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Un nuevo San Lorenzo empezó a nacer. La goleada frente a Boca se construyó desde los pilares futbolísticos que su entrenador, Pablo Guede, no negocia. Por eso, la importancia de la forma en que se ganó, más allá del resultado. Acostumbrado a un estilo más conservador, con el sello de Bauza, la llegada del nuevo DT al Ciclón trajo un cambio de filosofía en el juego, una manera completamente distinta de entender el fútbol. Y, como todo cambio, al principio cuesta. La Supercopa, entonces, le sirvió al club para confirmarles a los hinchas y también a los jugadores que van por el buen camino. Resultó una inyección de convencimiento pleno en el comienzo del año.
Si se analizan los dos partidos recientes que San Lorenzo le ganó a Boca en los últimos tiempos, se encontrará con que se repiten varios jugadores en la formación, pero cambió el funcionamiento. Aquel de la Bombonera, en el que Mauro Matos aprovechó el error del pibe Rodrigo Bentancur, el equipo de Boedo jugó a defenderse los 90 minutos, construyó muy pocas llegadas de peligro, tuvo un nivel bajo de posesión de la pelota y lo terminó ganando de casualidad, sobre la hora, gracias al blooper del juvenil y la astucia de Matos.
Esta vez la historia fue distinta. No sólo porque en lugar de uno marcó cuatro tantos, sino también porque San Lorenzo fue el protagonista en varios tramos del partido. Entre los cambios, se destacan cinco que para Guede son palabra santa y que antes no existían para el Ciclón:
1- Juego por abajo y en velocidad. San Lorenzo fomenta la tenencia de la pelota. En el adn del equipo de Guede no se concibe jugar un partido donde el protagonista sea el rival. A su vez, les pide a sus futbolistas explosión en las transiciones defensa-ataque para sorprender. Y tienen, desde el arquero Torrico hasta la máxima referencia de área como Cauteruccio, la obligación de jugar con la pelota por el piso y utilizar el pelotazo como última opción. Tres de los cuatro goles llegaron de esa manera, con transiciones en velocidad, triangulaciones y juego asociado de una banda a la otra.
2- Presión alta. En este San Lorenzo, el que no corre no juega. Cada uno en su posición tiene la obligación de volverse insoportable para el rival. Un juego de roce al que los futbolistas de la parte ofensiva no están acostumbrados, pero lo intentan, a veces cometiendo foules infantiles, otras llegando a tiempo. Los dos argumentos fuertes que tiene Guede para obligar a sus jugadores a semejante sacrificio son que un robo en campo rival muchas veces termina en gol, y que cuanto antes se recupera la pelota y más se la posee, menos desgaste físico se termina sufriendo.
3- Laterales "brasileños". Emmanuel Mas, por la izquierda, y Julio Buffarini, por la derecha, juegan de laterales, volantes y extremos. De hecho, el primer golazo del Ciclón llegó por una asistencia en posición de wing que le dio Buffarini a Belluschi. En el único momento del partido contra Boca en el que los laterales eligieron cuándo proyectarse y no lo hicieron en todas las jugadas, fue cuando estuvieron en la cancha Carlos Tevez, Daniel Osvaldo y Andrés Chávez. Los tres delanteros obligaron a no dejar a los centrales solos, en inferioridad numérica, pero luego, cuando salió Chávez e ingresó Lodeiro, se soltaron un poco más.
4- La defensa, mano a mano. Los centrales que tiene el Ciclón están condenados a ser veloces y jugar bien con la pelota en los pies. Quien no tenga esas características no podrá ocupar ese lugar del campo de juego. Por la forma de atacar que tuvo el equipo de Guede contra Boca, Angeleri y Caruzzo quedaron en más de una ocasión mano a mano contra Tevez y Chávez. Favorecidos por las pocas ideas en ofensiva que tuvieron los xeneizes, los centrales sólo fallaron en algunos pelotazos, cuando calcularon mal el salto y la pelota les ganó las espaldas. Otra pieza clave en este andamiaje defensivo es el 5, puesto que ocupó Franco Mussis. El volante jugó sólo unos metros por delante de los centrales y fue la rueda de auxilio de todo el equipo.
5- Cambios pieza por pieza. Pablo Guede les pide a los jugadores que ataquen, y desde el banco, con los cambios, manda las mismas señales. En otro momento, tal vez los elegidos para entrar hubiesen sido Gonzalo Prósperi o Enzo Kalinski, de acuerdo con los futbolistas en ataque que había puesto Boca. Sin embargo, el nuevo DT eligió modificar pieza por pieza, con los ingresos de Nicolás Blandi, Pablo Barrientos y Leandro Romagnoli, y le dio resultado. Los tres goles del segundo tiempo vinieron desde el banco.


