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Los chicos lo saludan y lo persiguen por uno de los tantos recovecos que existen en el barrio de Ciudad Evita. Los grandes le gritan desde sus casas, mezclando admiración y orgullo. Y Mauricio Hanuch les responde con una sonrisa. No importa que hace apenas 24 horas fuese la figura, y autor de dos goles, en el histórico triunfo por 4 a 0 de Platense sobre Boca. Se percibe que nada es armado, ni tampoco producto de una casualidad. El respeto mutuo que se demuestran es el de siempre, el de todos los días.
"Acá nací y acá me crié. Yo pateaba con mis amigos, los mismos que tengo ahora, la pelota en el potrero de acá a la vuelta. Jugábamos unos torneos... Eran bravísimos. El que ganaba se llevaba la plata de la inscripción, y por ahí, alguna que otra piña", recuerda Mauricio. Y será por eso que se ríe de los jugadores que le hablan en un partido de primera:"¡De qué me voy a asustar!, si hasta no hace mucho tiempo, las patadas más chicas que me tiraban eran a la altura del pecho".
El lugar en el que vive junto con su familia es humilde. Al igual que su contrato con Platense, que venció en julio del 97 y que está a punto de renovar. En esos papeles que lo unen con el club está resaltado con un marcador la cifra que recibe por mes:600 pesos. "Mi viejo -Alcides- trabaja en la Municipalidad, pero antes vendía bolsas de residuos por la calle. A pesar de no tener muchos recursos y de que no me podía dar ningún lujo, hizo todo lo que pudo para que no me faltara nada. A él y a mi vieja -Ignacia-, le voy a estar agradecido toda la vida", afirma y a su padre se le escapa alguna lágrima.
"Apenas entré a la cancha se me nubló la vista, no lo podía creer. Me costó como 15 minutos poder concentrarme", confiesa. Menos mal, porque a los dos minutos ya había clavado un golazo en el ángulo izquierdo del arco de Boca. Tantas veces fue a alentar al equipo xeneize, incluso mientras jugaba en la tercera de Platense, que, según sus palabras, le impactó ingresar en la repleta Bombonera: "Me acuerdo de que desde chiquito iba a ver a Boca. Ibamos en colectivo con mi viejo, tardábamos como una hora en llegar. Algunos dicen que con los años se te pasa el fanatismo, pero por ahora yo sigo igual. Hoy soy un profesional, pero antes que nada soy hincha de fútbol".
Sin embargo, el Turquito no se olvida de que en 1991, mientras era jugador libre, en las inferiores de Boca no lo tuvieron en cuenta: "Me entrené seis meses en el club pero no me ficharon". Atrás habían quedado dos años con más pena que gloria en el fútbol infantil de Atlanta. Enseguida llegó Platense: "Cacho Espina, el padre de Marcelo, dijo que me ficharan en la sexta división, jugué 16 partidos y me subieron a primera, donde al poco tiempo debuté".
Mauricio está por mudarse a Caballito, y con él se va a llevar a su familia. "El club me va a alquilar una casa. No es que me quiera ir de acá, lo que pasa es que como renuevo el contrato los dirigentes pretenden que esté más cerca del club y que me vaya a un lugar mejor.
"Pero esto no significa que desaparezca del barrio, es más, mi hermana y mi cuñado se quedan. Además, me encanta estar con esta gente, porque son igual a mí, me quieren y yo los quiero mucho. Me gusta jugar con los chicos, decirles que se dediquen al deporte. No quiero que alguno de los pibes de 11 o 12 años que hoy a la mañana estuvieron pateando conmigo, dentro de un tiempo estén drogándose en la calle. Yo nunca tuve ese tipo de problemas, pero sé que la realidad no es una Bombonera llena".
Los sueños no son un patrimonio único de los que pueden llegar a alcanzarlos. Incluso, dicen que cuanto más lejos se está de ellos, más se disfrutan cuando se concretan. Los de Mauricio Hanuch son cuatro, y bien definidos.



