

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
Más de una de las ideas a desplegar en este comentario merecerán el trato inconformista del que ante una frase que no le sale estruja el papel entre los dedos, despaciosamente, y lo retira con el dorso de la mano hasta dejarlo caer de la mesa al tacho.
Es que atrapar en el el puño de la justicia el tropel de ideas y de emociones que disparan los históricos episodios del domingo es tarea que recuerda la dificultad de escribir la historia en el presente.
Ha de decirse como primera conclusión, destinada esta a una segura aceptación, que nada podía sucederle mejor al torneo que esta final. El cuerpo poseído por el diablo del fútbol de este semestre exorcisó sus males, y cayó de rodillas, aliviado como un pecador que se redime.
Los tres puntos que separaban a Boca de Estudiantes podían ser, por qué no, los que dirimieron en la ocasión debida con aquella impoluta victoria xeneize. Pero a la conciencia del colectivo del fútbol le pareció siempre que esos tres puntos eran los que la barra brava y los dirigentes de Gimnasia, unidos como siameses por los hombros, ofrecieron al demonio.
Mientras Estudiantes redactó página a página, de puño y letra, sus derechos, a Boca pareció que el destino le metía la mano
Esa percepción de los hechos, sumada a la campaña arrasadora de los pincharratas, le retaceaban a Boca el reconocimiento de un auténtico campeón, lo cual nunca pasa por los propios hinchas, sino por la aceptación general. Y más allá de los fanatismos distorsionantes de los que, de todas maneras le negarían a Boca su aprobación, este campeonato -y hasta Boca mismo- necesitaban conocer su verdad con la crudeza que a veces se ruega a una amante.
Mientras Estudiantes redactó página a página, de puño y letra, sus derechos, a Boca pareció que el destino le metía la mano. A Boca, o al fútbol por sus pecados, aun si el equipo de La Volpe no mereciera ser involucrado. Lo más promtedor del alba del jueves para los auriazules es el pleno conocimiento de que pueden perder. Y no es lo mismo jugar sin concebirlo, que con miedo, ese atributo que nadie pondera y a veces tanto ayuda. Porque el libreto que le escribieron a Boca nada decía de derrotas. No se le ocurrió, en el 0 a 0 con Belgrano y, mucho menos, cuando iba 1 a 0 ante Lanús. Jamás creyó en lo que estaba viendo con sus propios ojos, con ese bajón de tres puntos en el rendimiento de cada uno de sus jugadores.
Y le pasaron cosas, como esa lesión de Dátolo que se sumó a la seguidilla de infortunios de La Volpe, y que lo llevó a poner al Pampa Calvo en un rol del que no sabía bien la letra. Y durante el partido -¡mire si le habrán dado goles en offside los líneas que marcaron el ataque de Boca hacia el Riachuelo!- los hinchas de Boca confiaban que Palacio rematara la tarde con un 2 a 0. Casi seguro Estudiantes lo iba a captar en el desconsuelo de su tribuna y ahi nomás Arsenal le metería un gol. Pero el destino levantó siempre la mano del línea, y a otra cosa.
A La Volpe justo viene a sucederle que Palermo, con la pelota picando en el punto del penal y todos los granates abiertos, la tira afuera. El línea, los goles perdidos, y el tipo –La Volpe- no sabe nada, que se vaya, que cumpla. Mirá si Calvo va a jugar ahí... que si hubiera metido ese gol, vaya y pase.
Se miran fiero el Cata y Pavone, se cuerpean Gago y Braña, se tira un lance Palacio y resopla el "Flaco" Alayes. Un poco de la vida que todavía vale la pena perder por un amor, está en juego.
Los granates... ¡qué bien Lanus! Cómo salieron a demostrar que Cabrero no quiso decir que negociaba el empate, sino que ese era un consuelo que de antemano aceptaba, no su objetivo.
Movieron y pumba, ya estaba claro que no había ningún regalo de fin de año para Boca. Ganalo si sos campeón, era el mensaje, y entonces fueron todos a presionar como leones. Y dale que te dale con la mentirita de hacer ruido por la izquierda con las zurdas prodigiosas de Leto, Archubi y Velázquez hasta que de repente, zas, el cambio para lo que los relatores llaman "un escurridizo puntero derecho", un petiso, ese Lautaro Acosta, de lo más atrevido que pasó este año por la Bombonera.
Y después apareció el embudo, el aguante y el más puro contraataque… ¿que más da, que otra hay? Es que había un Boca más pequeño que el de las distancias insultantes de los otros campeonatos, un equipo que si hoy empezara el nuevo torneo no sería el favorito rotundo del comienzo de la temporada, un equipo a escala más "humana", termina casi de punto.
Estudiantes, en cambio, es el galán seguidor que le pide a la más linda que lo escuche, que le acepte un café. "Hablemos dos palabras nada más", le dice,cargoso, y de pronto la muchacha que venia en silencio lo escucha y le da el pie. Ya está. Era lo que tenía que pasar, frase que suele decirse ante el cuerpo inmóvil de un guapo de Borges. Se buscaban como cuchilleros por los arrabales. Sabían que un día habrian de encontrarse, que aquello que los separaba, el asunto de los tres puntos, no podía quedar así nomás.
Ahi van, como se rumbea en noche de luna hacia una estación de tren abandonada, pero a la luz del sol incendiario de diciembre. Boca está con la cara tajeada. Y Estudiantes, al acecho con el saco enrrollado en la muñeca.
Se miran fiero el Cata y Pavone, se cuerpean Gago y Braña, se tira un lance Palacio y resopla el "Flaco" Alayes. Un poco de la vida que todavía vale la pena perder por un amor, está en juego.


