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Sergio Vigil marginó a Jorge Lombi de la lista del Preolímpico de Auckland y con esa decisión terminó de quebrarse un endeble vínculo destinado a los cortocircuitos y el desentendimiento. En el certamen, que se jugará entre el 2 y el 10 de febrero próximos, y dará una plaza para los Juegos de Pekín, la selección masculina de hockey no tendrá a su carta brava para los córners cortos.
La separación definitiva entre el DT y el máximo goleador histórico viene antecedida por varios capítulos en los que abundaron los chisporroteos . El primer gran cisma se produjo en 2006, cuando Vigil prescindió del delantero para los dos compromisos grandes de la temporada, el Champions Trophy y el Mundial, a la búsqueda de una renovación en el plantel. "Me molesta que no haya visto mi trayectoria, me faltó el respeto", sentenció Lombi esa vez.
Los magros resultados del seleccionado en ambas citas y la necesidad de variantes favorecieron un acercamiento en 2007. Parecía una utopía, pero después de mucho hablar el regreso del artillero al equipo se volvió realidad en el Champions Challenge de Bélgica, a mediados de año. El desenlace no pudo haber sido mejor: Lombi anotó los tres goles que sirvieron para revertir el 0-2 en la final ante Nueva Zelanda y la Argentina consiguió el pasaje para el Champions Trophy 2008. El mismo día de los festejos, el atacante expuso su incomodidad: "En el torneo me sentí desaprovechado y en muchos casos fui reemplazado cuando no correspondía". Incluso deslizó que renunciaría al seleccionado tras los Juegos Panamericanos porque quería analizar su futura situación con el cuerpo técnico. Ante cada frase de Lombi, Vigil sólo contestó con indicaciones dentro del campo o a través de las convocatorias. Estuvo a punto de dejarlo afuera para la cita en Río de Janeiro; sobre la hora lo incluyó en la nómina aunque le recortó minutos en momentos decisivos de la final perdida con Canadá.
Sin margen para un nuevo acuerdo, DT y jugador van hoy por caminos separados. Para el Preolímpico, Cachito sólo quiere jugadores comprometidos con su idea, un grupo de camboyanos dispuestos a entregar hasta la última gota de sudor para obtener el preciado tesoro de la plaza olímpica. En tanto, Lombi sigue sintiendo que no se lo explota en la medida de sus pergaminos y no coincide con el esquema de juego.
En Auckland, el entrenador se juega nada menos que su continuidad al frente de los varones y lo hará prescindiendo de un definidor extraordinario, todavía vigente a los 36 años. La Argentina necesitaba de la complicidad de ambos, pero ya no será posible y entonces el seleccionado mismo se verá como el principal perjudicado.


