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Para no ser menos que el ex atleta, las imágenes recorren la mente de Ben Johnson con la fugacidad del relámpago. Es mucho una década, y aquel episodio del Estadio Olímpico, en Seúl, es un recuerdo malo y borroso. El engaño del récord de 9s79/100 en los 100 metros, la suspensión por doping, el golpe de conocer la admiración y la verguenza mundial en cuestión de días...
Demasiado como para que el canadiense no intente aferrarse a una hipótesis que tal vez pueda dejarlo conforme. Diez años después, quien fue despojado de la marca y de la medalla en aquellos Juegos Olímpicos sentencia: "Todavía soy el hombre más rápido del mundo. Todo el que ha querido acercarse a mi récord ha fallado", le dijo en Toronto a la agencia EFE.
Brutal choque con la realidad. Porque aunque fuera el mismísimo viento el desafiado, Ben Johnson sabe perfectamente que semejante afirmación jamás podrá corroborarse en los hechos. Que por más esfuerzos discursivos, la marca le corresponde en estos momentos a su compatriota Donovan Bailey, con 9s84/1000. Y que no tendrá la oportunidad de recomponer su imagen deportiva, porque fue suspendido de por vida en 1993, tras dar nuevamente positivo en otro control.
Insiste, sin embargo. Se defiende. Acusa: "Yo no hice nada malo. Me usaron como un póster infantil sobre las drogas en el deporte, pero la mayoría de los atletas las usaba en 1988. Todos los que corrieron esa final usaban drogas".
Algo similar a lo que manifestó en una entrevista con La Nación , el 9 de julio de 1997, cuando dijo que todos los atletas de elite utilizaban drogas.
Esta semana, Johnson intentó sin éxito que la IAAF (Federación Internacional de Atletismo) le levantara la suspensión. "Tengo derecho a vivir. Quiero volver a vivir. ¿Qué debo hacer? Esto es un asesinato silenciado", dijo. Además, otra vez en el ámbito de las conjeturas, aseguró que la sanción le impidió ganar unos 100 millones de dólares.
La sustancia prohibida que consumió Jonhson en aquella competencia por los Juegos Olímpicos, el 24 de septiembre de 1988, fue Stanazolol, circunstancia por la que fue suspendido por dos años. Ese inconveniente, y la ya mencionada reincidencia cinco años después, provocaron que el canadiense fuera despreciado, incluso, en su propio país.
Por estos días, alejado de la alta competencia, Johnson continúa los entrenamientos. A los gritos, repite que es capaz de correr los 100 metros "en menos de diez segundos". ¿Verdadero? ¿Falso? Imposible saberlo. Su oscuro pasado le impedirá para siempre demostrarlo.
