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Una de las grandes discusiones que se dio (y se da hoy) en el ámbito de los entrenadores es entre los que piensan: "Hay que morir con las botas puestas", los que son defensivos y les gusta jugar de contraataque y los que, en cambio, están más permeables a los contextos y las modificaciones: "Cambiar no significa traicionarse. Para ganar siempre es necesario tener un plan B y hasta un plan C". Edgardo Bauza, que encontró respaldo en San Pablo clasificando al equipo a los octavos de final de la Copa Libertadores, es de aquellos DT que se pone las botas para no perder el equilibrio. No le gusta cuando lo tildan de defensivo, se enoja, no lo acepta. Por que él dice que todo equipo debe nacer desde el orden y que los equipos equilibrados siempre tienen más posibilidades de alcanzar el éxito.
"Morir con las botas puestas" fue una figura que se utilizó (en el contexto de los entrenadores) para no traicionar sus gustos aun en momentos de adversidad. Por que hay directores técnicos que proponen un juego ofensivo, toman el riesgo como bandera y sostienen que no hay nada que los obligue a modificar el pensamiento. Ni una lesión, ni una superioridad del rival, ni un resultado abultado a favor. La coyuntura del fútbol argentino corrió a Bauza casi al otro extremo, aunque en realidad no es así. El Patón quedó expuesto quizás en la comparación con una nueva camada, más joven, que pregona otro estilo. Pero los motes son motes. Y una vez que, sobre todo en la Argentina, a un técnico le ponen una etiqueta, difícilmente se la saquen.
Lo cierto es que en "El Método Bauza", libro escrito por el periodista Ariel Ruya y realizado por la editorial Librofutbol.com que se lanzó en la actual Feria del Libro, queda claro el pensamiento del Patón. "El secreto del éxito es el equilibrio. Ni atacar solamente, ni defender solamente. Yo soy un enamorado del equilibrio, pero la palabra exacta, esa que dicta el diccionario. Jugar bien, en el fútbol, es lograr el equilibrio. Saber atacar y saber defender. El arte de evitar y conseguir", cuenta el técnico que llevó a San Lorenzo a tocar el cielo con las manos con la Libertadores 2014. Y agrega: "Si casi todos van adelante, quedan mano a mano en la defensa, corriendo riesgos estériles, sin sentido de la lógica, al menos tres contra tres y en siete u ocho momentos del partido. En el fútbol de hoy, es una ventaja ofrecida al rival descomunal".
En el libro habla de fútbol pero también de la vida, de cómo se formó como entrenador, de sus referentes, de sus gustos, su amor por Central, sus estilos, su liderazgo y explica cómo armó el San Lorenzo campeón 2014 desde su cuerpo técnico y la identificación que generó con sus futbolistas; analiza su paso por Liga de Quito, donde también levantó el máximo trofeo sudamericano. "Lo más importante en el fútbol es transmitir una idea que le llegue al jugador. Y lograr resultados. Porque la planificación siempre apunta a tratar de ganar", suscribe.
Pone por encima de todos sus maestros a Carlos Griguol: "No ganó la Libertadores, pero por su trabajo mereció ganar varias. Lo que soy, lo soy por él". Expresa su idea, pero repite que nadie tiene la verdad. Habla de los códigos en el fútbol, su modo de comportarse, el factor humano, y de una frase que empezó a generar el disparador en la previa de la final que el Ciclón le ganó a Nacional. Se levantó temprano, salió a caminar y pensaba: "A lo único que le tenía miedo era a la historia". El DT que diga que nunca sintió miedo antes de jugar un partido, miente. Y además, porque el Patón, al que tildan de defensivo, fue el primero en convencer al grupo de que San Lorenzo podía ser campeón de la Copa Libertadores. De todas formas, ese no fue su mayor logro. La mejor vuelta olímpica fue haber convencido a un plantel, que venía de ser campeón con Juan Pizzi, de que también se podía ganar de otra forma.



