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LAS VEGAS.– "Ojalá que no se pierda entre los gatos y el champagne", podía leerse en uno de los comentarios de YouTube, debajo del video con la performance debut de Sergio "Maravilla" Martínez ya no en un ring, sino en los estudios de "Bailando por un sueño". Aquel 12 de junio de 2012, el programa midió 43 puntos de rating y el boxeador lució más su carisma, vaya novedad, que el talento para bailar "Celebration".
Visto todo en perspectiva, aquel prejuicio que entonces sonaba razonable, hoy resulta inconsistente. Maravilla vive la vigilia de la pelea más importante de su vida en un sitio que hace aparecer a los estudios de Ideas del Sur como el más recoleto de los gimnasios: en el Wynn Hotel, a diferencia del tradicional MGM, no se respira boxeo. Maravilla sólo tiene que bajar 24 pisos por un ascensor para desembocar en un casino de luces y música incesantes, de sensaciones de noche permanente, de pasillos interminables que desembocan siempre en lugares donde divertirse. El punto es que, si baja, va directo al gimnasio, se sube a la cinta y corre sobre ella mientras mira imágenes de boxeo en su iPad.
El resto del tiempo lo pasa en la suite, un departamento de cuatro ambientes que también usa para hacer manopla con su entrenador, Pablo Sarmiento, mostrando una velocidad que hace que el movimiento de sus manos se pierda en el video casero que permite espiarlo. Todo lo que no sea original del cuarto es austero, como su casa en Oxnard. Llaman la atención, sí, cantidades industriales de fuentes con espárragos y de botellas de agua. Siempre cerca, lo asiste su doctora personal Raquel Bordons, que lo acompaña desde su lesión en el brazo izquierdo, tras la pelea con Darren Barker, mientras el resto del equipo deambula, o hace que deambula, por allí: Sampson Lewkowicz, su asesor, uruguayo de Nueva York, con cadenas de oro al cuello, y Lou DiBella, su manager, un promotor fuerte pero también independiente. Como le gusta a Maravilla.
El "team Martínez", como a él le gusta llamarlo, se completa con Miguel De Pablos, madrileño, de 37 años, su socio comercial, mano derecha "y la izquierda también". Nazeem Richardson, que estará especialmente para esta pelea como "controlador de vendaje" (una de sus especialidades), además de asesor de Sarmiento. Para la alimentación, confían ciegamente en el doctor Roger Anderson. Del resto, o sea casi todo, se ocupa su joven secretaria personal, Ana Georgina Baeza, que suele responder a veinte pedidos de entrevista por día. Nathan Lewkowicz, hijo de Sampson, la ayuda con la coordinación en los Estados Unidos.
Lo cierto es que aquello que, para muchos, iba a marcar el final de su carrera, no hizo más que definir un nuevo principio. Y no fue el "Bailando…", precisamente, sino otra actuación en un estudio de TV, donde demostró moverse tan cómodo como en un ring. El martes 2 de mayo se sentó frente a Alejandro Fantino y, a golpe de palabra, lo obligó a cambiar el formato de su programa, "Animales sueltos", lo llevó a rozar los 10 puntos de rating más allá de la medianoche, y se instaló definitivamente en el imaginario de los argentinos. Fue verlo (peinado y ropa cuidados, anteojos intelectuales sin aumento) y escucharlo ("Vamos, macho, la vida está para pelearla, no son sólo dos días, es mucho más: todo comienza con un sueño, por eso tienen que soñar en grande; hay que mirar lejos, yo miré Las Vegas desde Claypole, ¿sabes?", todo con acento argentino-español-inmigrante-latino-en-Estados-Unidos), para imaginar que allí se estaba gestando algo similar a lo que produce la selección argentina cuando llega el Mundial de fútbol: todos, o muchos, iban a querer estar cuando su sueño se cumpliera.
