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Si bien el Olimpia de Oro cumple esta vez 50 años, la historia del Círculo de Periodistas Deportivos se retrotrae a 1941. Lejos de un mundo azotado por la Segunda Guerra Mundial, un grupo de periodistas chilenos, ya aglutinados en una organización similar, recorren América del Sur con el fin de darle un impulso continental a la idea que se había plasmado del otro lado de la Cordillera de los Andes. Fue el empuje que se necesitó para darle forma a los frustrados intentos de 1929 y 1937.
Y esa vez, la tercera, como señala el añejo dicho, fue la decisiva para la unión del periodismo deportivo, ocurrida el 24 de mayo de 1941. Eran los tiempos en los que Crítica, el diario de Natalio Botana, deslumbraba con los 100.000 ejemplares por día, en una Buenos Aires que bajo la presidencia de Roberto M. Ortiz también se informaba con LA NACION, La Prensa, El Mundo, La Razón y Noticias Gráficas; sin olvidar los días de radio, el cine y de información deportiva en El Gráfico, con la pluma de Ricardo Lorenzo (Borocotó), y La Cancha, conducida por José López Pájaro, padre del periodista Julio Ricardo.
Todos esos medios hablaban del deporte en un año en el que el seleccionado argentino obtiene el título en el Campeonato Sudamericano de Chile, nace la Máquina de River Plate, club que en esa temporada obtiene el cuarto título de la historia.
Pero esa comisión directiva que presidía Alfredo Rossi, Chantecler, –seudónimo con el que firmaba sus artículos, una costumbre que se mantuvo hasta hace unas décadas, con Alberto Laya, Olímpico, en las páginas de LA NACION– se abocó al trabajo de conseguir una casa propia. La velocidad no era una características de esos tiempos y esos periodistas que disfrutaban de la bohemia y de la noche porteña esperaron hasta 1954 para comprar el petit hotel de Rodríguez Peña 628, entre Tucumán y Viamonte, sede actual en la que también funciona la Escuela de Periodismo Deportivo.
Hasta entonces, se reunían en una oficina cedida por el Círculo de la Prensa y, en 1951, en una dependencia de la Confederación Argentina de Deportes. Pero esa adquisición no fue suficiente para aquellos emprendedores, sino el estímulo para la creación de un premio que desde hace medio siglo marca a fuego el cierre de deporte de cada año: el Olimpia, un galardón a la excelencia deportiva que no debía olvidar el camino y la hidalgúía con la que se había conseguido.
Por supuesto que no faltaron los debates para encontrarle un nombre a la estatuilla destinada para el “Festiva Homenaje al Deportista del Año”, según consta en las actas del Círculo de Periodistas Deportivos. Cuando la discusión estaba a punto de definirse entre “Palma deportiva” o “Victoria”, las denominaciones elegidas, surgió el nombre de Olimpia, el del valle griego en el que se disputaban los Juegos Olímpicos en la antigüedad, un período de tregua y deporte, que tienen como supuesta fecha de comienzo el 776 ac, con la victoria del cocinero Corebo de Elis, en la distancia de un estadio –192,27m– y como final el edicto del emperador romano Teodosio, en el año 393.
La comisión directiva aprobó el nombre y resolvió, asimismo, editar un “programa con avisos” para solventar parte de la fiesta que se realizó el 3 de diciembre de 1954, en el Luna Park.
Allí, el gran ídolo del automovilismo deportivo, Juan Manuel Fangio, recibió por primera vez el Olimpia de Oro en una noche en la que, además, actuaron Atahualpa Yupanqui, Juan Carlos Mareco, Elder Barber, Héctor Gagliardi, Fidel Pintos, Pedro Quartucci, Los Cinco Grandes del Buen Humor, Ubaldo Martínez y las orquestas de Mariano Mores, Aníbal Troilo y Juan D’Arienzo. Con un detalle adicional: para ver la entrega había que abonar una entrada de 8 pesos.
En esa noche, hace 50 años, nació el premio más importante del periodismo deportivo de nuestro país. Casi con el impulso de un sueño, la gran fiesta se puso en marcha. Y el Olimpia pasaba a ser otra costumbre de los argentinos.
Después de 1954, no hubo más ceremonias en el Luna Park hasta 1970. A partir de la segunda entrega del Olimpia de Oro, la fiesta se efectuó en la casona de Círculo de Periodistas Deportivos.
El motivo del regreso al Luna Park fue la creación de las ternas para los Olimpia de Plata, en 1970. Además del premio dorado para el deportista del año, se premió al mejor de cada disciplina.
