. Para mí son cosas relativas. las tengo en cuenta, pero hasta ahí nomás.
–¿Lo que más considerás, seguramente, deben ser los minutos jugados?
–Sin dudas. Nadie me regaló nada y me gané mucho tiempo en cancha, eso es lo que me pone más orgulloso.
–¿Tomás distancia a veces de lo que estas viviendo, no te parece algo increíble?
–Sí, sin dudas. Lo que sucedió en estos siete meses me parece increíble. Estar pasándole la pelota a Duncan o marcar a Kobe Bryant y a Tracy McGrady es casi un sueño.
–Hablemos de los Lakers, el próximo rival desde pasado mañana, cómo lo vive la ciudad, ¿qué pensás?
–La ciudad no sé, no salgo mucho ni leo tanto los diarios, pero el hecho de que nos hayan eliminado dos veces en playoffs significa mucho. Son los tricampeones y tiene a dos jugadores (Braynt y O’Neal) tremendos. Igual creo que no son tan poderosos como otros años, ya perdieron esa invulnerabilidad que tenían.
–Seguramente te tocará marcar a Kobe Bryant, ¿hay alguna fórmula para neutralizarlo?
–Yo lo voy a marcar cuando no esté Bruce Bowen en la cancha, pero no hay fórmulas válidas, hay que molestralo, limitarlo, tratar de que no tire tanto y no hacerle faltas, ésa es la idea. Hasta ahora me fue bastante bien cuando lo marqué, espero que ahora sea mejor.
–¿Es una final anticipada?
–Seguro que no. Muchos dicen eso, pero Dallas y Sacramento son dos de los equipos más completos de la NBA. Para mí es simplemente otro round más. Otro paso hacia el título.
Mientras se espera la resolución de la serie de los cuartos de final del Oeste que sostienen Dallas-Portland (3 a 2) y las del Este entre Orlando-Detroit (3 a 2) y Philadelphia-New Orleans (3 a 2), la primera conclusión que surge de estos playoffs de la NBA es que la paridad fue muy alta, quizá superior a la de los últimos años. Ninguna serie se definió por 4 a 0, ésa es la mejor evidencia. También lo es la victoria de Boston (precalsificado 6°) sobre Indiana (3°), que dejó en claro que cualquiera puede eliminar a cualquiera. Dallas saboreaba una barrida ante Portland cuando ganaba 3 a 0 y terminó sufriendo dos caídas consecutivas.
Orlando (8°) podía converitrse anoche en una gran excepción de los playoffs si le ganaba a Detroit, el mejor del Este de la serie regular. Un acontecimiento - que el 8° deje afuera al 1°- que sólo se ocurrió dos veces en los últimos 154 encuentros de playoffs de la NBA.
Y en ese arduo camino que quedó trazado hacia el título no hay dudas de que al N° 1 del Oeste, el San Antonio de Manu Ginóbili, le tocó el más complicado de todos.
Primero tuvo que eliminar al adversario que mejor se las arregló en todo el año para neutralizar a la estrella de los Spurs, el pivote Tim Duncan. Con una zona elástica, gran estatura y una confianza asombrosa, Phoenix se agrandó hasta límites increíbles.
Gracias a una estructura táctica respetada y muy aceitada, y a la polifuncionalidad y el altruísmo de Duncan, los Spurs sortearon el escollo después de mucho sufrir.
Ahora vienen los tricampeones, los Lakers, que acostumbran a enchufarse para los playoffs, que exponen todo su oficio en esta instancia y que tienen a Kobe Bryant y Shaquille O’Neal con un promedio de 61 puntos por partido, más del 60% de lo que emboca todo el equipo. Dos piedras que aparecieron en el camino por la pobre campaña de los Lakers en la etapa regular. Y si San Antonio sortea este enorme problema, tendrá que luchar con el N° 2 o N° 3 del año en el Oeste: Dallas o Sacramento. No habrá paz para los Spurs, todo será difícil.


