Peñarol necesitaba tener su fiesta en casa

El conjunto marplatense ganó por primera vez un título como local; fue, sin dudas, el gran desquite de la final de la Liga Nacional perdida con Atenas
Miguel Romano
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22 de diciembre de 2009  

MAR DEL PLATA.- "Necesitábamos este título para recuperar el romance con la gente. Estaba todo muy frío, había más dudas que certezas. Necesitábamos volver a enamorarla." Justo cuando Sergio Hernández reflexionaba sobre el valor del título obtenido anteanoche por Peñarol en el Súper 8, tras vencer a Atenas 74-67, un grupo de exaltados interrumpió la solemnidad de la conferencia de prensa en las entrañas del estadio Polideportivo para festejar y meter mucho ruido. Sin violencia, con extrema alegría, convencidos de que hacían una travesura, los jugadores del vencedor, ya con las botellas de champagne en las manos, irrumpieron al grito de "¡Dale campeón, dale campeón!".

Lo merecía Peñarol, que fue el mejor y obtuvo una copa muy esperada. Jamás el club había podido festejar como local. Los tres campeonatos de su historia en la elite los había conseguido fuera de casa: la Liga Nacional 1994 en General Pico; el Súper 8 2007 en Neuquén, y la Liga de las Américas 2008 en Mexicali, México. Por eso, después de una final con todos los condimentos, que se definió en el último minuto, una multitud descorchó sus gargantas y exteriorizó su alegría al ritmo de los jugadores, que cumplieron con todas las ceremonias del campeón: recepción de medallas y copa en el podio, vuelta olímpica, corte de redes, baño de agua en la cancha y camisetas alusivas al acontecimiento incluidas. El rival, aunque sin Rubén Magnano, fue un incentivo extra. Atenas lo había amargado en mayo pasado y en el mismo Polideportivo al llevarse el título de la Liga Nacional en la memorable final que congregó más de 60.000 personas en 6 partidos. Había mucha sed de revancha contenida, está claro.

"Estuvimos muy compenetrados en lo que había que hacer y somos dignos campeones. Le cumplimos el sueño a mucha gente, por eso estamos tan contentos y felices; aunque ahora se viene lo más duro, la Liga Nacional y la de las Américas, que también intentaremos ganar", señaló Leo Gutiérrez, el protagonista principal de la hazaña milrayitas. ¿Por qué? Por muchas razones: porque hasta el año pasado jugó en Atenas y en junio optó por Peñarol, donde era el rival más odiado de los hinchas y hoy tan querido como el emblemático base Tato Rodríguez. También porque fue elegido el MVP del torneo y premiado por ser el goleador de la final (27 puntos). Tan importante fue que en los minutos decisivos, cuando Peñarol se quedó sin categoría para definir, todos los balones fueron para él. El adversario, atento a eso, se cerró en defensa. Pero en la jugada clave, Leo asistió a Marcos Mata, en soledad, y éste metió el triple del campeonato a 1m23s del epílogo. Gutiérrez, uno de los jugadores más ganadores del país, que tiene 6 Ligas Nacionales, nunca había conseguido un Súper 4 o Súper 8. "Nos sacamos la mufa, el club con esta fiesta y yo con el torneo. Se sentía la impaciencia de la gente, pero nunca dejaron de alentar", agregó Leo.

Mientras que Hernández cerraba con otro pensamiento: "Teníamos muchas finales y pocos títulos. Necesitábamos recuperar la química con el público, que ahora nos va a bancar más y nos va a animar a conseguir otras cosas".

Durante los festejos de Peñarol y en la vereda del Polideportivo, los policías dispersaron con balas de goma a la barra brava local, que les tiró una tarima de madera y otros proyectiles. En la refriega resultó herido en un brazo el efectivo Juan Manuel Rodríguez. Todo ocurrió cuando los hinchas esperaban la salida de los campeones, cerca de la una de ayer.

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