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A los 78 años, el santafecino Amílcar Brusa, célebre director técnico de Carlos Monzón y partícipe de la carrera de doce púgiles ligados con el título mundial, decidió continuar, otra vez, su carrera en los Estados Unidos.
Hoy arribará a Los Angeles y con la supervisión del manager yucateco Rafael Mendoza podría incorporarse a la dirección técnica del invicto mexicano Ricardo López, campeón minimosca (FIB) y poseedor del récord mundial de 16 años sin derrotas.
Brusa renunció a su cargo de director del gimnasio de la Federación Argentina de Box (FAB), que lo había repatriado hace cuatro años, tras un largo exilio deportivo.
- ¿Cuáles son las razones de su decisión de volver a emigrar?
-La Argentina se transformó en un país en el que el deporte sólo tiene espacio y atención para el fútbol. A eso agregue los problemas que tiene el boxeo, en cuanto a promoción y actualización de sistemas y entrará en un verdadero callejón sin salida.
El último empujón lo tuve en diciembre cuando mi pupilo Ricardo Sotelo ganó el título argentino de los semipesados y cobró 1500 pesos. Me pregunté si valía tanto el esfuerzo de entrenar y trabajar por este dinero del cual no puedo tocar siquiera mi porcentaje por una cuestión elemental. No sólo eso: los diarios y los medios no informaron nada. No sacaron una línea. Estos temas, veinte años atrás significaban que fuera tapa de El Gráfico. ¿Me entiende?
- Usted volvió con todas las esperanzas al gimnasio de la FAB. ¿Los otros entrenadores lo vieron como a un maestro o como a un invasor?
-De este tema mucho no quiero hablar. En mi primer día alguien me dijo: "Brusa, ya hemos dirigido por todo el mundo. O sea, que estamos a la par de los mejores... ¿Nos entiende?" Yo respondí: "Aún aprendo de los que llevan el balde y voy para 80 años."
Aquí siguen creyendo que se puede ganar una pelea tirando veinte golpes por round. Y eso no va más. Ahí tuve mi primera gran resistencia y sólo Jorge La Hiena Barrios me hizo caso al duplicar su ritmo de pelea y los lanzamientos cuando ganó su título mundial en Italia.
- Luego, el mismo Barrios y el mendocino Pablo Chacón decidieron prescindir de sus servicios... ¿Cómo lo tomó?
-¡Por favor! Eran muchachos que querían entrenarse un ratito y basta... Hoy sí , mañana no... y así les va. ¿Sabe cómo se entrenaba Monzón, aun cuando era súper estrella? A veces me acuerdo, comparo y no puedo creerlo.
- Usted y Tito Lectoure, estando en lo más alto de los negocios, se pelearon a muerte y para siempre. ¿El boxeo de hoy tiene lugar para situaciones como éstas?
-Otro honor y otros tiempos. El boxeo de hoy está mercantilizado y para los mercaderes el negocio es lo principal.
- ¿Qué boxeador argentino recomendaría en los Estados Unidos?
-Alberto Sicurella, el campeón de los livianos. Mas allá de virtudes y defectos, es uno de los pocos con visión de conducta y esfuerzo en el boxeo profesional. Está esperando una oportunidad y quizá la tenga.
- Las carteleras de la FAB son deficitarias en cuanto a cantidad de boxeadores y calidad de los programas. ¿Qué opina?
-Este es el gran problema del boxeo argentino. Entrará en una falta de renovación de valores que será grave. No supieron programar a valores en ascenso que se fueron perdiendo y llenaron las reuniones con boxeadores sin futuro. Y costará rever esta situación.
- Siempre preguntan por Monzón...
-Por suerte. Y siempre me encargo de recordar que Carlos fue un nacionalista de verdad, que quería a la Argentina, que peleaba para su pueblo y por el orgullo de su pueblo. Pero olvidó algo vital en el desarrollo de su vida: que algún día se deja de ser campeón mundial y hay que volver a ser un ciudadano más...