En los dos años siguientes, los actos se efectuaron en el Centro Cultural General San Martín. Pero desde 1973, de nuevo en el Luna Park, se dio el punto de partida para una costumbre: las grandes comidas. El palacio de Corrientes y Bouchard fue escenario hasta 1978 y con posteriores entregas en 1981, 1982 y 1997; los estudios de Canal 11 abrieron sus puertas en 1979; el Teatro Presidente Alvear, en 1980; el restaurante Martín Fierro, en 1983 y 1984; el Sheraton Hotel, entre 1985 y 1994, además de 2002; el Teatro Coliseo, en 1995, 1996 y 1998; el Parque de la Cervecería Quilmes, en 1999 y 2000; el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo, en 2001, y el Hilton Hotel, en 2003 y en la entrega que se realizará hoy.
Es una de las grandes preguntas que se suele hacer la mayoría de la gente: ¿cómo se elige el mejor deportista del año?
Desde varios meses antes de la entrega, el Círculo de Periodistas Deportivos consulta a sus asociados, cronistas de todas las disciplinas, entrenadores y dirigentes para confeccionar las ternas de las cuales surgirán los ganadores del Olimpia de Plata, elegidos por los votos de los socios de la entidad; durante el día de la ceremonia, la comisión directiva del Círculo se reúne para efectuar la votación decisiva, pues entre los 42 vencedores se elige a la personalidad deportiva del año.
En ese sentido, el reglamento del Olimpia señala que para ser aspirante al premio, “deberá haber cumplido una actuación relevante en su especialidad, dentro del año en que se realice la entrega”. Además, se establece que es necesario “un comportamiento ejemplar dentro y fuera del escenario en que desempeñen su actividad”.
La votación es realizada con el sistema olímpico: se eligen varios nombres entre los Olimpia de Plata y, luego, se realizan las votaciones: en la primera quedan tres nombres; entre ellos, luego se eligen a los dos con más votos, del cuál surgirá el deportista del año.
En el repaso histórico de este medio siglo de premiación a los mejores del deporte argentino, no puede olvidarse a quienes le dieron vida desde la locución a las noches de los Olimpia.
La ceremonia inaugural, en 1954, más allá del notable espectáculo artístico, entregó una conducción compartida por Antonio Carrizo, Félix Daniel Frascara, Alfredo Aróstegui, Jorge Paz, Tito Martínez, Washington Rivera, Juancito Montes, Agustín Reyes, Angelito Rojas y Armando Puricelli.
Pero desde 1955 y hasta fines de los 80, el Olimpia tuvo un hombre que marcó a fuego con su estilo de animación: Leopoldo Costa, la “Voz de Platino”, un apodo que, debido a su prolongada continuidad como conductor de la fiesta, se le agregó el de la “Voz de los Olimpia”.
Pero por el escenario también pasaron otros nombres relevantes de la radio y la televisión argentina: además de Carrizo, también condujeron la fiesta Guillermo Brizuela Méndez, Jorge “Cacho” Fontana, Liliana López Foresi, Julio Lagos, el de mayor conducción después de Costa, Enrique Wolff, Fernando Bravo, Enrique Sacco, Alejandro Fantino, Sergio Goycochea y Gustavo López.
Una vez tomada la decisión de crear el premio, la comisión directiva del Círculo de Periodistas Deportivos les encargó a José R. López Pájaro y Félix Daniel Frascara la misión de hallar un orfebre que diseñe el premio.
Alguien les pasó el dato de un taller antiguo en Liniers, cercan a la cancha de Vélez, que era propierdad de Mario Chiérico, el hombre que tiempo antes había realizad el monumento en homenaje al piloto Eusebio Marcilla, el Caballero del Camino, el hombre que socorrió a Juan Manuel Fangio y Daniel Urrutia, en la famosa Buenos Aires-Caracas, en 1948, fallecido en la Vuelta de Santa Fe de 1953.
López Pájaro y Frascara hablaron con Chiérico, un ex estudiante del colegio industrial Otto Krause, que, además, de haber seguido los pasos de su padre como escultor, también trabajó como tipógrafo en una imprenta y como periodista en El Sol, de Quilmes, La Gaceta, de Tucumán, La Razón y Pregón.
Chiérico entendió el mensaje y diseñó la estatuilla de 37 centímetros y de 3kg200, que tiene un valor de 350 pesos en el caso de las de plata y de $ 450, en el de la de oro.
Tiempo después, Chiérico, que durante años armó artesanalmente las estatuillas, donó la matriz original del premio al Círculo de Periodistas Deportivos, que guarda con orgullo esa pieza que representa de un modo cabal el sentimiento de gloria que aflora de un deportista. Una obra maestra que simbliza al deporte argentino desde hace más de cinco décadas.
Más allá del Olimpia, el corazón del Círculo de Periodistas Deportivos late durante gran parte del año con las vivencias de la Escuela Superior de Periodismo Deportivo José López Pájaro, que funciona en Rodríguez Peña 628 desde 1960 y que se convirtió en la primera en el país que entregó títulos oficiales en esta especialidad.
En la actualidad, la Escuela cuenta con ochenta vacantes para cada turno (mañana, tarde y noche) y la condición de ingreso es tener los estudios secundarios completos.




