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Durante los últimos dos días, en Villa Maipú, más precisamente en el conventillo de la calle Gutiérrez -punto de encuentro de los barrabravas más representativos de Chacarita-, que está a dos cuadras del estadio del equipo tricolor, el movimiento fue constante.
En primer lugar, un grupo de simpatizantes de Chacarita realizaron una colecta de dinero en varios comercios de San Martín para ayudar a sus compañeros heridos, luego de los incidentes en la Bombonera.
Según los vecinos del lugar, también hubo rencillas permanentes entre los hinchas más jóvenes y los jefes de la barra brava. El punto en discusión es que los chicos de la barra querían vengar rápidamente la emboscada sufrida en el estadio de Boca.
Además, los jefes fueron cuestionados porque cuando se enteraron del acto delictivo que preparaban los xeneixes pospusieron la salida del ómnibus que iba a salir desde San Martín hacia La Boca. Desde que Luis Barrionuevo asumió como presidente de Chacarita, de esto hace cinco años, la barra brava está dividida en dos grupos. El sindicalista gastronómico acordó un pacto de no violencia con los barrabravas de más poder y echó del club a 15 cabecillas de los grupos más jóvenes.
A cambio de buena conducta, Barrionuevo les dio la concesión de los puestos de venta de bebidas en el estadio de Chacarita. Además de esta fuente de trabajo, Muchinga, jefe de la barra brava, maneja una ambulancia que pertenece a una fundación emparentada con el sindicalista. Como si fuera poco, en el último Mundial los premió con pasajes a Francia. Antes de los incidentes en el amistoso con Boca, fue el propio Muchinga el que designó a Daniel Benedetti (uno de los hinchas más heridos), conocido como Pajarito, como el encargado de hablar con las hinchadas de Chicago y de Morón para tratar de conciliar una tregua en lo que queda del torneo de la B Nacional.


