

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.


El retiro de Pablo Prigioni es un momento importante para el básquetbol argentino. Integrante de la Generación Dorada , medallista olímpico en Pekín 2008, campeón en España, integrante de la armada argentina en la NBA... Imposible no pensar en él como uno de los hombres más importantes en la historia de este deporte en estas tierras. Ahora bien: ¿es Prigioni el mejor base de la historia del básquetbol argentino? No es fácil la respuesta, pero su ubicación en este juego está, sin dudas, en el podio.
Y esta suerte de debate no se trata de un capricho ni de comparaciones odiosas. El disparador surge de los propios protagonistas. Porque Andrés Nocioni, ya en 2012, afirmó: “Prigioni es el mejor base argentino de la historia”. Hace unos meses, Nicolás Laprovittola, de otra generación que la de Chapu, lanzó la misma consideración: “Prigioni es el mejor base de la historia”. Incluso Julio Lamas, en su cuenta de Twitter, ubicó la base cordobés en un nivel que invita a pensar si realmente no lo es: “Se retira Prigioni, uno de los mejores de nuestra historia, gracias Pablo y que disfrutes la nueva etapa”. Hasta Manu Ginóbili, también en Twitter, dejó un mensaje que exalta la figura del ex Nº 8 de la Argentina: “Se despide un grande del básquet! Mil gracias Pablo en nombre de todos los jugadores a los que nos diste de comer en la boca!”.
No es simple la elección porque aparecen inmediatamente otros grandes nombres y apellidos, como los de Juan Ignacio “Pepe” Sánchez y Alejandro Montecchia, dorados en Atenas 2004. Ambos tienen un lugar determinante en la historia, por supuesto. Pero algo potencia la figura de Prigioni y la hace singular: muchos especialistas aseguran que el cordobés, además de tener una visión de juego única y de ser un pasador inigualable, tuvo el tiro de tres puntos de Montecchia y la defensa de Pepe Sánchez. Eso lo hacía un base casi carente de fisuras.
Es imposible no pensar en otros grandes del puesto, como Miguel Cortijo, Marcelo Milanesio, Eduardo Cadillac, Lucas Victoriano y Marcelo Richotti. Es verdad que las épocas eran diferentes y los contextos del desarrollo del básquetbol también. Pero cada uno con su estilo dejó un legado en la disciplina y es parte del asunto.
Lo más llamativo del caso es que Prigioni no nació como base. Lo suyo en 9 de Julio, de Río Tercero; en Social Ramallo y en Belgrano, de San Nicolás, era anotar. Era un goleador, pensaba más en el aro que en pasar el balón. Pero la historia de Prigioni tuvo determinados guiños que la hicieron aun más epsecial. En la temporada 1998/99 se cruzó con Tola Cadillac, que lo entrenó en Obras Sanitarias, y de su mano comenzó a transformarse en un especialista en el puesto. Y convirtió en un arte eso de pasar el balón. Tanto que en 2006, en la final por la Copa del Rey, de España, con la camiseta de Tau Cerámica (hoy “Baskonia”), fue elegido como el jugador más valioso, después de que registrara 3 puntos... y 15 asistencias (el récord histórico en la etapa de definición), 6 recuperos y 4 rebotes. “Alguna vez me dijo un entrenador que se puede ser el mejor jugador sin anotar puntos”, declaró Pablo.
El base de Río Tercero es reconocido no sólo en la Argentina por sus logros, sino que también en Europa su apellido está considerado en la elite, y allá siempre se destaca su intelecto para interpretar el juego. En una pequeña encuesta que se realizó en 2016 entre 20 especialistas argentinos y españoles, se consultó por el quinteto histórico de los jugadores albicelestes en la ACB, la liga de España. Apenas dos periodistas no eligieron a Prigioni como el base de ese seleccionado; los que no se inclinaron por el cordobés lo hicieron por Pepe Sánchez.
Otro hecho que permite dimensionar la importancia del cordobés. Luego de quedar libre de Fuenlabrada, en 2001, el base aceptó jugar en un club de la segunda categoría, Lucentum Alicante. Allí, de la mano de Julio Lamas, logró la Copa del Rey y ganó el campeonato. Y de ahí saltó a Tau Cerámica. Pero su huella fue tan profunda en Alicante que el argentino fue elegido por los fanáticos como el mejor base de la historia de Lucentum, incluso por encima del notable José Calderón y de Pepe Sánchez.
Prigioni explicó que ya no encontraba motivación para seguir compitiendo y que por eso anunció su retiro. Así disparó la duda sobre su lugar en la historia, un interrogante con miles de miradas. Ahora bien, ¿alguien duda de que el cordobés dejó un legado y enseñó cómo se debe competir? Por más debate abierto que quede, hay cuestiones irrefutables.
En la conferencia de prensa que brindó ayer Pablo Prigioni, un día después del anunciar su retiro, contó cómo había sido su último día como basquetbolista. “Sabía que iba a ser mi último entrenamiento. Cuando terminó fui al vestuario, me duché y saqué mis cosas del locker. Saqué todo y creo que mis compañeros no se dieron cuenta. Lo hice porque sabía que no iba a volver. Cuando llegué a mi casa le mostré a mi mujer mis zapatillas y le dije que se había terminado. No lo comenté más. Ni siquiera a mis compañeros de selección, con los que hablo mucho, porque iban a tratar de convencerme de que siguiera. Y como soy bastante cabezón, cuando tomo una decisión y estoy convencido, ya no hay vuelta atrás. Y para que eso pudiera suceder, necesitaba que no lo supiese nadie, anunciar el retiro y desde ahí avanzar”, reveló el base cordobés.


