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El hombre luce sus galas en la sobriedad. Ni los compromisos de rigor que preceden a una gran velada, ni el caos de Buenos Aires con sus ruidos y sus olores parecen perturbarlo. Martin Murray es un verdadero señor inglés. Habla con cadencia de intelectual y piensa como ajedrecista. Erige la filosofía de los suburbios de Manchester, que lo vieron crecer con conceptos sanos, y mantiene los rasgos cotidianos de un extraño visitante: mirada torva a pesar del saludo amable y la declaración medida. No es para menos. Sabe que en estas tierras es más visitante que nunca y que el combate frente a Sergio "Maravilla" Martínez será la gran pelea de su vida boxística.
"Para ser el mejor hay que pelear con los mejores. Cuando me llegó la propuesta inmediatamente dije «me importa una m... quién es Maravilla, asegúrenme una buena bolsa que yo estoy en condiciones de vencerlo». Tengo la confianza necesaria para romper con los pronósticos y encaminar mi carrera hacia las grandes reuniones", arranca el diálogo con la nacion deportiva el actual monarca interino mediano de la AMB, quien en la pelea que se realizará en nuestro país (probablemente en el estadio de Vélez) no pondrá en juego la porción de su corona.
El combate entre Martin Murray y Sergio Martínez tiene varios condimentos para ser considerado un clásico. Los estilos de ambos sirven para enmarcar la pelea en el ring: zurdo (Martínez) contra diestro; estilista ante peleador; una estrella reconocida como Maravilla contra un novato para las grandes reuniones. Pero lo que alimenta el morbo e invita a pensar en un clima hostil de parte de los hinchas locales es el enfrentamiento entre un argentino y un inglés en un estadio de fútbol, en el que se entremezclan algunas cuestiones políticas que poco -o nada- tienen que ver con el deporte. "Los asuntos diplomáticos del pasado me tienen sin cuidado, no me importa lo que ha sucedido con las Falklands. Arriba del ring vamos a estar Sergio y yo solos. Si eso, en cambio, sirve para promocionar la pelea, bienvenido sea", admitió el inglés.
La vida de Murray, de 30 años, es un canto a la fe. Nació en un hogar pobre de Saint Helens, Manchester, pero no tanto como para dejarse ganar por la miseria. Se metió en el boxeo siendo un chico de 7 años, incentivado por John Chisnall, un curioso personaje del condado que poseía un gimnasio: "Nos agarraba del cinto del pantalón y nos llevaba sobre sus hombros al gimnasio", recuerda. Cuando cumplía con sus estudios primarios y secundarios, tenía tiempo libre para hacer changas y ganarse unas libras como vendedor de diarios y revistas. Dicho de otra forma: siempre fue un peleador.
"Este combate con Maravilla me permitirá arrancar mi camino hacia la gloria. Sé de lo difícil que me puede resultar, pero tengo mucha confianza en mis condiciones para ser un gran campeón", se anima a soñar el invicto Murray, quien posee un récord de 25 victorias (11 KO) y un empate.
El inglés llegó a la Argentina con el único propósito de presentar y promocionar la pelea del 27 de abril, al mejor estilo de Las Vegas. Entre la comitiva que lo acompañó está el ex tricampeón mundial Ricky Hatton, de 34 años, quien tuvo palabras de elogio para el boxeador argentino, sin dudar de las condiciones de su pupilo. "Maravilla es el segundo boxeador libra por libra de la actualidad y el único capaz, a mi juicio, por sus características, de vencer a (Floyd) Mayweather, pero Martin, en 2013, se encargará de avisarle que su tiempo en el boxeo está terminando", confesó quien fue unos de los pocos pugilistas que se enfrentaron y perdieron con el propio Mayweather Jr. y con Manny Pacquiao.



