Bianchi, un ganador... del juego limpio

Martín, esquiador ushuaiense de 27 años, recibió el lauro del COA al gesto deportivo 2008: por esperar a su rival accidentado, perdió la victoria en una carrera trascendente; aunque es un exitoso fondista, valora: "Es el premio más importante que me han entregado"
Martín, esquiador ushuaiense de 27 años, recibió el lauro del COA al gesto deportivo 2008: por esperar a su rival accidentado, perdió la victoria en una carrera trascendente; aunque es un exitoso fondista, valora: "Es el premio más importante que me han entregado"
Xavier Prieto Astigarraga
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12 de enero de 2009  

A los 9 años, Martín Alberto Bianchi intervino en su primera carrera de esquí. La competencia le dejó dos conclusiones importantes. Una, que tenía excelentes condiciones: venció por una gran ventaja. La otra, cómo debía comportarse frente al éxito. Ante elogios por su holgado triunfo, el niño contestó vanidoso: "Sí, podría haberme quedado tomando mate...". Pero lo escuchó papá Osvaldo y el reto no tardó. "¡No digas eso! ¡Callate! Siempre hay que respetar al contrario", lo aleccionó.

"Eso me marcó", cuenta hoy Martín, a los 27. En esos 18 años, pasaron muchas cosas: victorias varias, participaciones en el extranjero, un título de profesor de educación física, el trabajo con chicos y... un reconocimiento diferente: el galardón al gesto deportivo ejemplar de 2008, otorgado por el Comité Olímpico Argentino (COA). "Es el premio más importante que me han entregado", aprecia quien sabe de éxitos, numerosos y trascendentes, en el esquí.

El hecho que le valió el lauro tuvo lugar en la XXII Marcha Blanca, una maratón de 21 kilómetros por los centros invernales de Ushuaia, su tierra. A un par de kilómetros de la meta, luchaba por la vanguardia con el estadounidense Sam Evans. En una bifurcación confusa, su rival le preguntó, mirando hacia atrás, si iba por el camino correcto, y Martín le hizo un gesto afirmativo. Pero al darse vuelta, el norteamericano afrontó un salto y al caer, por un defecto del suelo, quedó encajado. "Yo lo esquivé y pensé «ésta es la mía», pero algo me decía que no. Porque eso no era producto de cansancio de él, sino de algo externo, de que no estaba bien el circuito ahí. Por eso frené y lo alenté a seguir; él se recuperó, yo seguí esquiando despacio hasta que me alcanzara y una vez que lo hizo tiramos juntos hasta el final y logró ganarme en el sprint, por bastante diferencia, 20 o 25 metros. Se notaba su superioridad. El no había tomado noción de lo que había pasado; después me agradeció, me felicitó y en la premiación quiso darme la copa", narra Martín a LA NACION, contento con el galardón del COA entre sus manos.

"Para mí es muy importante esta distinción. Me llena de orgullo, porque es una forma de actuar que he llevado adelante siempre, desde que mi padre me inculcaba ser un buen deportista", se regocija. Eso sí: la duda llegó a rondar su cabeza. "En el momento me pregunté: «¿Debía esperarlo?». Pero yo estaba tranquilo; sabía que había hecho bien. Pienso que lo que hace al desempeño del deportista por su cuenta, incluido un error, no tiene por qué recibir una condescendencia del rival. Pero esto no se debió a la fatiga de Sam; como era culpa del circuito, me pareció que ameritaba que yo lo esperara y nos midiéramos en condiciones de igualdad", justifica el fondista ushuaiense.

Y es cierto que perdió una prueba relevante. La desazón deportiva se sube a la balanza con la satisfacción moral. Pero ésta pesa más en su mente. "Tengo mucha más satisfacción así y, aunque en su momento fui campeón nacional y de la Marcha Blanca, éste es el premio más importante que me han entregado. Es mucho más importante. Mi familia y yo estamos muy emocionados y nos sentimos reconocidos por este modo de actuar y por hacer deporte de una forma distinta a la que se vende en la propaganda", estima.

Bianchi imparte educación física en un colegio primario y otro secundario. Tiene chicos a cargo. Y predica con el ejemplo. "Uno como docente siempre trata de inculcar esta conducta. Esta distinción va a darme más credibilidad y autoridad cuando rete a los chicos. Soy un convencido de que la buena acción es premiada; no es que uno, por ser bueno, termina siendo tonto", afirma seguro.

Ha de haber quienes lo consideren tonto, inocentón, ingenuo. Los que ejercen la viveza criolla. Esa que tiene en este estado a la sociedad. Pero Martín Bianchi es una muestra de que la nobleza, la caballerosidad, aún están en pie.

  • El doping en niños, toda una cuestión

    Profesor de educación física, Martín Bianchi trabaja con niños y adolescentes. Y se alarma por el avance del doping. "Es un tema difícil, sobre todo en el deporte juvenil. Si se lo legaliza, puede ser muy perjudicial para los chicos que los entrenadores les faciliten ese tipo de sustancias por el ansia de ganar o de sobresalir a temprana edad", advierte el deportista y docente.
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