Para quienes pensaban que la maquinaria mediática se lo iba a tragar, tuvo una respuesta propia de su disciplina. ¿Cuándo participó por última vez del programa de Tinelli? El 29 de junio. ¿Para cuándo estaba pactada su pelea con Julio César Chávez Jr.? Para el 15 de septiembre. ¿Cuánto tiempo de dedicación exclusiva le da Maravilla a sus entrenamientos antes de sus dos peleas anuales? 9 semanas. No es necesario hacer cuentas, sólo escuchar cómo ha contado él su rutina de esos días: "Me levanto a las 4.15 los lunes, miércoles y viernes, y a las 4.25 los martes, jueves y sábados. Eso, las nueve semanas de preparación para el combate. El resto del año me entreno cinco horas por día y me cuido, como sano. Hago todo lo que tengo que hacer para ser el número uno. Soy un obsesivo". Con esa obsesión estudia a los rivales, hasta detectarle y memorizarse el más mínimo de los tics.
Para Miguel Díaz, argentino, viejo sabio del boxeo, residente en Las Vegas desde tiempos inmemoriales, entrenador y cutman de grandes estrellas (el preferido de Manny Pacquiao, por ejemplo), esa es la razón de la explosión de Martínez y no otra. Puramente boxística. "Mejor que los argentinos se atrevan a subir a un avión para venir hasta aquí para verlo, pero esta posibilidad se la ganó con las últimas peleas que hizo", afirma.
¿Cómo no escucharlo a él, que tanto sabe, y al mismo tiempo, cómo no prestarle atención a lo otro? Al fin y al cabo, todas las cosas suman para dar como resultado una gran definición del periodista especializado Carlos Irusta: "La gente habla más de él por sus anteojitos y su dicción que por sus peleas. Es como con Borges: hablan, pero no lo leen. En el ring también es atípico: un rival complicado para cualquiera".
Tal vez haya que marcar, entonces, en este viaje de Maravilla hacia el estrellato, un par de escalas fundamentales: de Atlantic City, el 20 de noviembre de 2010, notable nocaut ante Paul Williams, a los estudios de TV argentinos, para desembarcar finalmente aquí.
En el camino, toda la parafernalia lo acercó a la gente, pero no lo alejó del boxeo. Y un detalle: ha hablado mucho, Maravilla, pero sigue siendo un misterio. Una combinación irresistible.
LAS VEGAS (De un enviado especial).– Pablo Sarmiento también es un personaje. Cordobés de Las Varillas, igual que Maravilla habla con ese tono neutro que denota sus años de emigrante, primero en España y después en Estados Unidos. Siempre con Martínez, al punto que, cuando lo presentan, como en estos días lo hizo Lou DiBella, el representante, lo denomina el "brother" de Sergio. Su nombre y número de teléfono, y el de su hermano Gabriel, estaba en el papel que sobrevivió en el bolsillo de Maravilla, en su travesía hacia Europa, escapando de la crisis argentina de 2001. Desde entonces compartieron trabajo: en boxeo, pero también como custodios en boliches bailables de la zona de Guadalajara, en España.
De sombrerito negro y anteojos oscuros, dispara frases rústicas y duras, como cuando le dijo a Junior que Maravilla le iba a arrancar la cabeza. Pero cuando habla de la preparación de su pupilo, le salta la admiración: "Sí, está mejor preparado que nunca. Se lo vio muy motivado, ya hay algo personal en esto. Y se haya dicho lo que se haya dicho, a Sergio le vino muy bien entrar en el "Bailando por un sueño", porque eran seis o siete horas por día entrenando y entrenando. Cuando llegó al campamento, ya tenía un estado físico muy bueno. Le vino espectacular".
Desde hace un año, Maravilla Martínez tiene una sombra. Juan Pablo Cadaveira, un argentino de 40 años que hace 9 se instaló en Nueva York para estudiar cine, lo sigue por todos lados, filmando cada uno de sus pasos. Por supuesto, está en Las Vegas. Para enero de 2013 piensa tener listo un documental y uno de sus capítulos fundamentales será el combate que se vivirá por estas horas. Por eso preparó una cobertura especial, con cámaras no sólo aquí, sino también en Quilmes y en Madrid, los otros "lugares en el mundo" de Maravilla. Se jacta, con razón, de lo mismo que tantos periodistas especializados, aunque él no lo sea: "Lo sigo desde cuando nadie lo seguía".


