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Linda tarde de viernes en Cañuelas. En Vicente Casares, más precisamente, donde a espalda del country La Martona (ruta 205) se ubica La Dolfina. No hay más que pasar por donde la tranquera se interrumpe y lleva a recordar aquello de "entre en mi pago sin golpear". Es el lugar en el mundo de Adolfo Cambiaso, sucesor del quinto homónimo consecutivo en su familia y actual rey del polo. Con sus calificadas huestes, Bartolomé Castagnola (cuñado y amigo de siempre), Mariano Aguerre y Lucas Monteverde (h.), Adolfito conquistó Palermo por quinta vez al alzarse con el Argentino Abierto, hace 16 días.
Es el "monstruo" que convirtió 15 de los goles con que La Dolfina ShowMatch batió al encumbrado Ellerstina Etiqueta Negra por 20-19 en una vibrante final, por él definida con una corrida memorable en un chukker suplementario. Es "el Maradona del polo", lo califican varios. Es para algunos el mejor de la historia, o el segundo mejor, detrás de Juan Carlos Harriott (h.). Es el que dejó hace cinco años la seguridad del ala protectora y proveedora de Gonzalo Pieres para lanzar su propio equipo. El que en 1994, con 19 años, se convirtió en el más joven polista en llegar a los 10 goles de handicap, que, por ahora, con 30, nunca abandonó. El que llevó los colores de Nueva Chicago a la camiseta de La Dolfina y luego atrajo a Marcelo Tinelli al polo. El que es admirado, pero a la vez no favorito del público.
Todo eso es Adolfo Cambiaso. El que está en ese reducto sin puertas, a punto de recibir a LA NACION.
-¿Qué se siente al hacer un gol de oro en una final de Palermo?
-Tantas cosas... Es lo que uno busca durante el año. Piensa en la familia, los petiseros, lo que se vive en ese mes del Abierto. Es un festejo no sólo mío, sino también de tanta gente que está detrás. Hay muchas cosas en ese gol. A medida que va pasando el tiempo, uno va abrazándose con todas esas personas y sigue festejando.
-No te gusta que se hable de cambiasodependencia. ¿Qué le contestarías a quien piensa eso de La Dolfina cuando ve 15 goles de Cambiaso y que en un alargue, siendo Nº 1, empieza todas las jugadas y los compañeros le quitan las marcas para que él juegue?
-Eso es muy planificado. En la final fue clarito que jugamos cuatro chukkers de polo abierto, de primera, corriendo, y cuatro en que cambiamos el ritmo y mostramos otro juego. Estaba todo previsto. Sabía yo que podía jugármela con fe porque tenía un compañero como respaldo... Podríamos haber perdido y el cuento sería otro: que Cambiaso se la come, que juega mucho... Pero bueno: yo tomo los riesgos. Siempre me gusta tomarlos. Mis compañeros apoyaron esa decisión de que yo agarrara la pelota en ciertos momentos y punto. Ellos ganaron el Abierto, subieron todos de handicap y no se sintieron menos porque yo hubiera hecho el último gol.
-Pero que vos tomes la pelota en los momentos difíciles puede implicar que haya una cambiasodependencia, aunque sea programada y no espontánea. ¿O no?
-Está bien, pero se dio así. Pero si no tengo mis tres compañeros que me tomen la sopa, no puedo hacerlo. La idea fue más de Lolo [Castagnola] que de otro. Yo no quería. Lucas sí y, obviamente, Mariano se sumó. Ellos tomaron muy bien las marcas; si no, yo no lo habría hecho. Y lo hicimos en el final, no en todo el partido.
Surge un tema espinoso: el partido ante Chapaleufú II, en que La Dolfina ganó por 13-12 y pasó a la final; su vencido debía triunfar por 11 o más goles, pero cayó por poco y no ayudó a su archirrival, El Paraíso, a clasificarse.
-Con una mano en el corazón, ¿podés jurar y perjurar que ese partido no fue arreglado?
-Te juro.
-¿No hubo una llamada para que La Dolfina ganara por uno?
-No. Nosotros jugamos. Sabíamos que ellos no iban a jugar a full. Yo repetí mis caballos. Fue un partido muy tranquilo porque ellos no tenían ninguna posibilidad. Yo te digo de mi lado: nosotros queríamos llegar a la final del Abierto. Y se logró.
-¿Sin llamada de por medio?
-Yo no hablé con nadie. Yo quería llegar a la final del Abierto.
-¿Cómo fue el acuerdo con Marcelo Tinelli? Llama la atención que no haya un peso en medio.
-Fue pura y exclusivamente de onda. Que él se metiera al polo era algo muy bueno para el deporte, y le fue bárbaro. Y ahora, con Ideas del Sur, estamos tratando de hacer exhibiciones benéficas, cosas para las que el polo ayude. Queremos hacer una en Inglaterra para recaudar plata y traerla acá.
-A Tinelli le gustó tener un equipo, ser su auspiciante. ¿Cuál fue el beneficio para La Dolfina?
-Tener atrás a Tinelli siempre es bueno. Pero yo creo que, más que a La Dolfina, ayudó al polo.
-¿Lo hiciste más por el polo que por La Dolfina?
-Sí. El tampoco vio la parte comercial; se propuso divertirse, y se divirtió. Fue muy bueno para el polo: a la final de Palermo fueron 17.000 personas, pero cuando estuvimos en el programa lo vio mucha gente. No sé cuántos puntos de rating hizo, pero...
-Marcó 21,8 de promedio, con picos de 24.
-Eso es bueno para el polo.
-Más allá de los títulos, ¿querés quedar en la historia por el aporte de popularizar el polo?
-Y... Fui criticado de mil maneras, pero popularicé un poco el polo. Por lo de Nueva Chicago, que cuando ganamos salió en tapa de Olé... Ahora salió en Clarín un suplemento que no solía salir... Son cosas que suman, ¿no? Más lo de LA NACION... Ahora está Marcelo... Quiero que de a poco sea más popular. Creo que fui lográndolo y que se va logrando. Puedo ser criticado como no, pero en eso van a tener que recordarme, seguro.
-Te gustaría, entonces, ser recordado por eso.
-No, no... No "ser recordado", sino que a través de eso el polo llegue a tener más auspiciantes el día de mañana. ¿Por qué no?



