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Por Miguel Romano
"Se acabó la NBA... ¡No está Manu, quedaron afuera los Lakers de Kobe, eliminaron a las grandes estrellas de Boston, ¿qué vamos a ver ahora?, ¿a los arrogantes de Miami, con LeBron James y compañía?" La reflexión visceral y fundamentalista de algunos argentinos seguidores de la NBA no está exenta de exitismo, descontento y algo de desconocimiento sobre lo que pueden mostrar los inesperados finalistas de conferencia: Chicago-Miami, por el Este, y Dallas-Oklahoma, por el Oeste.
De todos modos, el apresurado análisis de nuestros simpatizantes no se distancia demasiado de la opinión general del hincha medio, que sintió desinflarse su interés porque poco conoce de Derrick Rose o de Kevin Durant, dos luminarias que en pocos años ocuparan los lugares de Kobe Bryant, Paul Pierce, Tim Duncan y tantos otros veteranos cercanos al retiro, y no imaginan lo que pueden esforzarse fenómenos como Jason Kidd y Dirk Nowitzki por sanar su terrible defecto físico; la falta de un anillo de la NBA en un dedo de las manos. Desmerecer la lucha tenaz, descarnada y furiosa de esta definición significa desconocer los juramentos que se hicieron LeBron, Wade y Bosh por concretar el sueño de un título que amasan desde que se juntaron en el Mundial de Japón 2006 para jugar por el seleccionado de los Estados Unidos.
Rose o Durant, ya encaminados al estrellato definitivo, son dos jugadores atípicos, con cero soberbia y nada tribuneros, que no se golpean el pecho tras una volcada y que sólo viven aprendiendo. El joven Durant, proveniente de una familia bien, tuvo profesor particular de básquetbol desde los diez años y, más allá de sus condiciones físicas asombrosas y un largo de brazos que le permite lograr volcadas espectaculares, fue capaz de convertirse en el líder y salvador de la selección de los norteamericana que obtuvo el Mundial de Turquía 2010. Rose, recientemente elegido el MVP de la serie regular (a los 23 años, el más joven de la historia), sigue el mismo camino. Desde que llegó al planeta de Michael Jordan, en Chicago, optó por escuchar, por abrir sus oídos a los consejos. Decía hace poco Chapu Nocioni: "Coincidimos un año en los Bulls. Me sorprendió su humildad y calidez, es un chico que sabe escuchar y le gusta aprender de la experiencia de los mayores".
Sobran atractivos para disfrutar de estas luces de playoffs, aunque por el parquet no corran Manu Ginóbili y Tim Duncan, no sorprenda Kobe Bryant con sus hazañas o no despierte admiración un triple con marca encima de Paul Pierce o de Ray Allen. Hay vida después de ellos. Y habrá que disfrutarla doblemente, pensando que dentro de poco más de un mes, exactamente el 30 de junio, se bajarán todas las persianas de las franquicias de la NBA. Los patrones declararán el lockout y empezará la huelga, el paro total, sin tiempo estimativo de resolución o cambio. En otras palabras, dejémonos deslumbrar por quienes pelearán por la corona, porque nadie puede anticipar cuánto tiempo pasará hasta que se juegue un nuevo partido de la NBA. Quizá sea recién en 2012. Como ocurrió en la temporada 1998, cuando el lockout hizo perder 32 de los 82 juegos de la serie regular.
David Stern, el comisionado técnico que comanda las negociaciones de los dueños, aduce una pérdida de 300 millones de dólares en esta temporada y pidió reducir en un 30% los salarios de los jugadores en el nuevo convenio laboral que deben firmar para la campaña próxima. También quiere reducir el tope salarial de 55 a 50 millones de dólares por equipo, compartir en partes iguales las ganancias (hoy el 57% es para los jugadores) y hasta habla de disminuir la cantidad de participantes (hoy son 30 franquicias). Billy Hunter, director del sindicato de jugadores, asegura que los "patrones" mienten y exageran, que es imposible negociar y que ni siquiera hay posibilidades de diálogos. Las dos partes se empeñan en decir que el paro es inminente, aunque fácil es pensar que nadie quiere perder tanto dinero si las fábricas se cierran. Mientras tanto, ayer Dirk Nowitzki deslumbro y batió un récord de tiros libres en la final del Oeste entre Dallas y Oklahoma. Todavía hay juego. Hay brillo, y podemos disfrutarlo.
Chicago y Miami, en la otra final
Anoche, en Chicago, los Bulls y Miami sostenían el 2do playoffs de la serie del Este. Chicago ganó el primero 103 a 82.
48
Puntos sumó el alemán Dirk Nowitzki, con 12 aciertos de 15 intentos en dobles, más 24 libres; fue en el éxito de Dallas frente a Oklahoma por 121-112. Además agregó sies rebotes, cuatro asistencias y cuatro tapas. Magnífico.
24
Los tiros libres intentados y anotados (100% de eficacia) por Nowitzki en el triunfo de anteanoche de Dallas en la primera final del Oeste. Fue récord de la NBA: superó a Dominque Wilkims (1992) que sumó 23 de 23.

